Cuál es la posición de la UE en la guerra comercial entre China y Estados Unidos

Bruselas, que mira a Pekín con recelo y le pide que abra sus mercados, tiene una ventana de oportunidades tras el enfrentamiento comercial entre ambas potencias

Estados Unidos y China siguen enfrascados en una guerra comercial que está teniendo consecuencias a nivel gobal y especialmente en la Unión Europea, el principal mercado del mundo.

El 30% del PIB de la UE proviene del comercio exterior. Estados Unidos es el principal destino de sus exportaciones, mientras que China es el primer país de importación. Esto hace que el club comunitario sea más vulnerable ante una posible enfriamiento de alguna de estas dos economías y también ante cualquier daño derivado de una guerra comercial.

También es cierto que el recrudecimiento de un enfrentamiento comercial entre EE UU y China podría abrir una ventana de oportunidades en Europa gracias a una redistribución del flujo de comercio. Si EE UU y China suben los aranceles de sus productos, ambos países podrían buscar en Europa un vía alternativa con la que aprovisionarse. De hecho varios países de la UE han aumentado sus exportaciones a Estados Unidos gracias a la reducción de las importaciones estadounidenses desde China.

Históricamente Europa y Estados Unidos han sido socios estrechos y confiables, pero en los últimos años, antes incluso de la llegada de Donald Trump al poder, algunos elementos de esa relación comenzaron a erosionarse. El proteccionismo que emana de la Casa Blanca y los ataques del dirigente norteamericano en el seno de la OTAN a los socios europeos desgastaron más esa confianza. Bruselas ha respondido con cautela, pero aprendió la lección. Merkel dijo hace tiempo que EE UU había dejado de ser un socio fiable.

La relación de la UE con China tiene otras derivadas. Pekín quiere ganar mercados y socios comerciales vía terrestre y marítima en todo el mundo con la llamada Belt and Road Initiative, la nueva ruta de la seda. Bruselas ve en China un rival comercial pero también un socio estratégico fundamental en asuntos clave como la lucha contra el cambio climático.

En el terreno económico, la UE pide al gigante asiático que abra sus mercados a los productos europeos y prácticas de competencia leal, así como desmantelar las barreras a la inversión y disminuir el papel de las empresas estatales y el apoyo económico del Estado a las empresas privadas, considerado por los analistas una de las claves del éxito chino. Para Pekín, el acuerdo de Inversiones, que lleva meses de retraso, es el proyecto de política económica más importante, pero Ursula von der Leyen ha advertido de que "no habrá acuerdo si no hay avances sustanciales”.

En algunos sectores Europa no está respondiendo como un solo actor sino que cada país ha dado su propia respuesta. Por ejemplo Reino Unido (que ya no es socio de la UE) y Francia han decidido dejar fuera de sus redes los equipos del fabricante de telecomunicaciones Huawei hasta 2027 y 2028, en buena medida una decisión adoptada por las presiones de Estados Unidos, que defiende que Huawei puede espiar o sabotear la infraestructura.

También hay implicaciones políticas. Bruselas ha pedido a su competidor oriental un mayor respeto por los derechos humanos, un tema en la agenda que podría estar perdiendo fuelle ya que Alemania prioriza los objetivos económicos y comerciales con China, donde su potente industria podría aumentar las exportaciones en el futuro.

En Bruselas se identifica a China como un sistema rival que promueve modelos alternativos de gobernanza. En junio, el presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, afirmó en un comunicado tras un encuentro virtual con Xi Jinping que “tenemos que reconocer que no compartimos los mismos valores, sistemas políticos o enfoques sobre multilateralismo. Nos comprometeremos con una visión clara y asertiva a defender enérgicamente los intereses de la UE y nos mantendremos firmes en nuestros valores”. El alto representante de política exterior de la UE, Josep Borell, dijo hace unos meses que Europa había sido “un poco ingenua” en sus relaciones con China, pero que ahora se está adoptando un enfoque más realista.