Sucesos

Australia busca a un hombre armado mientras crece la preocupación por los extremistas que siguen teorías de la conspiración

El fugitivo conoce bien el terreno en el que se ha escondido

Homenajes florales a los oficiales asesinados
Homenajes florales a los oficiales asesinadosGetty ImagesGetty Images

En la localidad de Porepunkah, en Victoria, Australia, una operación de búsqueda masiva se ha desatado tras el presunto asesinato de dos agentes de policía y la huida del sospechoso a zonas boscosas. Las autoridades mantienen que el sospechoso, identificado como Dezi Bird Freeman, abrió fuego contra los agentes mientras se ejecutaba una orden de registro relacionada con investigaciones de delitos sexuales. Dos policías murieron (el detective Neal Thompson y el oficial Vadim De Waart) y otro resultó herido antes de que Freeman escapara al monte.

La respuesta de las autoridades ha sido contundente, con más de 450 efectivos desplegados de distintos organismos. Se ha establecido un espacio aéreo restringido y se ha cerrado el Parque Nacional de Mount Buffalo para facilitar la operación. La búsqueda se desarrolla en un terreno montañoso, boscoso y accidentado que Freeman conoce bien, lo que complica el rastreo. A ello se suman las duras condiciones meteorológicas en los Alpes victorianos, con nieve y fuertes vientos que dificultan los esfuerzos.

Freeman, de 56 años, es conocido por la policía local. Se autodefine como miembro del movimiento “sovereign citizen”, una corriente antigubernamental y conspirativa que rechaza la legitimidad del Estado, sus leyes y sus instituciones. En el pasado ha manifestado un profundo desprecio hacia las fuerzas del orden, a las que calificó como “gestapo” y “nazis”, además de haber intentado presentar cargos de traición contra el anterior primer ministro de Victoria.

El caso ha puesto de relieve la creciente preocupación por la expansión de los movimientos antigubernamentales en Australia. Joe McIntyre, experto en extremismo, advierte que este tipo de confrontaciones violentas supone un riesgo considerable para la seguridad pública, recordando al ataque ocurrido en 2022 en Wieambilla, Queensland, también protagonizado por miembros del mismo movimiento.