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Guerra también en Navidad

Tiempo de lectura 4 min.

28 de diciembre de 2010. 21:03h

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29/12/2010

Las informaciones facilitadas por el Ministerio de Defensa sobre la situación de nuestras tropas en Afganistán suelen dirigirse a reforzar la imagen de misión humanitaria que conviene políticamente al Gobierno. Lo habitual, salvo incidentes con heridos de por medio, es que el departamento de Carme Chacón traslade a la opinión pública española el reparto de ayuda humanitaria en Qala-i-Now, o que nuestro contingente enseña español a alumnas afganas o cómo «los militares españoles potencian el papel de la mujer» en aquella sociedad. El pasado domingo, por ejemplo, Defensa informó de que el Ejército repartía en la base de Herat juguetes, ropa, calzado y productos de droguería entre la población más desfavorecida del país, con fotografías incluidas. Cualquiera debería concluir, de acuerdo con las notas del Ministerio, que las tropas españolas cumplen una misión benéfica y pacífica y que el día a día transcurre con absoluta calma y tranquilidad. El problema de esta absurda política de comunicación de Defensa es que todo eso es falso y que se perjudica la imagen de los militares hasta casi ningunear el esfuerzo, el sacrificio y el riesgo de los soldados que cumplen misión en aquellas tierras. No entendemos, ni por supuesto compartimos, la sistemática ocultación de una misión de guerra, con todas las penalidades y circunstancias que plantea y también con sus éxitos, ni por qué se priva a los militares del reconocimiento público a su excepcional trabajo en Afganistán.

LA RAZÓN publica hoy un álbum fotográfico de las navidades en el país asiático, que muestra cómo los soldados españoles, además de repartir juguetes y ropa, desarrollan sus misiones en trincheras y puestos de vigilancia. Porque la hostilidad es importante y son muchos los ataques que padecen, prácticamente todos ellos silenciados por Defensa. Según adelanta nuestro periódico en exclusiva, al menos 21 acciones de envergadura contra nuestro contingente que se produjeron en septiembre y octubre, pasaron sin pena ni gloria para el Ministerio. Como decíamos, esta política de censurar la comunicación no es nueva, sino que es una práctica habitual, si se quiere más hiriente en fechas en las que, según Defensa, el contingente pareciera que disfruta de unas vacaciones navideñas cuando en realidad se juegan la vida en cualquier curva o esquina. Ya publicamos en junio que los soldados españoles habían sufrido al menos 60 ataques desde mediados de abril hasta finales de mayo que se habían tapado. Defensa ocultó también que dos compañías de la Brigada Paracaidista repelieron el 25 de agosto sendos ataques de los talibán, el mismo día en que un terrorista mató a dos oficiales de la Guardia Civil y a su intérprete en la base de Qala-i-Now.

Defensa no puede seguir hurtando a la ciudadanía los hechos de Afganistán que afectan a nuestros soldados. La sociedad tiene el derecho de conocer la verdad y, el Gobierno, el deber de comunicársela. Por su parte, los militares  se merecen que sus compatriotas sepamos y  valoremos las circunstancias esenciales de su misión en un escenario bélico tan lejano, pero en el que luchan por la seguridad y la libertad de todos nosotros.

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