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Javier González Ferrari / Presidente de Onda Cero

González Ferrari: «Hoy el golpe sería ciencia ficción»

Sólo el programa que dirigía consiguió retransmitir todo el asalto al Congreso durante más de 17 horas

  • González Ferrari: «Hoy el golpe sería ciencia ficción»
    González Ferrari: «Hoy el golpe sería ciencia ficción»
  • Javier González Ferrari, en los estudios de la Cadena SER, donde retransmitió el 23-F
    Javier González Ferrari, en los estudios de la Cadena SER, donde retransmitió el 23-F

Tiempo de lectura 4 min.

23 de febrero de 2011. 01:51h

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23/2/2011

MADRID- Ahogó el primer bostezo en el café y salió presuroso de casa. El frío de la mañana le ayudó a despejarse. La noche anterior había salido con el equipo y le dieron las 3 de la mañana. Apretó el paso. No todos los días te concede la caja de ahorros tu primera hipoteca, pero no había tiempo para celebraciones.

Javier González Ferrari era redactor jefe de la Cadena SER aquel 23 de febrero de 1981, y a las 11:30 ya estaba en la pecera  de la emisora. Leopoldo Calvo-Sotelo iba a ser investido presidente. «La votación era un auténtico coñazo», cuenta el actual presidente de Onda Cero. Nadando en el mar de teletipos le explicaba a José Joaquín Iriarte el  traslado  al nuevo hogar. El periodista Rafael Luis Díaz retransmitía en directo la votación. «Entra un guardia civil, dos guardias civiles, un teniente coronel, tiene una pistola... No podemos seguir, cuidado, la Policía», recuerda Ferrari las últimas palabras de Díaz. «Dios mío, si hoy me han dado el crédito para la casa», fue lo primero que vino a su cabeza. Él, a diferencia de los demás, no pensó que fuera un atentado de ETA. «España olía a golpe de Estado», afirma.

-La descomposición de UCD, el precio del petróleo,  ETA,  la  organización territorial... Para los militares apestaba.
-Efectivamente. En plena transición democrática, fueron los años de hierro. Nos desayunábamos un atentado todos los días.  Esto producía un malestar general en el Ejército.  Pero también, el acoso periodístico contra Suárez fue tremebundo. A principios de febrero,  los Reyes visitaron la Casa de Juntas de Guernica. Cuando el Rey empezó a hablar los electores de Herri Batasuna levantaron el puño y cantaron el «Eusko Gudiarak». Uno  me lanzó un leñazo que me comí el micrófono. El 23-F se veía venir.

-¿Cómo se vivió el golpe en la cadena a micro cerrado?
-Con mucho miedo. Si aquello hubiera salido adelante... Piensa que algunos periodistas estábamos muy significados, y yo encima trabajaba en la SER. Tras 40 años de dictadura, España era un país muy aislado, la reacción de la embajada norteamericana fue muy tibia y las demás cancillerías tampoco se mojaron hasta que se aclararon las cosas. En mi mente todo fueron sucesiones rápidas, pensé que mi hijo ya habría vuelto de la guardería y en mi mujer embarazada. No pude avisar, no existían los teléfonos móviles. Pero no podía moverme de allí.

«Supe mantener la templanza»
-No lo hizo. 17 horas y media al frente de la retransmisión.

-Sin duda el mejor día de mi vida laboral. Supe lo que era mantener la templanza delante de un micrófono. Eso sí, a Fernando Ónega (director de Informativos) le dije que si entraba un militar en la pecera yo me callaba. No tenía ningún espíritu heroico con un hijo en camino.

-Milans del Bosch prohibió la emisión de los medios de comunicación. Sin embargo,  la SER fue la única cadena que consiguió retransmitir el asalto entero.
-Las dos únicas cadenas eran Radio Nacional y la SER. Lo demás eran emisoras. La nuestra se llamaba Radio Madrid, y yo creo que se equivocaron con La voz de Madrid, porque dejaron de transmitir para poner el Himno Nacional. Fueron unas horas de una tensión tremenda, en cualquier momento aparecería un militar. Resistimos porque estábamos tan metidos en el trabajo que no te queda más remedio que aislar el miedo. Las señales que recibíamos del Congreso las pasamos a un estudio de grabación, gracias a un técnico maravilloso, Emilio Labarrieta, que en exteriores conseguía una conexión con un cable de teléfono. Interrumpíamos la conexión  para sacar trocitos de  que nos parecían interesantes.

- Y todo porque los guardas civiles no se percataron de que un micrófono quedó abierto.
-Estaban obsesionados con la imagen, no querían cámaras. No dijimos que el micro seguía abierto en antena, lógicamente. Aún recuerdo aquella unidad móvil, un Seat 1430 color granate con una antena arriba pequeñita. Todos sabían que vivíamos un momento histórico, hasta José María García, que era periodista deportivo, fue allí a retransmitir. Y cómo cerró Fernando Ónega: «Buenos días, libertad».

- ¿Qué le llamó más la atención de lo que vivieron sus compañeros en el Congreso?
-Eso de la Memoria Histórica... Una cosa es la memoria, y otra la historia. La historia son hechos. Quizá yo también la distorsione, pero lo que más recuerdo fueron los tres meses de juicio en Campamento. Los familiares nos insultaban: «Tú eres un rojo, te vas a enterar». Cuando uno de los defensores preguntó a Saénz de Santamaría, pegó dos puñetazos en la mesa, Milans se levantó y dijo: «Esto me da náuseas. Siento asco. Me voy». Y se fue. El único que permanecía impasible fue Tejero. Ni se volvió a mirarnos.

- En vez de rememorar aniversarios , ¿alguna vez sabremos lo que sucedió realmente?
-Los que tienen que hablar no hablan. Tejero lo contará en sus memorias. Pero será su versión. ¿Quién tiene las claves? No lo sé.

- Avanzados tecnológicamente, ¿cómo se viviría ahora el golpe?
- Puedes quitar internet en Egipto, Libia, pero en España no se cortarían las comunicaciones. Sería difícil. Hoy, con perspectiva, todo sería ciencia ficción.


España no quería eso, quería libertad
Javier González Ferrari (Madrid, 13 de agosto de 1952) llegó a la Cadena SER en 1975, llegando a ser redactor jefe.  Fue director de Radio Nacional y director general de Radio Televisión Española, de la que se fue para presidir Onda Cero. Actualmente, afirma que de triunfar el golpe no hubiera durado una nueva dictadura. «España no quería eso. Todos ansiábamos la libertad, queríamos ser como el resto de países europeos. Seríamos una república bananera».

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