Israel celebrará sus cuartas elecciones en dos años el 23 de marzo

El Parlamento se disuelve después de que la ruptura de la coalición entre Netanyahu y Gantz impidiera aprobar los Presupuestos

El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu
El primer ministro israelí, Benjamin NetanyahuRonen ZvulunAP

“La Knesset número 23 ha sido la más mala e insignificante en la historia del país”, comentó la periodista de “Ha’aretz” Vered Lee tras darse por hecha la disolución del parlamento esta medianoche, lo que conllevará las cuartas elecciones en dos años en Israel.

El presunto motivo: el desacuerdo para aprobar los presupuestos estatales entre las dos facciones del Gobierno de unidad, conformado tras los terceros comicios del pasado marzo por el Likud y Azul y Blanco. No obstante, el Ejecutivo fue inoperativo y crispado desde su establecimiento, y los analistas hebreos coinciden en que el colapso se debe a nuevas maniobras del “premier”, Benjamín Netanyahu, el principal interesado en dinamitar el acuerdo de rotación firmado con Benny Gantz.

Según lo firmado, debía transferir el cargo de primer ministro en noviembre de 2021. El líder del Likud, inculpado judicialmente en tres causas por corrupción, fraude y abuso de confianza, pretende así mantener a toda costa su fortín en la residencia oficial de Jerusalén ante su incierto futuro judicial, mientras el Estado judío, sumido en una crisis político-social sin precedentes, ya dio la bienvenida a la tercera ola de coronavirus.

Con una base electoral fiel, un rival con la credibilidad por los suelos (Gantz llegó a superarle en votos, y actualmente hay encuestas que le dan apenas 5 escaños de 120), y un centro izquierda desmembrado, la próxima pugna electoral se librará entre derecha y la extrema derecha.

La incógnita será si Gideon Sa’ar, el ex rival interno de “Bibi” en el Likud que recién fundó su marca “Nueva Esperanza”; y Naftali Bennet, líder del sionismo religioso de “Yamina”, cumplirán con sus promesas de sumar votos conservadores para intentar derrocar al líder más longevo en la historia del país. Pero con la credibilidad de la política israelí por los suelos, a nadie le extrañaría si finalmente se terminan rindiendo a sus pies.

En la noche del lunes, la Knesset rechazó por mayoría una ley “parche” para postergar nuevamente la aprobación de las cuentas de un 2020 que está por terminar, y cuya fecha límite estaba fijada para la medianoche de este martes. La victoria del “no” fue posible gracias a la disidencia de tres parlamentarios de un Azul y Blanco desmembrado, así como de una diputada del Likud, que probablemente se unirá a la facción de Sa’ar.

Asaf Zamir, uno de los díscolos en las filas de Gantz, justificó su voto negativo porque “este ha sido un Gobierno malo para Israel. Por ello voté en contra de mantenerlo en vida artificialmente”.

En la apertura de la reunión del Ejecutivo, Netanyahu exclamó que es “una lástima volver a ir a elecciones, todavía estamos a tiempo de evitarlo”. Para ello, se tendrían que haber votado en la tarde de ayer tres votaciones exprés para pasar los presupuestos, algo aparentemente inviable.

Una vez confirmada la disolución de la Cámara, se especula que se convocarán elecciones para final de marzo de 2021. Y como ha sido costumbre durante el último medio año, las dos partes se culparon mutuamente del fracaso.

A último momento, Gantz explicó a sus diputados las cinco condiciones que presentó al Likud a cambio de aprobar una nueva postergación. Entre ellas, pasar definitivamente los presupuestos de 2020 y 2021; descongelar el nombramiento de cargos públicos esenciales (como el jefe de la Policía); o pulir el acuerdo de rotación para evitar que Netanyahu logre incumplirlo.

Al parecer, a finales de la semana pasada las dos formaciones habían acercado posturas, pero el líder del Likud improvisó una nueva demanda: retrasar la rotación en el cargo hasta mayo de 2022.

En las últimas jornadas, “Bibi” sacó pecho porque Israel dispone ya de vacunas contra el coronavirus, y alegó en el pleno parlamentario que pasó las últimas horas tratando de lograr más dosis. “A estas alturas deberíamos estar uniendo fuerzas para evitar estas elecciones innecesarias. A último momento, Gantz se retrajo de los acuerdos que teníamos”, repitió el “premier” israelí.

Pero el jefe de la oposición, Yair Lapid, achacó al líder del Likud que “a ti no te preocupa la mutación del virus [Israel cerró por ello su espacio aéreo y obliga a los retornados a encerrarse en hoteles de cuarentena], lo único que te preocupa es la rotación en el cargo de primer ministro”.

Sea cual sea el devenir de las cuartas elecciones, supondrán probablemente el fin de la corta carrera política de Gantz, que pudo ser primer ministro con una coalición alternativa. A pesar de las acusaciones de “traición” por parte de muchos de sus votantes, que le escogieron por su promesa central de reemplazar a “Bibi”, el “primer ministro alterno” sigue afirmando que intentó hacer lo mejor para los intereses de Israel.