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El “shock del 21 de abril”, el día que Jean Marie Le Pen rompió el techo de cristal de la ultraderecha

El paso del líder del Frente Nacional a la segunda vuelta provocó un terremoto político en Francia en 2002

Marine Le Pen llega - por segunda vez- a la segunda vuelta electoral de Francia, enarbolando aún la bandera de la ultraderecha.
Marine Le Pen llega - por segunda vez- a la segunda vuelta electoral de Francia, enarbolando aún la bandera de la ultraderecha. FOTO: STEPHANE MAHE REUTERS

Todavía se le llama “el shock del 21 de abril”. En pleno domingo de resurrección, en la Semana Santa de 2002, se produce en Francia un hecho totalmente inédito y sorprendente: el pase a la segunda vuelta electoral de Jean-Marie Le Pen, fundador del Frente Nacional y figura por excelencia de la extrema derecha francesa.

Era la primera vez que un político de esa tendencia llegaba tan cerca de la presidencia de Francia. En realidad, se esperaba que los resultados enfrentaran a los dos candidatos tradicionales de la época: Lionel Jospin, primer ministro y representante del Partido Socialista, y Jacques Chirac, presidente saliente de derechas que finalmente alcanzó la reelección en segunda vuelta.

Pero Le Pen dio el batacazo por unas décimas: con un total de 16.86% de los votos, sacó del juego a Jospin que obtuvo un ajustadísimo 16.18 %. Final de fotografía. Ningún sondeo apuntaba en esa dirección, de hecho, Jospin era el candidato que salía más favorecido en intención de voto antes de la primera vuelta con números que iban del 27% al 30%, mientras que las encuestas más osadas daban a Le Pen un 9%.

Al final, la izquierda y la derecha de Francia, marcharon juntas el 1º de Mayo, reuniendo a más de un millón de personas por todo el país para cerrar filas en torno al llamado “Frente Republicano”, una especie de alianza no oficial para levantar una barrera contra la extrema derecha del Frente Nacional. Chirac ganó la presidencia con 82% de los votos.

Veinte años después, la situación recuerda a ese electroshock del 2002: Marine Le Pen llega - por segunda vez- a la segunda vuelta electoral de Francia, enarbolando aún la bandera de la ultraderecha.

Pero algunas cosas han cambiado. El discurso es ahora más edulcorado, la candidata no agrede físicamente a sus contendores ni habla en términos vulgares como “maricón”. No desmiente el Holocausto ni dice que la forma de morir de millones de judíos durante la Segunda Guerra Mundial “es sólo un detalle”. En resumen, a lo largo de estos veinte años, la hija se ha alejado de su padre. Ya desde 2011, Marine Le Pen sustituyó a su padre a la cabeza del partido Front National, tratando de mejorar la imagen violenta que los franceses tenían del movimiento. Más adelante, el 1º de junio de 2018 el cambio es aún más radical: el tradicional Frente Nacional cambia de nombre a Agrupación Nacional (Rassamblement National).

“Este nombre, “Frente Nacional”, conlleva una historia épica y gloriosa que nadie debe negar. Pero ya saben que para muchos franceses es un freno psicológico dice Marine

Le Pen, abriendo una nueva era de la extrema derecha en la que Jean-Marie Le Pen queda al margen. Su padre la acusa de alta traición pero la estrategia parece estar dando resultado puesto que, políticamente hablando, Marine Le Pen está más cerca que nunca del Palacio del Elíseo. La ultraderechista se mantiene fiel a sus principios pero, al mismo tiempo, ha comprendido que debe “desdiabolizarse” a través de una palabra más suave y conceptos más digeribles.

La candidata ha dejado de hablar del retiro de Francia de la Unión Europea, ha tratado de calmar los ánimos al decir que no expulsará a los migrantes del territorio francés, que no los echará de las viviendas sociales. Ha enfocado mucho más su programa de gobierno en el problema que más preocupa a sus compatriotas: el poder adquisitivo.

Marine ha aprendido la lección y en ese aprendizaje, emulando el psicoanálisis de Freud, ha matado a su padre.