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Cibeles: si me queréis irse

El nulo consumo del prêt-à-porter en España obliga a los jóvenes creadores de moda a exportar para sobrevivir

  • Maya Hansen presentó ayer  su primera colección con los mayores de Cibeles, en la que destacaron, cómo no, sus corsés, que llevaban incluso pelo en los laterales
    Maya Hansen presentó ayer su primera colección con los mayores de Cibeles, en la que destacaron, cómo no, sus corsés, que llevaban incluso pelo en los laterales

Tiempo de lectura 4 min.

19 de septiembre de 2011. 01:08h

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19/9/2011

«Si me queréis, irse. Por favor, si me queréis, marcharse». Repetía Lola Flores en la boda de su hija. Oráculo cibelino. Para sobrevivir del hilo y la aguja, hay que coger las maletas y buscar a la clienta fuera. Que aquí el pret-à-porter –como el cariño verdadero, que cantaba Manolo– ni se compra ni se vende. Todos y cada uno de los creadores que ayer desfilaron –todos jóvenes, con talento, maña y Pyme a la espalda– se han visto ahogados por la crisis hasta que optaron por romper fronteras.  «De las casi 2.000 prendas que he vendido entre julio y agosto, apenas un centenar se han comprado en España», sentenciaba Ana Locking, que ha visto en Emiratos Árabes y Nueva York –vende en los populares almacenes Century 21– un filón para su negocio.

Precisamente reflexionaba sobre este asunto en su colección de los trasfondos oscuros del mundo de la moda, «como todo lo que se escondía detrás de la aparente vida feliz de Laura Palmer en Twin Peaks». No se crean que lo dice como una «indignada» de Sol. Ella es coherente. «La creación necesita del dinero y viceversa, como los insectos de las flores». De ahí que en sus estampados liberty en degradé aparezcan rosas y escarbajos. De ahí también esa coraza que forma en vestidos a través de siluetas redondeadas, mangas caídas… Mientras a Ana le quede el ingenio, saldrá adelante aunque le piquen mil libélulas.

«Como contemos sólo las ventas de España, malo», repite Amaya Arzuaga que lo vende todo fuera, vía París. Además de presentar su colección «deluxe» junto al Sena, en diciembre entrará en la Cámara de la Moda francesa. Ahí es «ná». Madrid dejó ayer AA, una segunda línea menos voluminosa con dos toques de distinción: los minivestidos en seda metalizada y los claveles en los corpiños a través de pliegues rizados en microtafetán.

En esta carrera por buscar nuevos puertos, Elisa Palomino desmontaba a toda prisa ayer el chiringuito en Ifema porque el martes se estrena en la Fashion Week de Londres. «Me invitaron y no podía decir que no», apunta con ese aire tímido ante un triunfo en sí mismo, como su colección, donde alardea de volúmenes ligeros en plisados, en los vestidos mantón en crep, en los estampados fotográficos de flores y bordados formando pagodas.

Las prendas de los Ailanto se venderán a Anthropology, otra cadena norteamericana de vanguardia. Allí se comercializarán los estampados «chic» vistos en Madrid inspirados en vidrieras art decó y los shorts de lino con acabado en caucho que en pasarela y en la calle parecen piel. Otro que prepara desembarco en Manhattan es Juanjo Oliva. «Nos apetece ir allí porque tienen menos prejuicios. En París no hay sitio para más, nos ven como algo periférico y de alguna manera llevan razón». Si maneja bien los contactos, no le tendría que ir mal. Sobre todo si va por delante con los vestidos años 30 con sutiles encajes, drapeados y hombros destacados que regaló ayer al personal. Elegancia supina en blancos, negros y rosa flamenco. Alta costura en el desfile más corto del certamen. Que lo bueno buenísimo, si breve…

A Maya Hansen le queda todavía para mirar fuera, aunque ella, después de vestir a Lady Gaga ya ha tenido un eco que no esperaba a través de sus corsés que ayer se mostraron a pelo, trenzado en los corpiños y suelto en los zapatos. «Quiero ir poco a poco. Tengo dos personas en el taller y nos ha costado Dios y ayuda llegar hasta aquí. Sé que tengo que adaptarme y crecer», dijo tras presentar su primera colección con los mayores de Cibeles. La música heavy era lo único que se salía de tono en un Lemoniez acertado en la elección de su pantone: tanto en las faldas de tweed de algodón en semiañil y chocolate.  Sobraba el print triangular que repitió una y otra vez, como también se podía haber ahorrado Ion Fiz el vestido de novia. Por lo demás el vasco hizo un interesante trabajo con la tela de saco, especialmente en un minivestido donde aparecía deslavazado. ¿Lo mejor de Ion? El hombre, tanto los pantalones pesqueros con fajín como los cortos en crudo con rayas.

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