Las bazas de Putin y Lukashenko en la partida de la crisis bielorrusa

Moscú quiere aprovechar la debilidad del régimen bielorruso para aumentar su influencia en este país y avanzar en el proyecto del “estado unitario”

La reunión de este lunes entre Vladimir Putin y Alexander Lukashenko en Sochi se produce después de un mes de protestas en las calles de muchas ciudades de Bielorrusia para pedir la salida del presidente tras unas elecciones consideradas fraudulentas. Lukashenko, históricamente, ha navegado acercándose a Rusia y a Europa en función de su conveniencia y del momento político. Teme una influencia rusa en exceso, pero la situación política interna le ha dejado en un momento de gran vulnerabilidad así percibida por su vecino ruso. Estas son las claves del encuentro que pretende redefinir las relaciones entre ambos países.

Unificación de Rusia y Bielorrusia

Vladimir Putin sueña con unificar los dos países, para ello ha tratado de seducir a Lukashenko con ayuda militar y económica. Hace 22 años los dos países (en plena era Yeltsin) crearon un “Estado unitario” que vincula sus economías y fuerzas armadas (preveía una moneda común), pero que se fue diluyendo con el paso del tiempo. El Kremlin ha presionado para lograr una integración más estrecha. Cabe recordar que Bielorrusia, un estado exsoviético situado entre Rusia y la Unión Europea, ha confiado durante años en Moscú para conseguir petróleo y préstamos baratos. Históricamente, los rusos y los bielorrusos han mantenido buenas relaciones y los miembros de la oposición dicen que las protestas no están dirigidas contra Rusia.

Envío de fuerzas especiales

La reunión entre ambos líderes coincide con el inicio de maniobras militares conjuntas en Bielorrusia bautizadas con el nombre de “Fraternidad eslava”, dirigidas a reforzar la colaboración en materia de terrorismo. Putin ha detectado la debilidad del gobierno de Lukashenko y una de las propuestas sobre la mesa es el envío de fuerzas especiales para tratar de controlar la situación después de más de un mes de protestas que han puesto contra las cuerdas al régimen. Paradójicamente, Lukashenko denunció antes de las elecciones de agosto que Moscú había intentado perjudicarle por medio de una conspiración que consistía en el envío de un contingente de 33 combatientes del grupo mercenario ruso Wagner enviado a Bielorrusia. Al ver cómo la población se sublevaba, Lukashenko se olvidó de la supuesta conspiración rusa y se acercó a Putin, deseoso de encontrar un protector.

Ayuda económica y acuerdo energético

Moscú puede ofrecer a Minsk el refinanciamiento de la deuda contraida, unos 850 millones de euros, y acuerdos energéticos para reabastecer al país con el gas y el petróleo rusos. Rusia se negó el año pasado a reestructurar la deuda y rechazó la bajada del precio de los carburantes, piezas esenciales en la política económica de Minsk. Además, impuso embargos a algunos productos bielorrusos. En el pasado, el Kremlin presionó a Lukashenko para que éste accediera a privatizar empresas clave en favor de las grandes corporaciones rusas, algo a lo que se negó. Ahora, esta demanda podría estar de nuevo sobre la mesa.

Reconocimiento de Crimea

Lukashenko y Putin han mantenido una complicada relación hasta ahora. El líder bielorruso no ha sido ni mucho menos el perro faldero del inquilino del Kremlin. Más bien al contrario, ha logrado frenar los intentos rusos de aumentar su influencia en el país vecino. Minsk, por ejemplo, no reconoció la anexión de Crimea por parte de Rusia en 2014. También criticó en su día la participación de Moscú en las tensiones separatistas del este de Ucrania. Por si fuera poco, Lukashenko se ha acercado en varias ocasiones a los rivales de Putin, ya sea Estados Unidos o la Unión Europea. Si ahora el bielorruso quiere la ayuda del Kremlin, tendrá que hacer concesiones, y una de ellas sería reconocer Crimea como territorio ruso.