La inestabilidad política de Libia deja espacio al EI para reagruparse

El país magrebí es uno de los ejes principales de las futuras operaciones del Estado Islámico, orientado a compensar la pérdida de terreno en Siria

¿Por qué el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, abrió el jueves el camino para la intervención militar directa en Libia, anunciando una votación parlamentaria a principios de enero sobre el envío de tropas para apoyar al gobierno de Trípoli respaldado por la ONU contra el general Jalifa Haftar? Instructores, equipos y fuerzas especiales turcas ya están operando en Libia junto a milicias progubernamentales. Erdogan asegura que Turquía también estaría dispuesta a enviar asistencia aérea y naval si las circunstancias lo requirieran.

Enviar tropas turcas complicará la situación en un país ya frágil, desgarrado por la disidencia interna desde el derrocamiento y asesinato del dictador Muammar Gaddafi en 2011. El mapa de la intervención extranjera en Libia es importante: en el este del país, hay fuerzas de Arabia Saudita y Egipto que apoyan al general Haftar, el separatista que dirige el Ejército Nacional de Libia, que no es el ejército oficial del país.

En contra de ellos están Turquía y Qatar, que apoyan al gobierno reconocido encabezado por Fayez al-Sarraj, pero que no cuenta con el apoyo de la legislatura. Luego está Rusia. Ha enviado fuerzas de la milicia conocida como el Grupo Wagner, que ha llevado a cabo operaciones en Siria, está operando en varios países africanos, y apoya y ayuda a las fuerzas de Hifter.

Francia se ha unido al grupo de países que apoyan al general rebelde, mientras que Italia respalda al gobierno reconocido de Sarraj.Como lo ha hecho en Siria, Estados Unidos se abstiene hasta ahora de cualquier intervención, aferrándose a la posición de observador externo listo para ofrecer asesoramiento y asistencia diplomática para resolver la crisis libia. Turquía, que firmó un acuerdo militar y económico con el gobierno libio en noviembre, podría privar a Grecia y los grecochipriotas de grandes extensiones de sus áreas de exploración de petróleo y gas y obligar a Egipto e Israel a negociar con Turquía sobre la instalación de tuberías de gas natural en Europa.

Libia es ahora uno de los ejes principales de las futuras operaciones del Estado Islámico, orientado a compensar la pérdida de terreno en Siria. El EI en Libia financia sus actividades a través del robo, el secuestro por rescate, la extorsión de ciudadanos libios y el tráfico transfronterizo de armas y otros productos. El diario tunecino “Al-Chourouk” citó declaraciones de Ahmad al-Mesmari, un portavoz de las fuerzas con base en el este de Libia, en las que afirmó que había “líneas abiertas” para proporcionar armas y combatientes desde Turquía y Malta al gobierno con sede en Trípoli.

El embajador turco en Túnez, Omer Faruk Dogan, lo ha negado.El impacto que la crisis libia ha tenido en sus vecinos es significativo y de gran alcance. Egipto, un importante receptor de asistencia militar y económica de los Estados Unidos, no puede permitirse un desbordamiento de la inseguridad de Libia. Y el movimiento de migrantes a través de África hacia Egipto y Libia y hacia Europa es una preocupación importante para los países del sur del Mediterráneo.

Los tunecinos constituyen uno de los mayores grupos de combatientes extranjeros en Irak y Siria, y la inseguridad en Libia ofrece un refugio seguro para los extremistas que podrían buscar fomentar el radicalismo en la vecina Túnez. La amenaza planteada por los extremistas en Libia y Túnez no es una que los europeos puedan ignorar, como lo demuestra el ataque a turistas británicos en Susa y el ataque más reciente del tunecino Anis Amri en Berlín.