Una bomba de relojería en Oriente Medio

La muerte de Suleimani a manos de Estados Unidos inaugura una nueva etapa en las relaciones entre Irán y la Administración norteamericana

El ataque aéreo estadounidense que mató a Qassim Suleimani, comandante de las fuerzas iraníes, en Bagdad (Irak) el pasado 2 de enero abrió una nueva fase en las relaciones ya tensas entre la Administración Trump e Irán. Suleimani era el principal comandante de seguridad e inteligencia y estaba planeando ataques contra estadounidenses en toda la región. Con su asesinato el futuro del acuerdo nuclear con Irán parece sombrío, aunque estaba casi moribundo desde mayo de 2018, cuando Trump anunció la retirada de Estados Unidos. Europa, Rusia, China y, en parte, también Irán se mantuvieron fieles al acuerdo, pero EE UU introdujo una política de máxima presión e impuso fuertes sanciones contra los sectores financieros y petroleros iraníes.

Inmediatamente después del asesinato de Suleimani, el líder supremo iraní, Alí Jamenei ha prometido venganza. El Parlamento iraquí, por su parte, se puso de inmediato del lado de Irán y ha solicitado la retirada de los 6.000 miembros de las tropas norteamericanas desplazadas en Irak, como parte de la coalición anti-Estado Islámico. Cualquier suspensión a largo plazo de las operaciones occidentales en Irak podría tener consecuencias dramáticas en la lucha contra el Estado Islámico, ya que Irak se ha convertido en un campo de batalla para el grupo terrorista.

El grupo libanés Hezbolá también ha amenazado a Estados Unidos, de hecho, su líder Hasan Nasrallah declaró públicamente que cada soldado estadounidense, que se encuentre en suelo islámico se convertiría en un objetivo justo para su organización. Esto demuestra que Hezbolá está tratando de jugar un papel en la region en la defensa de la «ummah», la comunidad musulmana global, protegiéndola de la interferencia militar estadounidense.

La respuesta de Irán al conflicto podría no ser inmediata, pero llegará, y las consecuencias son impredecibles. Esa respuesta, probablemente, se desarrollará a nivel regional, con Irán llevando a cabo acciones directas contra los intereses estadounidenses o financiando, apoyando e incitando a las milicias y grupos anti estadounidenses a una guerra contra el «imperialismo occidental». La situación podría, incluso, derivar en un conflicto regional, con la participación de Líbano, Siria, Arabia Saudí, Israel y otros actores clave, incluida Rusia, como un mediador potencial, hecho puede desestabilizar aún más un frágil Oriente Medio. Todavía no se sabe cómo responderá Irán al llamamiento a la moderación por parte de los países europeos, después de los ataques de Estados Unidos, ni la respuesta a las llamadas de represalia de Hezbolá, aunque el futuro no parece muy esperanzador.

En su lucha contra el terrorismo internacional y por acaparar el poder geopolítico de la región, Trump puede haber transformado Oriente Medio en una auténtica bomba de relojería.