Putin sale al rescate de Lukashenko con un crédito de 1.500 millones

El presidente ruso apuntala a su socio bielorruso, arrinconado por las protestas

El presidente bielorruso, Alexander Lukashenko, llegó ayer en su avión oficial a la ciudad rusa de Sochi todavía con las protestas callejeras candentes, tras otro domingo de manifestaciones por todo el país. El balance de participantes volvió a sobrepasar los 100.000 y el de los detenidos fue de 774, según el Ministerio del Interior bielorruso.

Con los objetivos de medio mundo fijados en Bielorrusia y el comienzo de las sanciones, ya en marcha por parte de varios países, Lukashenko parece haberse quedado solo en su particular lucha contra la castigada oposición, cuyo poder de convocatoria no ha menguado tras cinco semanas de protestas. Pero allí estaba Vladímir Putin, homólogo, amigo y único apoyo con el que ha contado el presidente bielorruso desde que empezara la crisis en su país, el pasado nueve de agosto, cuando su Comisión Electoral Central publicaba unos resultados electorales, que hasta a él debieron parecerle exagerados.

Echando la vista atrás, lejos quedaron aquellos días en los que Bielorrusia se dejaba querer por la Unión Europea, renegando de Moscú. Atrás quedaron las acusaciones del presidente Lukashenko al Gobierno ruso de injerencia cuando el Servicio de Seguridad bielorruso (todavía llamado KGB) detuvo a un contingente de 33 mercenarios perteneciente al grupo de combatientes Wagner, que según Minsk, había sido enviado por el Kremlin para desestabilizar las elecciones presidenciales. A fin de cuentas, fue Putin el primero en olvidar esa desconfianza hacia su país descolgando el teléfono para felicitar a Lukashenko cuando medio mundo denunciaba el pucherazo del eterno presidente para no ceder el poder.

El reencuentro entre ambos líderes comenzó con el deseo de Putin de que la crisis Bielorrusia se solucione dentro del país por las partes implicadas y sin injerencias internacionales. «Abogamos por que los bielorrusos por sí mismos, sin sugerencias ni presión desde fuera, resuelvan esta situación tranquilamente a través del diálogo y elaboren una solución conjunta», afirmó el jefe del Kremlin, seguro de que esta situación tiene fecha de caducidad. Mientras, el presidente bielorruso denunciaba que a 15 kilómetros de la frontera de su país Estados Unidos ha desplegado su Ejército, lo que ha provocado la respuesta del gobierno bielorruso movilizando sus tropas en la región de Grodno, que limita con Lituania y Polonia. Putin anunció que el Ejército ruso, recién llegado a territorio bielorruso, iniciará las maniobras antiterroristas «Fraternidad Eslava», de las que Serbia se descolgó en el último momento, «por presiones europeas».

El presidente Putin se mostró partidario de la reforma constitucional en Bielorrusia propuesta por Lukashenko como una solución al convulso panorama que vive el país. «Conocemos su propuesta de comenzar el trabajo sobre la Constitución: considero que es lógico, oportuno y conveniente», dijo el premier ruso, «convencido de que considerando su experiencia (...) se hará trabajo en este sentido al más alto nivel y permitirá el desarrollo del sistema político del país para alcanzar nuevas alturas».

Lukashenko, por su parte, no dejó escapar la oportunidad de agradecer a Putin y al pueblo ruso el apoyo recibido desde que empezaran las movilizaciones en su país. «Usted actuó de manera muy decente. Los amigos se reconocen en la desgracia», expresó casi emocionado. Aunque el verdadero apoyo de Rusia al país vecino se materializó con la concesión de un crédito por valor de 1.500 millones de dólares, ya acordada durante la visita del primer ministro ruso, Mijail Mishustin a Minsk la semana pasada, «para afrontar este difícil momento», según palabras de Putin, que remarcó que su país es el mayor inversor en Bielorrusia.

Asimismo, el presidente ruso recordó la construcción en Bielorrusia por parte de la compañía estatal rusa Rosatom de la que será primera central nuclear del país, cuyo presupuesto superará los 10.000 millones de dólares y que funcionará a pleno rendimiento en 2022. Ambos mandatarios han abogado por estrechar aún más sus lazos comerciales, muy resentidos desde la llegada de la pandemia del nuevo coronavirus, anunciando a su vez el acuerdo entre los ministerios de Sanidad de ambos países para el envío de la vacuna rusa contra la covid-19 a Bielorrusia. Rusia fue el primer país en anunciar que tenía ya el antídoto.

Tijanovskaya o la presidenta en el exilio

Desde Lituania, la líder opositora en el exilio, Svetlana Tijanovskaya, avisaba al presidente ruso de que todos los acuerdos firmados con Lukashenko carecerán de valor y serán revisados por las autoridades democráticas del país.

Tijanovskaya ha reiterado en varias ocasiones que ella fue la ganadora de las elecciones del 9 de agosto, por tanto la única presidenta democrática del país.