FC Barcelona

París

Y dale con el himno

La Razón
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En Australia, con motivo de la final de Copa Davis de 2003, recibieron a Ferrero, Moyá, Corretja y Feliciano con el himno de Riego. Como a José Luis Rodríguez Zapatero, cuatro años después, en Chile. En Portugal, Joan Laporta retiró del campo a un equipo de benjamines del Barça cuando sonaba el himno español; sí, el constitucional. Al presidente del COE, Alejandro Blanco, le arruinaron la idea de poner una letra al himno nacional diferente de la que escribió José María Pemán, por la filtración de uno de los jurados. En la última final de Copa, el instante en que sonaba el himno, pitado por aficionados del Bar-ça y del Athletic, desapareció de pantalla tras un cúmulo de errores que sirvió a TVE para purgar a varios profesionales. Y ayer, en París, cuando Alberto Contador se disponía a vivir uno de los momentos más intensos de su carrera, alguien pinchó el himno danés. ¡Qué guasa tienen los franceses! Por las victorias de Nadal en Roland Garros y los triunfos españoles en el Tour, los más recientes en los últimos tres años –a Pereiro le hurtó la gloria Landis en 2006–, tendrían que saberse nuestro himno de carrerilla. Y estar agradecidos a Fernando Alonso, en particular, y a los españoles, en general, por la cantidad de veces que se ha escuchado La Marsellesa cada vez que Renault, el equipo pierde tuercas, ha ganado con el asturiano en Fórmula Uno. Pues no; a Contador, incrédulo y asombrado en el podio, le cambiaron el himno. Alberto se lo dijo a Hinault, «que éste no es el mío», e Hinault se disculpó: «Lo hemos perdido». Pero lo encontraron y lo reprodujeron, pasado de revoluciones, cuando el Astana, de Kazajistán, recibía los honores del equipo más destacado, que no más unido. Ni a Carlos Sastre, que salió en la contrarreloj de Mónaco sin el «maillot» amarillo, le hicieron una faena semejante. Sería conveniente que alguien, no sé si Moratinos, pusiera orden en esto del himno.