Persigue y encarcela uno a uno a los 10 implicados en el secuestro y asesinato de su hija

Miriam Rodríguez tardó tres años en localizar a los miembros del cártel de los Zetas, que habían rehecho sus vidas

Miriam Rodríguez murió a los 56 años, asesinada a balazos en la puerta de su casa
Miriam Rodríguez murió a los 56 años, asesinada a balazos en la puerta de su casaarchivoArchivo

Miriam Rodríguez y su familia vieron cómo el cártel de los Zetas secuestraba a su hija Karen, de 20 años, en 2014 y a pesar de que pagaron las grandes cantidades que les exigieron para la liberación de su hija, acabaron matándola. La justicia no hizo nada y los responsables seguían libres.

Miriam no podía permitir que eso siguiera así y se convirtió en una madre coraje, al igual que hiciera Francisco Holgado para investigar el asesinato de su hijo en una gasolinera de Jerez de la Frontera (Cádiz) en 1995. Francisco cambió de vida y de aspecto para tratar de lograr las pistas necesarias que le llevaran hasta el asesino o los asesinos de su hijo. Pero a pesar de su trabajo y popularidad no logró condenarlos.

Eran otros tiempos y Miriam contaba con las redes sociales una herramienta clave para su investigación. Esta madre coraje cambió su aspecto, se cortó el pelo, lo cambió de color y se hizo “amiga” de familiares y personas cercanas a los asesinos de su hija. Después de varios años de persecuciones, logró la detención de 9 de ellos. Todos habían intentado rehacer su vida, habían abandonado la organización mafiosa por lo que su localización no fue sencilla. pero Miriam habló con familiares, amigos, les visitó y fue recopilando pistas, que iba anotando en su libreta para ir armando su investigación.

Pero le faltaba el último. Por lo que sabía, se dedicaba a vender flores en el puente internacional hacia Texas. Se dirigió hacia allí armada con una pistola. Ese día, el joven había decidido cambiar las flores por gafas de sol. Pero cuando sus miradas se cruzaron, ambos se conocieron inmediatamente. Él intentó huir pero ella logró alcanzarlo e inmovilizarlo durante más de una hora, hasta que llegó la policía.

Miriam se había convertido en una persona muy popular en la localidad mexicana de San Fernando. Todos la conocían y admiraban su valor y entrega. No en vano, había logrado detener a 10 de los responsables de la muerte de su hija. Se había hecho pasar por encuestadora, sanitaria e incluso por funcionaria electoral. Había visitado a abuelas y familiares cercanos de los verdugos de su hija. En tres años logró encarcelarlos a todos. Pastores evangélicos, taxistas, vendedores de coches, niñeras. Todos había rehecho su vida y ella los encontró y se los entregó a la Justicia.

Pero Miriam había hecho una cosa que siempre pasa factura. Se había enfrentado a los cárteles y no iban a permitir que se saliera con la suya. El 10 de Mayo de 2017, día en el que celebran el día de la Madre en México, Miriam salía de su casa, cuando la esperaban para coserla a tiros. Ella sabía que ese momento llegaría. Nunca salía sin su arma. Pero ese día la estaban esperando y no le dio tiempo a repeler la agresión. Acabó muerta bocabajo en la calle.

A pesar de todo, Miriam logró un cambio en San Fernando. Su historia sirvió para cambiar las cosas y dio cierta estabilidad al municipio durante un tiempo y, en agradecimiento, colocaron una figura suya de bronce en la plaza principal.

Pero el pasado mes de junio el reloj pareció detenerse en 2014. Luciano Leal, de 14 años, fue secuestrado y sus familiares pagaron varios rescates por su liberación pero finalmente fue asesinado. El secuestro fue exactamente igual que el de Karen. Le metieron en una furgoneta, extorsionaron a la familia y lo mataron.

Pero esta vez no hizo falta que nadie de la familia hiciera la guerra por su cuenta. Cientos de personas tomaron la calle y formaron brigadas para buscar a Luciano. Su madre, Anabel Garza, se convirtió en la portavoz de las más de 70.000 familias desaparecidas en el país y fue la artífice de la lucha contra la ola de asesinatos que asola el país, relata “The New York Times”.

En agosto, la marcha llegó a Ciudad de México para presionar al gobierno. Acamparon en el centro de la ciudad y la presión sirvió para que el gobierno reaccionara y enviara tropas, policías e investigadores a San Fernando. En septiembre, la policía detuvo al líder del cártel en San Fernando, pero se negó a colaborar. Aunque ya daba igual porque la familia ya sabía lo que había pasado.

Varios miembros de su familia eran los responsables de la extorsión, secuestro y asesinato de Luciano. Después de rastrear el un falso de Facebook con el que una supuesta joven atrajo a la víctima, la policía descubrió lo que su madre sospechaba que varios de sus primos estaban involucrados con el crimen organizado y se habían asociado con miembros locales del cártel para extorsionar a su familia.

Los responsables habían tenido tiempo de escapar y la familia comenzó a recibir amenazas para que dejaran de buscarles.

En octubre, el cuerpo fue encontrado en una fosa a las afueras del municipio. estaba cubierto de basura para que los perros no pudieran localizarlo. No se sabe cómo la Policía logró encontrarlo porque las explicaciones que dieron no convencieron a nadie.

Pero algo había cambiado en San Fernando. La gente está perdiendo el miedo. Salen a la calle. dan la cara. Y aunque las bandas siguen ahí, saben que los vecinos cada vez les temen menos y que están dispuestos a alzar la voz.