Elecciones en Alemania: La contienda más ajustada

Cuatro de cada diez alemanes van a elegir su papeleta en el último momento, un factor de incertidumbre que se suma al voto por correo, que ha alcanzado una cifra récord

Una mujer deposita su voto anticipado en Berlín para las elecciones generales de este domingo en Alemania
Una mujer deposita su voto anticipado en Berlín para las elecciones generales de este domingo en AlemaniaMarkus SchreiberAP

El voto por correo batirá todos los récords en las elecciones alemanas. Desde mediados de agosto, todo aquel alemán que mañana no quiera votar en urna, ha podido hacerlo desde casa. Una posibilidad que terminó ayer pero que, en estos comicios, alcanzó su mayor tasa en la historia de la República federal en una progresión que ha ido en aumento en los últimos 25 años y que alcanzó su pico en las regionales del pasado 14 de marzo en Renania-Palatinado, cuando el número de votos recibidos por correo alcanzó el 66%. No obstante, y a pesar de las también crecientes voces que así lo advierten, no se ha probado ninguna manipulación a través de este medio.

En declaraciones a la televisión Deutsche Welle, el politólogo Daniel Hellmann asegura que el voto por correo está garantizado. “Es muy difícil cometer fraude electoral a través del voto por correo”, añade el investigador del Instituto de Estudios Parlamentarios de la Universidad de Halle-Wittenberg. “Hay casos individuales, pero estructuralmente no se puede determinar una mayor susceptibilidad al fraude”. Una aserción que, sin embargo y desde las federales de 2017, ha sido la máxima del partido populista Alternativa para Alemania (AfD) que, en repetidas ocasiones, ha acusado el voto por correo de manipulación. “Los casos de fraude electoral por correo son una triste realidad”, asegura la AfD de la ciudad de Leipzig en una publicación de Facebook que viene acompañada con un gráfica, en la que la coordinadora local insinúa que los votos por correo dirigidos a la formación xenófoba irán a contabilizar a Los Verdes.

“Las afirmaciones de que puede votar dos veces, una por carta y luego en el colegio electoral, son una tontería y es el argumento clásico de Donald Trump”, asegura el profesor de políticas de la Universidad de Mainz, Kai Arzheimer, que recuerda que -según ordena la ley electoral-, todo aquel que solicita votar por correo queda registrado en el censo, de forma que no pueda hacerlo en la mesa electoral. También, y para afianzar lo erróneo de la argumentación del ex presidente de los Estados Unidos, en Alemania el voto por correo se cuentan al mismo tiempo, y de forma manual, que los depositados en las urnas, de forma que no se pueda manipular la votación o incluso persuadir antes del domingo a los electores.

Un error asemejar a Laschet con Merkel

La estrategia de AfD está exenta de todo razonamiento. Más que en el voto postal, muchos ven reflejada la constitución del nuevo Parlamento en lo que finalmente voten los indecisos. Según una encuesta publicada por periódico “Frankfurter Allgemeine Zeitung”, cuatro de cada diez alemanes aún no han decidido por quién hacerlo. Algo que a Thomas Gschwend, profesor de Politología de la Universidad de Mannheim, no le sorprende ya que atribuye el alto número de indecisos a la marcha definitiva de Angela Merkel y a la lucha de tres partidos -los conservadores de la CDU, los socialdemócratas del SPD y Los Verdes- por alcanzar la Cancillería. Por su parte, la historiadora Katja Hoyer cree que “el principal problema es que ninguno de los candidatos ofrece soluciones nuevas o creativas a viejos problemas y el mandato de Merkel ha dejado muchos temas clave sin tocar, como la calidad de vida, el acceso a la atención social o la movilidad social”. Una insatisfacción e incertidumbre con la que Gschwend coincide.

“La gente no está contenta con el contenido de la campaña porque, si se observa el desarrollo de las encuestas desde la primavera, es como una montaña rusa, cada uno de los tres partidos estuvo a la cabeza en algún momento y eso es inusual”, asegura el politólogo. La indecisión de los votantes también podría darse por la incertidumbre acerca de lo que realmente representa cada candidato. Al fin y al cabo, la Unión conservadora de la canciller y el SPD han gobernado juntos durante los últimos ocho años. Gschwend dice que fue “realmente un error” por parte de la CDU suponer que Armin Laschecht emergería automáticamente como una especie de figura de continuidad.

Si bien la política de Laschet coincide en gran medida con la de Merkel, su personalidad es muy diferente. “Es necesario saber que el grupo de votantes que apoyó a la CDU es potencialmente solo un subconjunto de los que apoyan a la canciller”, argumenta Gschwend. “Angela Merkel obtuvo muchos más votos, sobre todo de las mujeres”, añade.

Coaliciones impredecibles

En el instituto de Gschwend habían especulado sobre quién podría ganarse a esos electores, quizás tradicionalmente menos conservadores. Pensaron al principio en Annalena Baerbock de Los Verdes, quien podría estar en la mejor posición para rentabilizar esos votos. Sin embargo -y según el politólogo-, los problemas de campaña de la candidata ecologista abrieron la puerta a Olaf Scholz, el candidato del SPD. La última área de incertidumbre para los indecisos es la cuestión de qué coaliciones podrían surgir una vez se hayan contabilizado las papeletas.

“Las coaliciones son impredecibles. Por el momento, parece probable que habrá una coalición tripartita, que bien podría estar liderada por el candidato del partido que quede en segundo lugar”, dice Hoyer. Los indecisos se verán obligados a elegir mañana y las encuestas se transformarán en resultados, pero la forma futura de un gobierno de coalición podría seguir siendo incierta por un período más largo.