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Estas son las duras leyes de inmigración de Australia y que pueden caer sobre Djokovic: “No te confíes o lo lamentarás”

El tenista serbio no es el primero que ha sufrido las inflexibles normas de uno de los reglamentos que nadie puede saltar

El Gobierno de Australia canceló este viernes por segunda vez el visado del número uno del tenis mundial, que será detenido el sábado
El Gobierno de Australia canceló este viernes por segunda vez el visado del número uno del tenis mundial, que será detenido el sábado FOTO: Darko Vojinovic AP

El tenista serbio Novak Djokovic está viviendo una pesadilla los últimos días. Desde su llegada a Australia la semana pasada, ha tenido que estar encerrado y sin saber qué pasaría con su futuro y si podría jugar el Open de Australia, que comenzará en pocos días. Su negativa a vacunarse contra el coronavirus, pese a que dice tener los papeles médicos necesarios para poder estar en el país, le han sumergido en una situación horrenda, aunque las autoridades australianas, así como están haciendo en todo el mundo, le advirtieron de las normas que tiene que cumplir y entre ellas, una persona tiene que estar vacunada para poder entrar en el territorio.

Tal vez, el público general, esté más o menos informado de la situación, pueda pensar de que el trato que está sufriendo por parte del ministro de inmigración y del gabinete del gobierno del país pueda ser, entre otros calificativos, severo, duro o injusto. No obstante, Australia lleva muchos años siendo tajante en su política de inmigración, conocida históricamente como “Australia blanca” y que en los últimos años se ha “flexibilizado” en algunos aspectos. Tan drásticas que han sido criticadas y condenadas por los críticos, y tan rígida que ellos mismos alertan que “no te confíes o lo lamentarás después”.

La columnista y presentadora británica de extrema derecha, Katie Hophinks, especialmente conocida por bromear y, por supuesto, no cumplir sobre los protocolos sanitarios para combatir el coronavirus, ya fue multada y deportada de Australia en julio del año pasado. “Las cuarentenas son el engaño más grande en la historia de la humanidad”, decía durante su aislamiento en Sídney, una vez había llegado al país y le alertaron de que tenía que estar aislada unos días.

Mucho antes de la pandemia de covid-19, las autoridades australianas fueron especialmente polémicas puesto que denegaron la entrada al rapero Snoop Dogg, al que insistieron que sus antecedentes penales eran el principal motivo para su prohibición. Y en 2015, incluso, amenazaron con aplicar la eutanasia a Pistol y Boo, los perros de los actores Johnny Depp y Amber Heard, que se habían colado en el país en el jet privado de la pareja y que por fortuna sobrevivieron.

El Gobierno de Australia canceló este viernes por segunda vez el visado del número uno del tenis mundial, que será detenido el sábado a la espera de que se celebre este fin de semana una vista judicial en la que intentará evitar su deportación. “Hoy he ejercido mi poder bajo la sección 133C(3) de la Ley de Inmigración para cancelar el visado del Novak Djokovic basado en razones sanitarias y del mantenimiento del orden por ser de interés público”, señaló el ministro de Inmigración, Alex Hawke, en un escueto comunicado al remarcar que sopesó “cuidadosamente” la información proporcionada por las partes.

Cuando Australia formó su gobierno federal en 1901, una de sus primeras órdenes fue la Ley de Restricción de la Inmigración, diseñada para mantener alejadas a las personas de color de Asia o las islas del Pacífico, entre otras. Hasta 1970, la “Australia blanca” estuvo vigente, sin librarse de polémicas como la sucedida con el filipino-estadounidense Lorenzo Gamboa, miembro del ejército estadounidense al que se le negó la entrada.

Tras varios días estudiando el caso, el ministro decidió hoy volver a cancelar el visado de Djokovic con la intención de expulsarlo del país, lo que también podría implicar la prohibición de volver durante tres años a Australia.

En 2001, Australia puso en marcha la “Solución del Pacífico”, con la que los solicitantes de asilo que intentaban llegar a Australia en barco eran enviados a centros de detención en Papúa Nueva Guinea o Nauru para no permitirles permanecer en el territorio australiano. “El gobierno de Morrison está firmemente comprometido con la protección de las fronteras de Australia, especialmente en relación con la pandemia del COVID-19″, dijo Hawke el viernes en un comunicado.

El periodista Behrouz Boochani, que había huido de Irán, estuvo retenido contra su voluntad en las islas durante seis años. Logró escapara a Nueva Zelanda, donde ahora vive. Ambos países, durante décadas, han tenido varias tensiones en relación a la materia de inmigración australiana, puesto que el país liderado por Scott Morrison comenzara a aplicar políticas más estrictas de deportación de delincuentes a Nueva Zelanda. Por ejemplo, al militante del Estado Islámico Suhayra Aden, quienes fueron detenidos en Turquía.

Conforme a la Ley de Migración, las visas funcionan para permitir que los no-ciudadanos viajen, ingresen y permanezcan en Australia por un período determinado o indefinido. La ley explica que “todos los no-ciudadanos que deseen ingresar a Australia para una visita o residir aquí deben tener una visa que les permita ingresar y permanecer en Australia”. Una decisión de un funcionario del Departamento de rechazar una solicitud de visa o una solicitud de patrocinio puede revisarse, generalmente siempre que una de las partes con interés en la solicitud esté presente en Australia.

Entre otras leyes, en Australia está prohibido tomar alcohol en las calles, subir los pies en las sillas en el transporte público o llevar mascotas en el tren. Sus controles de aduanas son quizás de los más duros en el mundo. Y hasta si una persona olvida un objeto, podría ser llevada a la cárcel si las autoridades consideran que ha tirado basura; si no finaliza en prisión, las multas económicas son especialmente altas.

Siempre que los requisitos para la visa puedan ser cumplidos tanto por el individuo como por el patrocinador, los solicitantes genuinos debiesen tener “poca dificultad para que se les otorgue la visa que buscan cuando la entrada al país se solicita para fines laborales o comerciales”, dice la ley.

Respecto al caso Djokovic, la polémica ocurre en un momento delicado en Australia, que este año celebra elecciones y pasad su peor ola de la covid-19 debido a la variante ómicron, que ha disparado los casos de menos de 2.000 en diciembre a una media superior a los 100.000 esta semana. Asimismo, se han intensificado las restricciones y medidas para parar la expansión del coronavirus, con sus correspondientes y duras medidas económicas o penales, mientras que para una persona extranjera, además de eso, se incluye la deportación, el castigo de no poder volver al país en un determinado tiempo e incluso el ser nombrado persona “non-grata” en el país, con una prohibición de entrada vitalicia.