Trump reanuda una caótica campaña

Desde el balcón de la Casa Blanca, el presidente dirige a sus seguidores un discurso de ley y orden sin disipar las dudas sobre su salud

Donald Trump, diagnosticado con coronavirus el viernes de la semana pasada, retomó ayer su agenda con un discurso que los medios estadounidenses calificaron de tétrico. Fue un «déja vu» de sus mejores días, incluida la toma de posesión de hace cuatro años. Entonces habló de un país asolado por el vandalismo y el crimen, con las instituciones corroídas de nepotismo, Washington transformado en pantano y los jueces, los medios de comunicación y las élites políticas, intelectuales y económicas consagradas a sacar adelante una agenda de corte globalista a la que no interesan las necesidades de la clase trabajadora estadounidense.

«Me siento muy bien», arrancó su discurso desde el balcón de la residencia presidencial, mientras los asistentes, en su mayoría jóvenes con camiseta azules y gorras rojas, lo aplaudían y coreaban «cuatro años más".

Ayer, mientras el país supera por tercer día consecutivo la onerosa cifra de los 50.000 contagios, el presidente de Estados Unidos habló de sus rivales en términos claramente derogatorios.

Si el Partido Demócrata y Joe Biden ganan las elecciones, la nación caerá víctima de una ola de anarquía. La Policía será abolida y el crimen pastoteará las calles del país.

Ley y orden

En su intervención, de poco más de quince minutos, aseguró que el encuentro fue convocado en «apoyo a los increíbles hombres y mujeres de las fuerzas del orden», pero que también lo dedicó a la comunidad afroamericana e hispana. «Quiero agradecerles a todos por sus oraciones», afirmó el mandatario, de cuya condición no se ha informado este sábado.

«Estamos empezando muy en grande con nuestros mitines», agregó emocionado, y declaró que no puede permitir que EE UU «se convierta en socialista».

En cuanto al virus, insistió en que Estados Unidos logrará derrotarlo y añadió que «estamos produciendo terapias y medicamentos poderosos y estamos curando a los enfermos y nos vamos a recuperar y la vacuna está saliendo muy, muy rápidamente». Apenas tres días antes, en vísperas del debate entre el vicepresidente Mike Pence y la senadora Kamala Harrys, grabó un vídeo insólito, donde hasta en tres ocasiones afirmó que su contagio había sido una bendición de Dios, se refirió a los tratamientos experimentales que recibió como curas y sostuvo que el Ejército está listo para distribuirlos.

Por más que la FDR todavía no los ha aprobado. Lo que no comentó fue que uno de los modelos matemáticos que usa la Casa Blanca para auscultar la evolución del virus predice otras 285.000 muertes antes de que acabe enero de 2020. Con lo que el número de fallecimientos se elevaría ya hasta el medio millón Unas cifras que empiezan a ser dignas de la gripe española de hace un siglo.

Con varios actos electorales previstos a partir del lunes en Florida, Pensilvania y Iowa, la multitud, cientos de personas congregadas, aguardaba expectante la salida del presidente. Nadie sabía si estaría disponible o se vería obligado a suspender sus apariciones. Ciertamente, Kayleigh McEnany, secretaria de prensa de la Casa Blanca, había insistido el pasado viernes en que el presidente quería estar ahí, en cuanto reciba el visto bueno de los médicos.

Trump ha reconocido que quizás contrajo la enfermedad durante alguno de los actos en los que ha participado últimamente. El momento crítico parece haber sido la gala de presentación de la nueva candidata al Tribunal Supremo, Amy Coney Barret. Asistieron cerca de doscientas personas, convocadas al icónico Rose Garden de la Casa Blanca. Nadie o casi nadie llevaba máscara.

Entre los asesores y colaboradores del presidente que han dado positivo en los últimos días destacan la consejera Hope Hicks, la ex asesora Kellyanne Conway, la directora del Comité Nacional del Partido Republicano, Ronna McDaniel; el jefe de campaña, Bill Stepien; y el ex gobernador de Nueva Jersey Chris Christie, así como varios miembros del Legislativo, incluidos varios senadores y el congresista republicano por Illinois Mike Bost, que anunció su positivo este mismo viernes.

Trump venía de haber sido entrevistado durante la noche del viernes ante las cámaras de Fox. Allí fue interrogado por un médico y afirmó que se siente estupendamente y que la enfermedad parece haber remitido. También explicó que ha sido sometido a varios test y que resulta casi imposible detectar el virus.

Pero lo cierto es que el magnate no ha mostrado los resultados de esas pruebas. De hecho, no ha mostrado la prueba que confirme que es ya negativo. Y las autoridades sanitarias de Estados Unidos, en sus protocolos sobre el virus, aconsejan que los enfermos de covid-19 guarden 14 días de cuarentena.

Teóricamente, un enfermo puede ser contagioso hasta diez días tras haber contraído la enfermedad. En el caso de los pacientes con casos más severos, este margen podría ampliarse hasta los 20 días. En el caso de Trump se sabe que fue administrado una droga propia de los cuadros severos, y que necesitó recibir oxígeno en al menos dos ocasiones. Suficiente como para temer que la suya ha sido una infección más aguda de lo habitual.

Ayer, entretanto, los asistentes al acto de Trump volvieron a demostrar un comportamiento bastante laxo en el uso de las mascarillas y en el distanciamiento. Organizado para celebrar los avances de las comunidades latinas y afroamericanas durante su mandato, el encuentro le sirvió al presidente para poner en duda las medidas adoptadas para contener el virus, incluidos los confinamientos selectivos.

Antes, en Twitter, comentó que Joe Biden es un «TÍTERE de CASTRO-CHAVISTAS como el LOCO Bernie, AOC y la amante de Castro, Karen Bass. Biden cuenta con el apoyo del socialista Gustavo Petro, un importante PERDEDOR y exlíder guerrillero del M-19. Biden es débil con el socialismo y traicionará a Colombia». «¡Estoy vosotros! También felicitó al ex presidente de Colombia, Álvaro Uribe», en alusión a la decesión judicial d eliberarlo de su arresto domiciliario.