Asia

Xi Jinping advierte que cualquier nación que quiera intimidar a China “será golpeada en la cabeza”

El Partido Comunista celebra el centenario de su fundación y brinda por un “nuevo mundo” creado por su pueblo

Tras una salva de cien cañonazos, el izado de bandera y los acordes de «La Internacional», el presidente chino, Xi Jinping, arrancó ayer con un discurso los fastos del centenario de la fundación del Partido Comunista Chino (PCCh). Entre sonados aplausos y vítores, Xi Jinping hizo un repaso de la historia de China y de los logros de la formación política en los últimos 100 años sin olvidarse en diversas ocasiones de dirigir una velada advertencia a aquellos países que osen desafiar su soberanía.

Xi, que se dirigió a una audiencia de 70.000 personas sin mascarilla en la plaza de Tiananmen, se llevó una de las mayores ovaciones de la mañana cuando afirmó que «el pueblo chino nunca permitirá a ninguna fuerza extranjera hostigarnos, oprimirnos o esclavizarnos» haciendo referencia a cualquier intento de intervención militar. «¡Quien sea que lo intente se encontrará un baño de sangre frente a la Gran Muralla de acero construida por 1.400 millones de chinos!», agregó el mandatario.

Ataviado con un traje gris estilo Mao y acompañado de los pesos pesados del partido, Xi se dirigió al público en el mismo lugar donde en octubre de 1949 Mao Zedong proclamó la República Popular de China. Un escenario lleno de simbolismo que ponía a Xi a la altura del fundador de la China moderna. Durante su alocución en el balcón de la Ciudad Prohibida, que comenzó a las 8:00 de la mañana y duró algo más de una hora, el líder que más poder ha acumulado desde los tiempos de Mao se comprometió a completar la «reunificación» con Taiwán y prometió «aplastar» cualquier intento de independencia formal. Para Xi Jinping, que está llamado a renovar por otros cinco años tras abolir el límite de dos mandatos al frente del país, ese es uno de los objetivos con los que culminar la celebración del centenario de la República Popular en 2049.

En los últimos tiempos, Pekín ha intensificado su presencia con vuelos regulares de aviones de combate y bombarderos cerca de la isla, algo que irrita a Taipéi y genera quejas de otras naciones. En esa línea, destacó la importancia de «acelerar» la modernización de las Fuerzas Armadas nacionales con el fin de preservar la dignidad nacional y proteger la paz regional y mundial.

Y para sacar algo de músculo, antes de que arrancara su discurso, ochenta aviones militares de seis tipos diferentes, entre los que se encontraba el J-20 –el caza más moderno de su flota aérea–, volaron en formación dibujando en el aire el número 100 –por el centenario– y la fecha del 1 de julio.

Desde Taipéi, el Consejo de Asuntos Continentales a cargo de las relaciones con Pekín no tardó en responder con contundencia. «Estamos dispuestos a defender la soberanía de la nación y la libertad y democracia de Taiwán», señalaron tras afirmar que, pese al desarrollo económico, China sigue siendo una dictadura que no tiene en cuenta las libertades de las personas.

Xi tampoco se olvidó de mencionar Hong Kong, donde ayer se celebró el 24º aniversario de la vuelta de la ex colonia británica a manos chinas. El líder del gigante asiático insistió en que no permitiría ningún desafío por parte de los descontentos en esta ciudad autónoma, en la que ayer 10.000 policías velaron para que no tuviera lugar ningún incidente que empañara el centenario del Partido Comunista.

La jornada allí transcurrió con relativa tranquilidad. En años anteriores, los antigubernamentales aprovechaban la fecha para salir a las calles y protestar ante la creciente injerencia de Pekín, pero este año la Ley de Seguridad Nacional, que castiga con hasta cadena perpetua delitos como el de secesión, subversión o terrorismo, junto a las restricciones de la pandemia del coronavirus han servido para frenar a la población y evitar incidentes.

Para los analistas, esta ley no solo ha servido para acabar con las voces de la oposición en la ciudad, sino que ha supuesto todo un mazazo a las libertades de las que Hong Kong se supone debía gozar bajo el principio de «un país, dos sistemas» que rige en este territorio semiautónomo. Un modelo al que Xi hizo alusión prometiendo mantenerlo, pero que para muchos de sus ciudadanos ya está tocado y hundido.

Entretanto, Xi destacó el papel del partido para sacar a millones de personas de la pobreza y crear una sociedad «moderadamente próspera». «El éxito de China depende del partido», dijo Xi tras añadir que «cualquier intento de dividir al partido del pueblo chino está destinado al fracaso». El Partido Comunista Chino, que en 1921 contaba con medio centenar de miembros, hoy supera los 95 millones y está presente en todos los ámbitos de la sociedad. Es el mayor partido político que existe en el mundo. El PCCh es la columna vertebral del Estado chino. Los logros económicos obtenidos bajo su liderazgo lo han legitimado frente a la población al demostrar estar cualificado para encontrar y cumplir sus misiones de la mano de su pueblo.

El mandatario chino se mantuvo firme al asegurar que gracias a esta formación política, que se fraguó en una reunión de varios jóvenes de manera clandestina a bordo de un barco turístico hace cien años, se ha propiciado el «rejuvenecimiento de la nación china», un objetivo que mencionó hasta en 21 ocasiones. Con él se busca convertir a China en una superpotencia política, tecnológica, económica y militar para el año 2049. Para lograrlo, deberá seguir adaptándose a los tiempos y reforzando su aparato de seguridad con el fin de proteger su soberanía frente a provocaciones externas y salvaguardar eficazmente la paz regional y la estabilidad social.

Otra de las señales destacadas fue la ausencia ayer del influyente expresidente Jiang Zemin (1993-2003) entre especulaciones sobre su estado de salud a sus 94 años. No obstante, algunos expertos apuntan a que esto podría evidenciar una pugna entre facciones del PCCh un año antes de que Xi opte a la reelección interna en el XX Congreso, tras haber eliminado el límite de mandatos que impedía que continuase en sus cargos más de diez años, impuesto precisamente para evitar que surgiera un nuevo Mao. A este último respecto, el sinólogo Xulio Ríos sostiene en declaraciones a Efe que Xi está dejando de lado a Deng –que fue «quien salvó al PCCh»- por su interés en equipararse a Mao y elevarse así en la «jerarquía histórica» de la China moderna.