Los demócratas exigen una comisión para evaluar a Trump

El presidente de EE UU anuncia su intención de volver a hacer campaña hoy en Florida y Pensilvania, a pesar de su convalecencia por covid-19

Una semana desde el positivo por coronavirus del presidente de Estados Unidos y las violentas ondas sísmicas que provocó el diagnóstico, lejos de remitir, crecen en intensidad. Más todavía después de que Donald Trump confirmara que durante la tarde noche del viernes sería examinado por el doctor Marc Siegel en el programa de la Fox que presenta Tucker Carlson. La idea consiste en que el presidente sea chequeado en antena, a fin de demostrar que está ya fuera de peligro. Examinado por un galeno que el pasado 6 de marzo, entrevistado por otra de las estrellas de la televisión, Sean Hannity, insistió en que «este virus debería compararse con la gripe, porque en el peor de los casos, en el peor de los casos, podría ser la gripe».

Sus declaraciones fueron incluidas en un estudio de la Harvard Kennedy School Misinformation Review dedicado a analizar los bulos, teorías de la conspiración y infundios distribuidos por los medios tradicionales sobre el peligro que representaba el nuevo virus. Irene Pasquetto, editora en jefe de la publicación, le explicó entonces a “The Washington Post” que estos bulos contribuyeron a que parte del público sintiera «muy poca preocupación por el virus al inicio de la pandemia».

Los demócratas, por su lado, han aprovechado las dudas para insinuar que quizá Trump no está en sus cabales y podría ser necesario sustituirlo. Hasta el punto de que la presidente del Congreso, Nancy Pelosi, anunciaba su intención de debatir en la cámara la posibilidad de una comisión que examine si es capaz de cumplir con sus cometidos.

Sobre todo, sostiene Pelosi, después de que el mismo presidente que había ordenado paralizar las negociaciones para aprobar un nuevo paquete de estímulos declara su confianza en un próximo acuerdo. Los dardos entre ambos fueron continuos, mientras sigue sin quedar claro cuál será el futuro de los debates presidenciales y si será posible celebrar alguno más antes de los comicios. De hecho, ni siquiera estaba claro que Trump siguiera adelante con los planes de celebrar un mitin este mismo sábado. En palabras de la secretaria de prensa de la Casa Blanca, Kayleigh McEnany, «quiere estar ahí fuera si mañana es posible».

Todo esto mientras crecen los rumores respecto al estado de salud de Chris Christie, ex gobernador de Nueva Jersey, ingresado en un hospital por coronavirus. Y con el anuncio de Mike Bost, congresista republicano por Illinois, de que ha dado positivo por covid-19. El vicepresidente, Mike Pence, así como Ivanka Trump y Jared Kushner, han vuelto a dar negativo.

Desde luego que la preocupación por la salud del presidente está muy lejos de disiparse. El jueves por la noche Trump fue entrevistado en antena por Sean Hannity. En varias ocasiones carraspeó y tosió. Algunos médicos han frecuentado los medios de comunicación para advertir de que a 7 días de su diagnóstico el presidente todavía no está fuera de peligro. Sin contar con los posibles efectos secundarios de la medicación experimental que le fue administrada, que todavía no ha sido aprobada por la FDA y sigue siendo testada en varios ensayos clínicos.

Pero Trump está muy lejos de acobardarse o ceder por el turbulento curso de estos días. En su cuenta de Twitter alertó de que Joe Biden está «en contra del petróleo, las armas y la religión». Y poco más tarde, al referirse al intento de secuestro de la gobernadora de Michigan, Gretchen Whitmer, desarbolado por el FBI, añadió que la gobernadora ha hecho un «trabajo terrible». «En lugar de dar las gracias, me llama supremacista blanco, mientras que Biden y los demócratas se niegan a condenar a Antifa, los anarquistas, los saqueadores y las turbas que queman las ciudades gobernadas por los demócratas».

Aunque nada más llamativo que la comparecencia junto al doctor Siegel. Alguien que en los días previos a que el coronavirus multiplica por siete el exceso de muerte en la ciudad de Nueva York repetía el mismo mantra que periodistas como el corresponsal de TVE desde Italia («Aquí los médicos no se cansan de repetirnos que estamos ante un nuevo tipo de gripe»). Hannity, por su lado, ha dicho, finales de febrero, que «el apocalipsis es inminente y todos morirán, todos ustedes en las próximas 48 horas. Y todo es culpa del presidente Trump. O al menos eso es lo que la jauría de medios y el partido socialista radical demócrata quisieran que pienses».

Esta misma semana, entrevistado por la MSNBC, el doctor Anthony Fauci explicaba que «No hay absolutamente ninguna duda, ninguna, de que este covid-19, con 210.000 muertes en Estados Unidos, un millón de muertes en todo el mundo, más de siete millones de infecciones los Estados Unidos, es mucho más grave que una gripe estacional».

Y Trump, por su parte, con los sondeos en contra y peleando corriente arriba, exactamente igual que en 2016, golpea en el lado más débil de unos demócratas obligados a con el sector más radical y woke del partido.

«No tolero NINGUNA violencia extrema», comentó en redes sociales, «¡Defenderé a TODOS los estadounidenses, incluso a los que se me oponen y me atacan. Es lo que siempre haré como su presidente!». Y refiriéndose de nuevo a la gobernadora de Michigan, le pidió que «¡abra su estado, abra sus escuelas y abra sus iglesias!». En la Fox declaró que «He vuelto, porque soy un espécimen físico perfecto y soy extremadamente joven. Y por eso tengo suerte». Pelosi ironizaba: «Espécimen, tal vez pueda estar de acuerdo con eso... Y joven, ha dicho que es joven».

Y Trump, que nunca pierde combo, remacha insinuado que la demócrata quiere sacar adelante una comisión que examine la salud de presidente con la idea de fulminar a Biden si este gana las elecciones: «La loca de Nancy Pelosi está considerando la 25ª Enmienda para reemplazar a Joe Biden por Kamala Harris. ¡Los demócratas quieren que eso suceda rápido porque Joe el Dormilón está ido!».