Fukushima hipoteca el futuro de la energía nuclear en Japón

El Gobierno nipón confía en sus centrales para lograr el objetivo de descarbonización en 2050 pero la opinión pública sigue traumatizada por el accidente de 2011

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Tal día como hoy de hace diez años el mundo contempló atónito el que fue el peor desastre nuclear desde el accidente de Chernóbil. Aquel día, a las 14:46 hora local, un terremoto de magnitud 9,1 sacudió Japón causando un tsunami con olas de varios metros que acabaron provocando la fusión parcial y total de varios reactores nucleares en la planta de Fukushima Daiichi.

10º aniversario Fukushima
10º aniversario FukushimaT. Nieto

El conocido como «triple desastre» se cobró la vida de unas 18.000 personas –entre muertos y desaparecidos–, devastó pueblos enteros y obligó a evacuar a 165.000 personas que huían de la radioactividad mientras esta se expandía imparable. El terremoto desplazó la isla más grande del archipiélago 2,4 metros hacia el este. El tsunami arrasó las calles y las casas y dejó toneladas de escombros a su paso. Hiroshi Miura fue una de las miles de personas que huyeron de la lluvia radiactiva. A día de hoy todavía no ha regresado a su hogar y tampoco entra en sus planes. Su casa se encontraba en la costa a tan solo 12 kilómetros de la central nuclear.

Imagen del 8 de abril de 2011 en la que se aprecian los daños provocados por el tsumani en Fukushima
Imagen del 8 de abril de 2011 en la que se aprecian los daños provocados por el tsumani en Fukushima David Guttenfelder

Un cementerio de escombros

Según relata, cuando llegó la ola aquel día «tan solo la gente que corrió hasta la cima de una colina, donde hay un santuario, sobrevivió. Las personas en los coches murieron». Ahora, allí donde estuvo su vivienda tan solo quedan escombros y árboles muertos y echar la vista atrás le hace estar cada vez más seguro de que «la era de la energía nuclear ha terminado».

Tras el accidente, Japón cerró de manera repentina todas sus plantas nucleares, que entonces proporcionaban el 30% de la energía del país, un apagón nuclear que duró hasta 2015. Ese año el país nipón reanudó su primer reactor tras la crisis y desde entonces han vuelto a operar nueve, mientras otros siete han obtenido permiso y once están bajo inspección bajo los estándares más estrictos que se aplican desde el accidente. Otros 21 han sido desmantelados.

La mayoría de la población japonesa ha mostrado desde entonces su oposición a la energía nuclear, pero los planes del Gobierno siguen contemplando cierta dependencia de esta fuente para hacer frente al objetivo de descarbonización para 2050. Según una encuesta de la radiodifusora pública NHK, al 85% de la población le preocupa la posibilidad de que sucedan accidentes nucleares teniendo en cuenta su topografía y su propensión a los desastres naturales.

Aún así, el pasado diciembre, el primer ministro nipón, Yoshihide Suga, explicó que para lograr las cero emisiones de carbón a mitad de siglo, su plan es que las renovables generen para 2030 entre el 22 y 24% de la electricidad del país, las nucleares entre el 20 y 22%, y el crudo y carbón en torno al 30%. Para 2050, se busca que la cuota sea de 50-60 % para las renovables y 30-40 % para energías libres de carbón y la nuclear.

Imagen de satélite de la central de Fukushima de febrero de 2021, casi diez años después del desastre natural
Imagen de satélite de la central de Fukushima de febrero de 2021, casi diez años después del desastre naturalMAXAR TECHNOLOGIES / HANDOUTEFE

La energía nuclear supone un 6%

Pero en la primera mitad del 2020, las nucleares cubrieron solo el 6% de la demanda energética de Japón frente al 23,1 % de las renovables y el casi 70 % de los combustibles fósiles. Con este escenario, muchos temen que no se haya aprendido la lección que dejó la tragedia de Fukushima. Allí, los alrededores de la central continúan siendo hoy un área restringida debido a los altos niveles de radiación. Hay más de 36.000 personas desplazadas y muchos de los que se fueron, como Miura, no piensan volver. Además, quedan décadas antes de conseguir el desmantelamiento total de la planta, que necesitará de inversiones millonarias.

«Fukushima ha dejado su impronta en el resto de la historia de la energía nuclear», asegura Kurokawa Kiyoshi, profesor de la Universidad de Tokio. Por eso, Japón se debate en encender o apagar sus reactores nucleares. Más aún cuando el pasado febrero un terremoto generó daños adicionales en las cámaras de contención primarias de la planta de Fukushima aumentando la desconfianza de sus ciudadanos.

«A menos que Japón pueda abordar sus legados nucleares no resueltos de una manera rigurosa y transparente y recuperar la confianza del público, los planes del gobierno nipón para que la energía nuclear contribuya a lograr su objetivo de descarbonización para 2050 siguen siendo un sueño imposible», afirma Tatsujiro Suzuki, ex vicepresidente de la Comisión de Energía Atómica de Japón.

Más transparencia

Para este experto, la lección más importante del desastre de Fukushima es que «Tokio debe trabajar para mejorar la transparencia y la rendición de cuentas en sus procesos de toma de decisiones nucleares». Para ello, considera que se necesita establecer una organización independiente para supervisar la planificación de la energía nuclear por parte del gobierno; reconocer la oposición pública y facilitar la participación ciudadana en el proceso de toma de decisiones; y garantizar la divulgación completa y rápida de la información relativa a la actividad nuclear.