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El PPE se rebela ante Merkel y se agarra a la presidencia del ejecutivo comunitario

Pese al apoyo de Merkel, el Partido Popular Europeo, vencedor de las ultimas elecciones, se niega a aceptar que el socialdemócrata holandés releve a Juncker al frente de la Comisión.

  • La canciller alemana, Angela Merkel, en Bruselas
    La canciller alemana, Angela Merkel, en Bruselas /

    Reuters

Bruselas.

Tiempo de lectura 4 min.

01 de julio de 2019. 04:36h

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Mirentxu Arroqui Bruselas. 30/6/2019

En política, las muertes a veces conllevan una resurrección. O no. El socialista Frans Timmermans se convirtió ayer en el favorito como sucesor de Jean Claude Juncker al frente del Ejecutivo comunitario. La artífice de este milagro fue la canciller alemana, Angela Merkel, quien en un giro de guión imprevisto, renunció durante la cumbre del G-20 en Osaka (Japón) a la presidencia del Ejecutivo comunitario para un miembro de su familia política y siguió defendiendo de manera numantina el llamado método «spitzenkandidaten», por el que los representantes de las principales familias políticas que se presentan a los comicios europeos –Manfred Weber por los populares, Frans Timmermans por los socialistas y Margrethe Vestager por los liberales– se convierten en candidatos al Ejecutivo comunitario.

Con esta decisión, la canciller también conseguía marcarse un tanto ante Emmanuel Marcron, ya que el presidente francés siempre ha batallado sin descanso contra el «spitzenkandidaten», al alegar que la falta de listas trasnacionales convierte este método en una pura ilusión. Al comienzo de la cumbre de ayer, todo indicaba que Timmermans se convertiría en el candidato de consenso después de haber recibido el apoyo de Alemania, Francia, España y Países Bajos (su país de origen pese a estar gobernado por el liberal Mark Rutte) y así fue anunciado por el presidente permanente del Consejo Europeo, Donald Tusk.

Pero en un buen «thriller», a un giro de guión imprevisto debe acompañarle otro. Los miembros de la familia popular –lejos de acatar con obediencia los designios de la canciller alemana– reaccionaron con estupor. Al cierre de esta edición, el Partido Popular Europeo (PPE) se resistía a ceder este codiciado puesto después de haber sido la familia política más votada en los pasados comicios del 23-26 de mayo.

La propia Merkel reconocía a su entrada a la cumbre la dificultad del acuerdo. La mujer que ha gobernado el «club» comunitario con mano de hierro durante los últimos tres lustros se enfrentaba a una fiera oposición dentro de su bancada política, aunque seguía dispuesta a luchar por el método del «spitzenkandidaten» y evitar, por todos los medios posibles, una choque institucional con el Parlamento Europeo.

Pero la Eurocámara tampoco estaba dispuesta a remar a favor de la canciller. «Si hay un candidato del 'spitzenkandidaten' como presidente de la Comisión Europea, el ganador es el Partido Popular Europeo. No hay nada en contra de los socialistas ni de Timmermans. Es un buen hombre», aseguró ayer el presidente de la Eurocámara, Antonio Tajani. «La gran mayoría de los primeros ministros del Partido Popular Europeo no creemos que se deba ceder la Presidencia de la Comisión tan fácilmente, sin ninguna lucha», aseguraba el primer ministro irlandés, Leo Varadkar.

Orban no olvida

Pero éste no era el único problema de Timmermans como sucesor de Weber. Los países del Grupo de Visegrado también se unieron en un frente común para sabotear la candidatura del ex ministro de Asuntos Exteriores holandés. Los motivos son bien conocidos, como vicepresidente primero del Ejecutivo comunitario, Timmermans ha sido el encargado de lidiar con los procedimientos de infracción contra los países del Este por su deriva autoritaria. Este pasado sábado, Polonia, Hungría, República Checa y Eslovaquia hicieron frente común en Praga para combatir su candidatura.

El primer ministro húngaro, Viktor Orban, incluso ha escrito una carta al presidente del Partido Popular Europeo, Joseph Daul, en la que calificaba como un «error histórico» el apoyo de los populares al candidato holandés. Aunque el partido de Orban (Fidesz) se encuentra suspendido dentro del PPE por su deriva autoritaria, el tono de su misiva muestra el fuerte enfado de los países del Este con este giro de guión. Para el político húngaro, la luz verde a Timmermans por parte del PPE sería «humillante» y supondría «la autodestrucción de esta familia política».

Ante los tambores de «fumata negra», el equipo de Tusk intentaba no soliviantar los ánimos. Aunque el presidente permanente del Consejo había prometido no perseguir la unanimidad, ya que tan solo es necesaria la mayoría cualificada (72% de los países que representen el 65% de la población europea) para elegir al presidente de la Comisión, fuentes diplomáticas apostaban ayer por conseguir el máximo consenso antes de forzar una votación en el Consejo

En 2014, por primera vez en la historia comunitaria, Jean Claude Juncker no consiguió ser proclamado por unanimidad y fue elegido pese al veto de Reino Unido y Hungría. Ante la multiplicación de focos de oposición, el propósito ayer era no evidenciar las profundas divisiones en el «club» comunitario con una votación precipitada. El objetivo sigue siendo que el presidente del Ejecutivo comunitario sea fruto del mayor apoyo posible en las cancillerías.

Aunque el presidente de la Comisión Europea es la punta de lanza del proceso, también están en liza el resto de los cargos de la cúpula europea: presidente del Consejo, Parlamento, alto representante de la diplomacia europea y presidente del BCE. El puzle debe resolver un complicado equilibro ideológico, entre hombres y mujeres y geográfico. El propósito de la cumbre convocada ayer de manera extraordinaria residía en allanar el camino, ya que este miércoles el Parlamento Europeo elegirá a su presidente y el primer reparto de cargos altera ya ese frágil equilibrio.

Anoche, el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, suspendió tras apenas dos horas de reunión formal la cumbre extraordinaria con el objetivo de dar espacio a encuentros bilaterales que permitan superar las diferencias que alejan a los Veintiocho de un acuerdo.

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