Trump activa las devoluciones en caliente con México

El Gobierno de EE UU acelera las expulsiones de inmigrantes y avanza en un sistema más estricto con la crisis del Covid-19 de fondo

La Guardia Fronteriza de EE UU detiene a varios sospechosos de cruzar ilegalmente Río Grande para entrar en territorio americano
La Guardia Fronteriza de EE UU detiene a varios sospechosos de cruzar ilegalmente Río Grande para entrar en territorio americano

El Gobierno de Estados Unidos ha incrementado en las últimas semanas el ritmo de deportaciones inmediatas que invalida el sistema de asilo y protección a migrantes. En las últimas tres semanas Washington ha expulsado a México a más de 10.000 migrantes que intentaron acceder al país de forma ilegal, en un tiempo récord saltándose los procesos legales y sin tener en cuenta la situación de los que llegan a su frontera huyendo de la violencia y pueden aspirar al estatus de refugiados. Según los expertos, el presidente Trump está avanzando en un sistema migratorio más estricto y discriminatorio, un modelo que ha querido implantar desde que llegó a la Casa Blanca.

Según el diario «The Washington Post», desde el 21 de marzo Estados Unidos ha enviado de vuelta a México de forma exprés, a más de 10.000 migrantes que intentaron acceder ilegalmente amparado en una declaración de emergencia que ha permitido a la patrulla fronteriza sortear las leyes de inmigración, según dijeron funcionarios de este cuerpo al rotativo.

Este paquete de medidas, anunciado el 20 de marzo por el presidente Donald Trump, permite a los agentes estadounidense expulsar rápidamente a los migrantes y evita el procedimiento habitual mediante el cual los que cruzan de forma ilegal son enviados temporalmente a centros de detención. Trump justificó sus medidas en la necesidad de parar la expansión del coronavirus y de «proteger la vida, la salud y la seguridad del pueblo estadounidense». Desde entonces se ha desplomado el número de retenidos y según fuentes de la aduanas apenas un centenar permanecen bajo custodia de los agentes fronterizos, muy por debajo de los 20.000 que había en la misma fecha del año pasado, cuando las llegadas a la frontera estadounidense se dispararon hasta niveles históricos empujados por las políticas de puertas abiertas del presidente de México, Andrés Manuel López Obrador.

Ahora las llegadas han caído abruptamente hasta el nivel más bajo en décadas, según el comisionado de la patrulla fronteriza, Mark Morgan, que citó un descenso del 56% en los cruces ilegales desde que se implementan las expulsiones rápidas. A pesar de las críticas de legisladores del Partido Demócrata, que acusan a la Administración Trump de abuso de autoridad, Morgan defiende las medidas de emergencia como un paso necesario para detener al virus. «No se trata de inmigración sino de salud pública. Se trata de aplicar medidas agresivas de mitigación y contención», dijo. Estados Unidos es ya el país con más muertos y contagiados, con más de 20.000 fallecidos y medio millón de casos confirmados.

Aunque Trump ha utilizado el argumento de la protección de la salud pública, las medidas implementadas en plena crisis del coronavirus suponen un paso más en las restricciones a la migración que el mandatario ha querido imponer desde que llegó a la Casa Blanca. Siempre se ha mostrado contrario a que los migrantes puedan permanecer en territorio estadounidense mientras se resuelven sus casos como dictan las leyes internacionales de asilo y el año pasado zanjó la crisis migratoria que saturó la frontera sur obligando a México a un acuerdo para que los aspirantes a refugiados esperen en suelo mexicano la audiencia con el juez que suele tardar meses. Los migrantes esperan en ciudades fronterizas muy violentas donde los albergues están saturados con frecuencia. Jackeline Reyes y su hija de 15 años fueron rechazadas por un agente fronterizo pocos días después de que entraran en vigor las nuevas medidas, según contaron a la agencia AP. No les permitieron explicar los motivos que les llevaron a abandonar Honduras. «El agente nos habló sobre el virus y que no podíamos seguir adelante, pero no nos dejó ni siquiera hablar», dijo la mujer de 35 años, que ahora está atrapada en México al igual que muchos otros expulsados. Quiere regresar a su país, donde hace poco asesinaron a su hermano, pero las fronteras de Centroamérica están cerradas por la pandemia.

Las nuevas medidas se saltan las garantías que otorgan las leyes estadounidenses de migración, calificadas por Trump como «las peores del mundo» por demasiado permisivas y lo sustituyen por un modelo más estricto acorde con las preferencias del presidente. «Lo que está ocurriendo en la frontera es una tragedia», dijo al Washington Post la abogada especializada en migración Kari Hong, de la escuela de Derecho del Boston College y señaló que Estados Unidos está abandonando «su compromiso legal de proporcionar asilo a personas cuyas vidas están en peligro en otros países». Según Hong, la Administración Trump está utilizando la crisis generada por el Covid para hacer «lo que siempre han querido hacer, acabar con la ley de asilo por completo». «Es la peor coyuntura migratoria de la región en muchos años, la más excluyente, la más discriminatoria desde Estados Unidos hasta Honduras”, dijo Tonatiuh Guillén, excomisionado del Instituto Nacional de Migración de México.