La Casa Blanca se bunkeriza ante la amenaza de disturbios

Se espera que la alcaldesa de Washignton decrete el toque de queda para evitar que las concentraciones deriven en batalla campal

La capital de Estados Unidos amanecía bajo la sombra de una inesperada normalidad el día de la gran cita electoral, pero esa sensación era como el anticipo de una calma contenida antes de la tormenta.

Nada hacía pensar, a poca distancia de la Casa Blanca, que en apenas unas horas el ambiente pudiera cambiar de manera radical. Nada salvo las fuertes medidas de seguridad implementadas con el fin de evitar que se replicaran los destrozos causados por los disturbios raciales extendidos por todo el país desde el mes de junio, a raíz de la muerte del afroamericano George Floyd.

El temor a que se repita el mismo escenario y la incertidumbre de que los recientes disturbios fueran tan sólo la antesala de lo que pudiera venir después, ha sembrado las dudas desde hace semanas y ha puesto en alerta a todos los establecimientos del perímetro cercano a la residencia presidencial.

Edificios oficiales, hoteles, grandes empresas y pequeños negocios han blindado sus puertas, trabajando contrarreloj desde el pasado fin de semana y sellando al competo la entrada a cualquier ataque. Algunos de ellos ya sufrieron las consecuencias de los recientes altercados, y de los cierres indefinidos por la pandemia de covid-19, habiéndose visto obligados a invertir parte de las escasas ganancias en tapiar toda su fachada por segunda vez en apenas unos meses.

Y es que se espera que cientos de activistas, convocados por el movimiento Black Lives Matter y organizaciones procedentes de otros estados del país, se manifiesten a las puertas de la Casa Blanca a las 20:30h de la tarde frente a la bautizada plaza “Las Vidas Negras Importan”.

Se espera también que la alcaldesa de Washington declare el toque de queda para evitar que la manifestación pacífica, coincidiendo con el cierre de las urnas, se convierta en una convocatoria masiva que se les vaya de las manos.