Nueva York echa el cierre

Uno de cada cinco estadounidenses, obligado a quedarse en casa. Los casos en EE UU han pasado de 7.500 a más de 15.000 en apenas 24 horas

New York Stock Exchange coronavirus reaction
Un broker con mascarilla en la sesión de la Bolsa de Nueva York de este viernesJUSTIN LANEEFE

15.650 casos en el momento de escribir estas líneas. 202 muertos. Últimas cifras de una epidemia que crece de forma explosiva en EE UU y que de momento ya tiene a uno de cinco estadounidenses obligado a permanecer en casa. El primer gran estado en cerrarse fue California, donde el pasado jueves el gobernador, Gavin Newsom, decretó el encierro de sus 40 millones de habitantes excepto para los trabajadores de servicios considerados como esenciales, de la sanidad a la Policía y de los restaurantes, que solo pueden repartir comida a domicilio, a los supermercados y los bancos. Unos días antes la ciudad de San Francisco y la zona de la Bahía había adoptado medidas similares.

El siguiente ha sido Nueva York, que por boca del gobernador Andrew Cuomo confirmaba que el estado ha sido capaz de multiplicar los tests, más de 10.000 en las últimas 24 horas, al tiempo que asumió el apagón del estado. Una medida contra la que se ha resistido durante días y que le había llevado a contradecir públicamente al alcalde de Nueva York, Bill de Blasio, cuando advirtió el miércoles de que el cierre ya no era descartable. De hecho, hasta esta semana solo los más ricos tenían acceso a las pruebas inmediatamente, y el estado solo podía realizarlas a unas 500 personas.

De hecho, la pelea entre Cuomo y de Blasio ha sido dramática. El primero priorizaba salvar la economía mientras que el segundo, una vez que cedió en el cierre de los colegios, parece haber asumido que la pandemia obliga a tomar medidas absolutamente radicales, potencialmente generadoras de una crisis económica sin precedentes. Hasta el punto de que la Casa Blanca estaría pidiendo a los estados que no adelanten todavía las cifras de parados, que se prevén dramáticas, así como la explosiva multiplicación en el número de solicitantes de ayudas públicas. Los mercados están pendientes de estas cifras.

En Nueva York, entre tanto, y a partir del domingo, todos los empleados de aquellos negocios que no sean considerados esenciales tendrán que quedarse en sus casas. Por esenciales las autoridades agrupan los servicios de emergencia, reponedores y distribuidores de comida, etc. El transporte público sigue abierto, de momento. La orden, obligatoria para 19 millones de personas, contradice de forma radical las declaraciones del propio Cuomo, que hace apenas 48 horas sostenía que en Nueva York nadie vería un cierre similar al de San Francisco.

Ahora, en cambio, anuncia multas draconianas a los negocios que abran. No se trata de un toque de queda, eso sí. «Las palabras son importantes», sostiene, y los toques de queda, de momento, quedan circunscritos a una situación de ataque terrorista o similares. Pero tampoco hablamos ya de una recomendación o un pliego de sugerencias.

La recesión que viene

Cuomo, consciente de la brutal disrupción económica, asume que las medidas «provocarán el cierre de negocios. Causarán que los empleados se queden en casa. Entiendo eso. Causarán mucha infelicidad. También lo entiendo». En una declaración repetida ad nauseam por todos los medios, con toda la gravedad propia de una crisis de magnitud desconocida, añadió que acepta la responsabilidad, el malestar, las imprecaciones y quejas. «Si alguien es infeliz, si alguien quiere culpar a alguien, o quejarse de alguien, que me culpe a mí. No hay nadie más responsable de esta decisión». apuntó.

En Nueva York los casos no dejan de crecer, son ya más de 7.000, y lo peor está por llegar. De hecho el alcalde De Blasio avisa de que la ciudad tiene material sanitario para aguantar dos semanas. Cuomo admite que en estos momentos los respiradores, de los que faltan no menos de 15.000 en la ciudad, son algo así como los misiles durante la II Guerra Mundial.

También faltan 25 millones de batas quirúrgicas y 50 millones de máscaras. En una declaración de una gravedad inaudita De Blasio sentenció este jueves que «el destino de la ciudad de Nueva York está en manos de un hombre. Un neoyorquino. Y en este momento, está traicionando a la ciudad de la que proviene». «Es inmoral», añadió, «que nuestro presidente no haya ordenado una movilización total del Ejército».