Conte gobernará en minoría tras una ajustada victoria en el Senado

El Gobierno italiano no suma la mayoría absoluta, pero sobrevive con la abstención de Renzi

El primer ministro italiano, Giuseppe Conte, en debate de hoy en el Senado
El primer ministro italiano, Giuseppe Conte, en debate de hoy en el SenadoAndreas SolaroAP

Las intrigas romanas siempre se resolvieron en el Senado. Tras la salida del Gobierno de Italia Viva, el partido de Matteo Renzi, Giuseppe Conte sacó la calculadora y comprobó cuántos eran los apoyos que necesitaba para sustituirlo en la Cámara Alta. Le hacían falta al menos una decena de votos. Así que pasó una semana entera pegado al teléfono, intentando convencer a unos y a otros. Sus últimos llamamientos en el Parlamento a «esas personas voluntariosas» fueron incluso desesperados. Al final, no consiguió el número soñado, pero logró al menos mantener el cargo, que hace unos días parecía perdido.

Después de superar con solvencia una moción de confianza en la Cámara de Diputados, las cuentas del Senado solo otorgaron una victoria por la mínima. Logró más votos a favor que en contra (156 frente a 140), pero se quedó a unos pocos escaños de la mayoría absoluta, situada en el umbral de los 161 escaños. Esto significa que el Ejecutivo puede seguir vivo, aunque mantiene la respiración asistida. Un soplido de la oposición o del propio Renzi y el Gabinete se desmorona.

La abstención de Italia Viva, el partido que inició la crisis, es precisamente la que permite al primer ministro seguir adelante. Un voto contrario de esta formación hubiera provocado el rechazo a la moción de confianza en el Senado y la consiguiente dimisión del primer ministro. Pero esto hubiera abierto un escenario aún más incierto que podría haber llevado al país a elecciones, una orilla a la que solo la derecha quiere llegar.

Pese a los muchos rejonazos que ha sufrido estos días, Renzi pretende seguir influyendo y seguirá ejerciendo como bisagra para el futuro del Ejecutivo. Italia Viva ya ha anunciado que votará a favor de los procedimientos más urgentes, como un cuantioso desvío presupuestario que se aprobará esta semana.

El ex primer ministro no descarta incluso seguir en la mesa de negociaciones. «Si estáis dispuestos a negociar y hablar de temas y no de poltronas, nosotros estaremos allí», le dijo Renzi a Conte en el Senado. El cruce dialéctico entre ambos fue el momento más esperado de una maratoniana jornada que comenzó a las 9:30 y terminó pasadas las diez de la noche. La presencia de la senadora vitalicia Liliana Segre, judía superviviente del Holocausto, que a sus 90 años acudió a votar a Conte, puso la nota emotiva.

Al igual que el día anterior la oposición, Renzi acusó al primer ministro de haber cambiado demasiadas veces de chaqueta. «Usted no puede ir a la ONU a defender el soberanismo y ahora presentarse como su alternativa», pronunció. Conte, que ya presidió el Gobierno junto al Movimiento 5 Estrellas (M5E) y la ultraderechista Liga, llama ahora al espíritu europeísta de los diputados para poner en pie un tercer Gabinete en la misma legislatura sin haber pasado por las urnas. «La política no consiste en cambiar las ideas para mantener la poltrona. El Parlamento no puede convertirse en un mercado», concluyó Renzi.

Conte respondió que «fue Italia Viva la que cambió de estrategia para lanzar un ataque mediático» y aclaró que «sin los números, el Gobierno se va a casa».

El primer ministro ha conseguido ganar tiempo. Pero la crisis no terminará aquí, sino que vivirá una prórroga. Antes o después, Conte deberá acometer una reforma profunda del Gabinete. Primero, para sustituir a las dos ministras de Italia Viva que han dejado vacante el cargo; y, después, para dotar al Gobierno de una cierta estabilidad que ahora no tiene. Es posible gobernar en minoría, pero el apoyo de un grupo raquítico de senadores de diversa procedencia otorga al Ejecutivo muy pocas garantías. Una vez pasado el trámite parlamentario, el protagonismo pasará al presidente, Sergio Mattarella.

El jefe de Estado ya le trasladó a Conte que Italia Viva debería ser sustituida por otro partido que actúe en bloque, no con un puñado de votos dispersos. Esa hipotética formación podría convertirse en germen de un movimiento electoral de carácter centrista y democristiano, encabezado por el propio Conte, pero, de momento, ni siquiera tiene visos de constituirse. El primer ministro ha prometido un nuevo pacto de legislatura con el M5E y el socialdemócrata Partido Democrático (PD), que mantienen su coalición, pero para ello tiene dos opciones: presentar su dimisión para abrir una crisis formal con la que renovar su encargo de Gobierno o continuar adelante con la mayoría obtenida actualmente en el Parlamento. En el primer caso, Mattarella tendría su última palabra, mientras que en el segundo Conte podría lograr esquivarlo.

Se trata, sin embargo, de dejar pasar el tiempo. Renzi no ha logrado su objetivo de desbancar a su rival, pero Conte tampoco puede cantar victoria. Cualquier paso en falso le pondrían delante del presidente de la República, al que debería explicarle cómo pretende llevar adelante al país.