Un 11-S bajo la sombra de la covid y las elecciones de noviembre

Ambos candidatos se desplazan a Shanksville, Pensilvania, pero evitan coincidir

Todos recordamos dónde estábamos y qué hacíamos en esos momentos. Tal día como hoy hace 19 años la ciudad de Nueva York se convertía en el blanco del mayor ataque terrorista de la historia de EEUU, que dejaba un balance de 3.000 estadounidenses muertos en su propio país y más de 6.000 heridos, sin contar con familiares, amigos y testigos de la tragedia que todavía hoy lo recuerdan como si fuera ayer.

La gran amenaza a la que se enfrentaba el mundo fue durante años el terrorismo. Ahora, casi dos décadas después, esa amenaza todavía persiste pero los desafíos parecen ser otros. Los efectos de la pandemia de coronavirus y su rápido impacto en todos los países ha saturado por primera vez los sistemas sanitarios y paralizado de golpe la economía global, obligando a establecer una nueva normalidad cuyas consecuencias aún resultan imposibles de predecir.

“En 2001, nuestra Nación, unida bajo Dios, hizo una promesa inquebrantable de nunca olvidar a los casi 3.000 estadounidenses inocentes que fueron asesinados sin sentido el 11 de septiembre”, dijo Trump en un acto conmemorativo junto a la primera dama. “En este día sagrado, el Día de los Patriotas, honramos solemnemente ese compromiso. Mientras suenan las campanas, llamamos por su nombre a los que murieron en los ataques terroristas en Nueva York; Arlington, Virginia; y Shanksville, Pensilvania”, añadió Trump.

Las banderas de los edificios oficiales del país ondeaban a media asta como recuerdo a las víctimas, recordadas cada aniversario en diversos actos conmemorativos desde emblemáticos lugares, como la zona 0 de los atentados, el Pentágono o el Congreso de EEUU. Pero este año los eventos se han visto empañados por el brote de una pandemia que sigue atraviesa el país, reduciendo al límite las convocatorias e innovando con la difusión de mensajes en vídeo para evitar la participación presencial.

El candidato demócrata a la presidencia de EEUU, Joe Biden, coincidía con el vicepresidente Mike Pence en la ciudad de Nueva York. En la agenda de los dos candidatos a la presidencia, demócrata y republicano, también destacaba Shanksville. En esta población de Pensilvania, estado considerado clave en las elecciones de noviembre por su ajustado resultado en los votos, se estrelló uno de los cuatro aviones secuestrados por Al Qaeda con 44 personas a bordo en 2001. Trump acudía por la mañana junto a Melania a los actos organizados en la localidad, situada a 500 km de Nueva York, mientras Biden lo hacía por la tarde.

Esta semana también se cumplen 6 meses desde que el virus de COVID-19 entrara con fuerza por el continente americano y el presidente Donald Trump se viera obligado a declarar la Emergencia Nacional por coronavirus el pasado 13 de marzo. Medio año después, mil estadounidenses siguen muriendo al día por los efectos de la pandemia y otros 20.000 son diagnosticados cada 24 horas.

La cifra de 3.000 personas asesinadas en los atentados del 11S resulta casi simbólica al lado de las más de 192.000 víctimas mortales que el brote de COVID19 ha provocado, por ahora, en todo el país. Con casi 6 millones y medio de infectados, EEUU lidera el ránking de los países más afectados del mundo por la pandemia de coronavirus.

Y no es la única amenaza a la que se enfrenta la humanidad en general y EEUU en particular. Los avances tecnológicos han generado nuevos escenarios de riesgo, protagonizados por los ataques cibernéticos. Las elecciones presidenciales se han convertido, en los últimos años, en el objetivo principal de hackers que buscan interferir en los procesos electorales para condicionar los resultados y favorecer al candidato que consideran más afín a sus intereses.

Sucedió en las presidenciales de 2016 donde pudo demostrarse meses después que hubo injerencia rusa para perjudicar a la candidata demócrata, Hillary Clinton, y ayudar a Trump a ganar las elecciones. Los riesgos de nueva interferencia se ha multiplicado desde entonces, añadiendo a la lista de posibles amenazas, junto a Rusia, otros países como China e Irán.

De hecho, las cuentas personales de correo electrónico del ex vicepresidente Joe Biden y otros miembros de la campaña demócrata han sido atacadas por piratas informáticos chinos e iraníes, según una evaluación detallada por Microsoft esta semana. Conclusiones que contradicen la narrativa de Trump de que China se estaría entrometiendo en los próximos comicios en su contra para ayudar a Biden a ganar y justificar así una posible derrota.

Aunque los expertos en seguridad cibernética creen que Rusia sigue planteando una amenaza todavía mayor de cara al 3 de noviembre. Según la investigación de la empresa estadounidense, piratas de inteligencia rusos habrían estado atacando las cuentas de políticos estadounidenses, consultores y funcionarios de la campaña de ambos partidos.

En apenas dos semanas, del 18 de agosto al 3 de septiembre de este año, esa invasión cibernética se habría llevado a cabo sobre 6.912 cuentas de email de 28 distintas organizaciones, asegura Microsoft.