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Libertad amenazada por Eugenio NASARRE GOICOECHEA

Tiempo de lectura 2 min.

15 de diciembre de 2010. 23:22h

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15/12/2010

Roosevelt, en su famoso discurso sobre el estado de la Unión de enero de 1941, proclamó como las bases de una comunidad internacional liberada de los totalitarismos las que se han llamado  «las cuatro libertades»: la libertad de palabra, la libertad de religión, la libertad frente al temor y la libertad frente a la miseria. Casi en sus propios términos las «cuatro libertades», en cuanto pilares del ideal común de la «familia humana», fueron incorporadas al Preámbulo de la Declaración Universal  de los Derechos Humanos de 1948.
En nuestros días la libertad de religión está gravemente  amenazada en amplias zonas del mundo, especialmente en los países islámicos. No se trata ya de fenómenos aislados de intolerancia, sino de ataques sistemáticos contra las minorías religiosas, particularmente las comunidades cristianas. Bernard-Henry Lévy ha escrito: «Los cristianos constituyen hoy, a escala planetaria, la comunidad más constantemente, violentamente e impunemente perseguida». Las violencias, coacciones, intimidaciones, discriminaciones, castigos penales y ataques a los lugares sagrados se suceden con creciente intensidad.
¿Y qué hace Occidente ante esta dramática realidad? Nos llegan, sí, los episodios más crueles de esta vulneración sistemática de la libertad religiosa. Pero sobre el fondo de esta realidad, que afecta a millones de personas,  se alza  como un muro de silencio. Da la impresión de que si amplios sectores en nuestras democracias hubieran dejado de considerar  la libertad religiosa como un «bien precioso» para cualquier sociedad.
Si la libertad religiosa se está  conculcando en amplias partes del mundo, está amenazada en todo el mundo.
Las democracias no pueden desentenderse y abdicar de su responsabilidad, ya que la libertad de creencias, como el resto de las libertades, no puede tener fronteras. Nos concierne a todos. Porque los fenómenos de intolerancia y la pretensión de expulsar a la religión del espacio público se viven, también,  en la sociedad occidental.
Hoy los obispos de Bagdad y de Mosul estarán en Madrid, entre nosotros. Es buena ocasión para expresarles nuestra solidaridad y afirmar que es la hora de la defensa activa de la libertad religiosa.


Eugenio NASARRE GOICOECHEA

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