Draghi se alinea con el eje europeo y atlantista

El primer ministro italiano imprime un giro agresivo hacia los autoritarismos

El primer ministro italiano, Mario Draghi, ha abierto una crisis diplomática con Turquía
El primer ministro italiano, Mario Draghi, ha abierto una crisis diplomática con Turquía FOTO: REMO CASILLI REUTERS

Había pasado ya una hora de una tediosa rueda de prensa, en la que todas las cuestiones giraban entorno a las vacunas y las restricciones, cuando a un periodista se le ocurrió preguntar por el incómodo incidente del sofá de Ursula von der Leyen en Ankara. “Con estos, llamémosles por lo que son, dictadores, con los que necesitamos colaborar, uno debe ser franco a la hora de expresar las diferentes visiones de la sociedad. Pero también hay que estar listos para cooperar y asegurar los intereses del propio país”, respondió a bocajarro Mario Draghi. Rápidamente, las redes sociales se llenaron de vítores al primer ministro italiano, de quien celebraban que hubiese puesto en su sitio al presidente turco, Recep Tayyip Erdogan. Pero los canales políticos se mueven por otras vías.

En los círculos diplomáticos, la frase sonó a chirrido de cristales. El Gobierno turco llamó inmediatamente a consultas al embajador italiano en Ankara. Y, tras unos días en los nadie hizo por elevar la tensión, finalmente Erdogan respondió. Calificó las declaraciones como una “impertinencia, una falta total de educación”. “A ti te han designado para el puesto, ni siquiera te han elegido. Antes de usar un tipo de expresión así contra Tayyip Erdogan, deberías saber un poco más de tu historia. Pero vemos que no tienes mucha idea”, le contestó a Draghi.

La respuesta estaba dentro del guion. Se esperaba que Erdogan utilizara el ataque para legitimarse a nivel interno. Pero, más allá del cruce de acusaciones, de la réplica del presidente turco se extrae algo más inquietante. “Justo cuando teníamos la esperanza de llegar a buen punto en las relaciones entre Turquía e Italia, ese tipo llamado Draghi las ha estropeado”, expresó.

En lo particular, la crisis podría comprometer contratos -la prensa italiana ha publicado que Turquía ha paralizado la compra de helicópteros por 70 millones de euros- entre ambos países. Aunque lo realmente importante se ve ampliando el foco. El choque se produce cuando la UE estaba tratando de mejorar su colaboración con Ankara en la gestión de los flujos migratorios y la estabilidad del Mediterráneo central.

Solo un par de días antes de la ya célebre rueda de prensa, Draghi había acudido a Trípoli, en el que fue su primer viaje oficial. Tras la guerra civil que ha dividido Libia en dos mitades durante la última década, Italia intenta recuperar la influencia perdida en su ex colonia. Precisamente el país que más peso ha ganado recientemente es Turquía, que respaldó militarmente al mismo bando apoyado por Italia en el campo diplomático. Algunos análisis podrían sugerir que la postura de Draghi con Erdogan estaría dirigida a marcar el terreno, pero la mayoría de los expertos coinciden en que el único modo de volver a ser influyentes en la reconstrucción libia -sus autoridades calculan que la factura asciende a 375.000 millones de euros- no es mediante la confrontación con Ankara, sino a través de la colaboración.

“Creo que las declaraciones de Draghi no estaban programadas. Fue algo improvisado, que no midió bien. Si lo hubiera hecho, probablemente no se habría expresado así”,

considera Andrea Dessì, director de Política Extranjera y experto en el Mediterráneo del Instituto de Relaciones Internacionales italiano. El silencio posterior de Draghi, de quien suelen decir que confía demasiado en sí mismo como para recibir consejos de sus asesores, revela que no había detrás una ofensiva en marcha. Muy probablemente se trató de un desliz propio de un reputado gestor, que, al fin y al cabo, no es un político.

Según Dessì, “la UE está buscando reajustar su relación con Turquía como aliado geopolítico e Italia siempre ha jugado ese papel más neutral o incluso cercano con Ankara”. Cree que, después de todo, el ruido pasará y se volverá al “business as usual”. Aunque también podría haber un mensaje implícito al presidente estadounidense, Joe Biden, quien hace poco se refirió a Vladimir Putin como un “asesino”.

Se trataría de marcar una misma línea agresiva y sin ambages con los rivales para fortalecer la alianza entre Estados Unidos e Italia. Tras la primera etapa de Giuseppe Conte -en su Gobierno con Liga y Movimiento 5 Estrellas-, en la que se mostró más cerca de Rusia y China, Draghi ha dejado muy claro que su eje es europeo y atlantista. Esta semana el ministro de Exteriores italiano, Luigi Di Maio, ha viajado a Washington, donde ha subrayado esta postura con su homólogo estadounidense, Anthony Blinken. En vísperas de la jubilación de Angela Merkel y de la precampaña de Emmanuel Macron, Draghi busca jugar un papel central en la UE. Lo demuestra su primera intervención en Bruselas, provocando la exportación de vacunas a Australia, en un momento en el que se acumulaban los retrasos en Europa. El banquero ha irrumpido fuerte, aunque eso no evita resbalones.