Internacional

El secreto a voces del filtrador del «Ucraniagate»

Los republicanos apuntan hacia Eric Ciaramella, un agente de la CIA de 33 años en el Consejo de Seguridad Nacional, y exigen que testifique

Es un mantra. Lo repite el presidente, lo subrayan los congresistas republicanos, lo amplifican los comentaristas afines. Todos quieren conocer la identidad del confidente. El nombre de quien colocó un marcapasos de dinamita en Washington desde el que denunció las conversaciones de Donald Trump con el presidente de Ucrania, Vladimir Zelenski.

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Pero la identidad del «whistleblower», del hombre que según la Enciclopedia Británica es un «un individuo que, sin autorización, revela información privada o clasificada sobre una organización, generalmente relacionada con una mala conducta», ya circula libre por los mentideros. Se trata, aseguran, de Eric Ciaramella, agente de la CIA de 33 años, al cargo de la sección de Rusia y Ucrania en el Consejo de Seguridad Nacional.

El primero en atreverse a decirlo ha sido el senador republicano Rand Paul, que insiste en que «Eric Ciaramella necesita que le dejen testificar. Es una persona de interés, en el sentido de que estaba en la mesa de Ucrania cuando Joe Biden estaba allí y Hunter Biden estaba trabajando para los oligarcas de Kiev. La otra cuestión es: si bien el confidente está protegido de ser despedido o de represalias en los procedimientos judiciales, no lo está de que se le pregunte respecto a quién le dio el información, porque no podemos tener un país donde el contenido privado de las llamadas telefónicas del presidente se filtre a personas que no deberían estar en ese círculo».

El mismo día en que Paul galopaba por encima de todos los controles conocidos para la protección del «whistleblower», el congresista republicano Jim Jordan acusaba al presidente del Comité de Inteligencia, Adam Schiff, de que solo él, «de los 435 miembros del Congreso, sabe quién es esa persona». De paso solicitaba votar para pedir que el confidente testifique. «Nos gustaría tener esa oportunidad», señaló, «¿Podríamos votarlo hoy?». Schiff lo acusó de mentir. Reiteró que no conoce la identidad. Subrayó su «compromiso para que su identidad esté protegida».

El mismo día, justo antes de dar por concluida la primera y dramática vista pública del proceso político, Schiff insistió en que «algunos de mis colegas han repetido que me he reunido con el denunciante. Era mentira la primera vez que lo dijeron. Era mentira la segunda y la cuadragésima vez que lo han dicho. Y será mentira la próxima vez», insistió.

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En cuanto a Ciaramella, pronto ha trascendido que fue captado por la CIA mientras estudiaba en Harvard y que quizás el entonces director de la agencia, John Brennan, que sirvió con Barack Obama, lo habría favorecido personalmente. Al menos eso ha explicado un ex agente de la CIA en One America News.

Brad Johnson, veterano de la Agencia Central de Inteligencia y presidente de Americans for Intelligence Reform, ha puesto en solfa que Ciaramella sea un verdadero confidente, por cuanto cuestiona las actuaciones de alguien en otra rama del Gobierno, y sobre todo estima que lo ha hecho por animadversión a Trump y para tratar de proteger los intereses de Joe Biden.

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Johnson también sostiene que Ciaramella era conocido en sus días como estudiante por su perfil de izquierdista radical y sus simpatías proislamistas. Todo esto, su testimonio sobre la llamada del 25 de julio entre Trump y Zelenksi, estima el ex agente, no es sino un aparatoso montaje para que la opinión pública no pregunte y los tribunales y el Congreso no examinen las andanzas del hijo de Biden.

El pasado viernes, recién publicados los tuits en los que poco menos que se vanagloriaba de haber criticado a una embajadora de EE UU cuando conversó con un gobernante extranjero, Trump comentó en el «Dan Bongino show» que «todos en Washington saben quién es. El confidente no es un gran secreto. Pero Trump y la mayoría de los medios tienen bastante cuidado en no revelar la identidad, protegida por las leyes federales.