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Los pendientes suecos de Genoveva 90000 euros por Jesús Mariñas

  • Genoveva, con Gonzalo Vargas Llosa en los Nobel
    Genoveva, con Gonzalo Vargas Llosa en los Nobel

Tiempo de lectura 2 min.

12 de diciembre de 2010. 21:29h

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13/12/2010

Está en el ojo del huracán. Tema de suma y sigue que aumentará cuando el miércoles las revistas difundan los diferentes y carísimos atuendos desplegados por Genoveva Casanova en los festejos del Nobel Vargas Llosa. Contrastó con la prudencia casi modesta del resto de familiares o acompañantes; sólo Patricia Llosa recurrió a un Óscar de la Renta para la gran gala en la que compartió homenaje con su esposo desde hace ya 45 años. Otro récord, éste de supervivencia. Una hermosa, romántica y hoy irrepetible historia de un gran amor con devoción recíproca. Mario no tuvo que fabular, es real.

«Habrás exagerado al fijar en doscientos mil euros el monto de su equipaje, no es posible para tan sólo cinco días», me objetan, ignorando que la ex condesa de Salvatierra usó aquello como podio reivindicativo. Fue una exaltación personal junto al posible suegro y su hijo Gonzalo, al que conoció en faenas solidarias. ¿Exageración?: tras los 42.000 de las cuatro pieles de Miguel Marinero, exhaustivamente lucidas en cenas y citas sociales, y los modelos Dior, Chanel, Azzaro o CH., fabricado en Orense, la rubia mexicana echó el resto. Llegó a Madrid con el tiempo justo para enlazar hacia Estocolmo. No salió de Barajas, pero hace veinte días que había elegido, cuando hizo el «spot» anticelulítico que estrena esta tarde. El joyero Chocrón aportó lo último de su colección privada, todo carísimo, como los impactantes pendientes de un rubí con forma de lágrima y orla de diamantes. Cada piedra pesa siete quilates y cuesta 90.000 euros, que combinó con una sortija  con rubí de tres quilates valorada en 19.000. Además, llevó un brazalete de la colección «romantic», con siete quilates en brillantes, de 11.000 euros. Luego tuvo problemas para quitárselo al enredarse la cadena de seguridad, que acabó rota.

Tornó victoriosa, sus ojos azules relucían ante lo conseguido: sobresalir por encima de todos. Para ella era cuestión de darle en la cara a quienes lo atribuían todo al título condal vinculado a la Casa de Alba. Había algo más que eso, la protección de la suegra Cayetana o el interesado cariño del grupito «qué pereza», donde campan Paloma Cuevas o Lidia Bosch, entre otras como Carolina Adriana. Todo mujeres de armas tomar. Y, ahora que lo pienso, Paloma es la primera vez que no figura en la lista de elegantes del «¡Hola!», ¡y son 16! Curioso, tras la muerte de Eduardo Sánchez Junco. Da qué pensar.
 

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