¿Y si vuelven a fallar los sondeos en Estados Unidos?

Tras la sorpresa en 2016, las principales encuestadoras del país han calibrado un factor fundamental: la educación de los votantes

Una caravana en apoyo al presidente Trump en MiamiPedro PortalAP

Impresiona la cultura de las encuestas en Estados Unidos. El gigantesco número de sondeos de empresas y medios así como la fragmentada información por estados, distritos, sexo, etnia, poder adquisitivo, ideología... que a diario distribuye el robusto sector en el país en el que nació George Gallup hace casi 119 años. Para los estadounidenses, las encuestas son un emblema de una sociedad libre y EE UU lleva décadas siendo paradigma.

Incluso desde antes de que Joe Biden fuera nominado oficialmente como candidato demócrata, ya se podía medir la intención de voto respecto al presidente Donald Trump. El 1 de septiembre de 2019, el ex vicepresidente estaba casi 10 puntos por encima del mandatario (50,3% vs 40,8%), según la media de los sondeos diaria que elabora Real Clear Politics.

Incluso desde antes de que Joe Biden fuera nominado oficialmente como candidato demócrata, ya se podía medir la intención de voto respecto al presidente Donald Trump. El 1 de septiembre de 2019, el ex vicepresidente estaba casi 10 puntos por encima del mandatario (50,3% vs 40,8%), según la media de los sondeos diaria que elabora Real Clear Politics.

En la campaña anterior, la candidata Hillary Clinton lideró todas las medias de las encuestas. Lo cierto es que la victoria del magnate en 2016 fue una auténtica sorpresa que no quedó augurada en los sondeos demoscópicos del país. Prácticamente sólo una encuestadora conservadora auguró que Trump sería el presidente de EE UU.

Courtney Kennedy, directora de Investigación de Encuestas en el prestigioso Pew Research Center, contextualiza que a nivel nacional las encuestas funcionaron bien pues estipulaban que «Clinton tenía una ventaja de 3 puntos porcentuales en el voto popular nacional y, finalmente, ganó el voto nacional por 2 puntos porcentuales. Así que, en realidad, no fue un error de toda la industria». No obstante, en EE UU no se llega a la presidencia por número de votos, sino por el llamado Colegio Electoral.

Problema estatal

«A nivel estatal, las encuestas sí tuvieron un año históricamente malo», explica Kennedy, quien resume las tres cosas que salieron mal en 2016. «Los votantes indecisos (personas que tomaron una decisión en la última semana) lo hicieron por Trump por grandes márgenes. En estados clave como Wisconsin y Florida, los votantes que tomaron tarde la decisión de votar por Trump lo hicieron por márgenes de dos dígitos» y las encuestas no midieron ese cambio tardío.

Otro problema fue un error técnico. «La mayoría de los encuestadores estatales no se aseguraron de que sus muestras fueran representativas del nivel de educación de los votantes. Es bien sabido que los graduados universitarios tienen más probabilidades de realizar encuestas que aquellos con una educación menos formal. Y eso está bien siempre que ajusten estadísticamente su encuesta (en un proceso llamado ponderación) para asegurarse de que los universitarios no estén sobrerrepresentados.

La mayoría de las estatales no hicieron eso, y fue un problema importante porque los graduados en estados clave tendían a votar por Clinton». Es decir, sobrerrepresentaron a universitarios y, por tanto, a los votantes de Clinton. Por último, Kennedy indica que «Trump superó las expectativas en la participación de votantes rurales, particularmente aquellos que rara vez o nunca antes habían votado. Las encuestas estatales que utilizaron 2012 como guía no asumieron que la participación de esos votantes sería tan alta como fue o que la participación en las áreas urbanas sería tan baja como fue».

Kennedy destaca que “la buena noticia es que varios encuestadores solucionaron el problema técnico de 2016”. Asimismo, la directora de Investigación de Encuestas, asevera que hay más que en 2016 y, en algunos casos, de mayor calidad “en estados clave”. Con todo, la experta en metodología recuerda que “no todos los encuestadores han solucionado el problema técnico y algunos se niegan a revelar cómo realizaron su encuesta. Así que las encuestas estatales deberían ser algo más precisas este año, pero las encuestas no son infalibles”.

Mayoría silenciosa

Respecto al llamado voto oculto o la mayoría silenciosa de la que tanto alardea Trump, Robert S. Erikson, profesor de Ciencia Política en la Universidad de Columbia, duda de que exista. «¿Por qué los votantes de Trump no compartirían sus preferencias con los encuestadores? ¿Por qué los encuestadores fallarían en encontrarlos? Las encuestadoras intentan controlar este tipo de cosas», recalca.

«A veces, pueden ser engañados por tendencias de última hora que no pueden captar», pero en su opinión, «parece poco probable una tendencia de última hora hacia Trump, salvo que se produzcan nuevos eventos inesperados». Asimismo, Erikson es tajante al señalar que “no hay evidencia de que las encuestas influyan en los votantes”.

A un mes de las elecciones, en uno de los sondeos del Pew Research Center se concluía que el 52% de los votantes registrados lo harían por Biden mientras que el 42% por Trump. Al preguntarle a Kennedy si estas cifras son parecidas a las que hubo en 2016, la directora de investigación señala que “en nuestra encuesta, la ventaja de Biden a nivel nacional es similar a la de Hillary Clinton en octubre de 2016”.

La investigadora reconoce que “la principal diferencia es que en 2020 hay una cantidad significativamente menor de votantes que se inclinan por un candidato de un tercer partido o que todavía están tratando de tomar una decisión. En nuestra encuesta de octubre de 2016, el 15% de los votantes registrados no se había comprometido a votar ni por Trump ni por Clinton, pero este año ese número es solo del 6%. Esto refleja el hecho de que hay muchos menos votantes indecisos este año y la contienda ha sido más estable”, concluye Kennedy.