Navega el Atlántico para felicitar a su padre

Con el cierre de los aeropuertos, un argentino residente en Madeira opta por su velero para poder reunirse con su familia en Mar del Plata. Una odisea de 85 días en solitario

Desde que terminó el estado de alarma hemos podido por fin desplazarnos para ver a nuestros padres y familiares. Han sido unas emotivas reuniones que en algunas casas se han sentido como si fueran Navidades. Con todo, son muchos los reencuentros que aún no han tenido lugar, pues el viaje no se puede hacer debido a la distancia, o a que las autoridades de un país aquejado por el coronavirus aún no han abierto sus fronteras.

Viendo como el mundo se aislaba cada vez más, el cierre masivo de aeropuertos y la incertidumbre causada por la pandemia, Juan Manuel Ballestero decidió emprender una larga travesía para visitar a sus padres. Este argentino de 47 años residía en el archipiélago de Madeira, mientras que sus padres en su ciudad natal, Mar del Plata. Así que el 24 de marzo zarpó del puerto de Porto Santo, ya que la única manera que tenía de intentar llegar hasta sus «viejos» desde un Portugal blindado por la covid-19 era navegando.

Sus amigos intentaron disuadirle de la peligrosa singladura, «una locura». Pero Ballestero preparó su velero «Skua» y partió en solitario rumbo al este de Argentina. Casi 9.000 kilómetros y un solo fin: volver a abrazar a su familia.

Con las cartas náuticas sobre la mesa, trazó una ruta arriesgada. Se perdería el 90º cumpleaños de su padre, pero podría estar allí para el día del padre, que en Argentina se celebra el 21 de junio, junto a él, su madre Nilda, de 82 años, y sus hermanos.

Eso sí, no programó escalas que pudieran demorarle. Con el coronavirus acechando, este aventurero, que también es socorrista, surfista, buzo, parapentista y patrón de vela y motor, desconocía qué medidas o restricciones podría encontrar en los distintos puertos de cada nación. Por lo que optó por el rumbo de mayor riesgo alejándose de las costas, aunque evitando también las rutas de los grandes buques mercantes.

Acompañado de las olas, el viento, el cielo estrellado, alguna que otra manada de delfines y dos golondrinas negras, Ballestero ha estado casi tres meses sin noticias del exterior. Sí que tuvo que hacer una parada por problemas técnicos en Porto Belo, en Santa Catarina, Brasil, después de las fisuras en el casco y la falta de combustible. «Cuando atravesé el Ecuador me quedé siete días varado. Eso fue fuerte para mí y para la psiquis. Perdí el control absoluto porque no podía ir a ningún lado. Frente a Brasil también tuve viento extremo y tuve que parar para arreglar el barco», contó a Radio Mitre.

Después de 85 días en mar abierto, Ballestero arribó a Mar del Plata el 17 de junio.

Una vez allí tuvo que someterse a las pruebas de coronavirus y permanecer dos días más dentro de su velero amarrado en el Club Náutico hasta que le dieron los resultados. Con el negativo en la mano, las autoridades argentinas le permitieron pasar la cuarentena obligatoria de 14 días ya en casa de sus padres.

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Misión cumplida! La fe cruza oceanos

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«Misión cumplida. La fe cruza océanos», escribió orgulloso el propio Ballestero en su perfil de Instagram para atesorar el feliz encuentro con su padre Carlos, de 90 años y también marinero.