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La esperanza de El Salvador se llama Evelyn

La absolución de esta joven tras ser condenada por dar a luz a un hijo muerto la ha convertido en un símbolo. Decenas de mujeres son sentenciadas cada año en el país por abortar

  • Evelyn Hernández tras escuchar la pasada semana la sentencia del tribunal/REUTERS
    Evelyn Hernández tras escuchar la pasada semana la sentencia del tribunal/REUTERS
Ciudad México.

Tiempo de lectura 4 min.

26 de agosto de 2019. 23:37h

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Daniel Blanco.  Ciudad México. 27/8/2019

Lo primero que hizo después de conocer la decisión del juez fue ir a rezar. «Fui a la iglesia para dar gracias a Dios, que me dio otra oportunidad», dijo a la Prensa Evelyn Hernández, la mujer de 21 años que la pasada semana se salvó de una condena de 40 años de prisión después de sufrir un aborto en El Salvador.

Su calvario comenzó en 2016, cuando apenas acababa de cumplir la mayoría de edad y estudiaba el último curso de bachillerato. Evelyn llevaba meses siendo violada por un pandillero. No sabía que fruto de los abusos había quedado embarazada hasta que la mañana del 6 de abril despertó con unos fuertes dolores en el abdomen. Salió a la letrina exterior del caserío donde vivía, en el cantón El Carmen, una zona rural de El Salvador, y allí dio a luz al bebé.

Evelyn dijo a las autoridades que al agacharse el bebé debió de caer al fondo de un tanque séptico, pero desconocía que acababa de alumbrar, que perdió mucha sangre y quedó sin conocimiento. Su madre tampoco sabía que su hija acababa de dar a luz, se la encontró desvanecida y paró una camioneta para llevarla a un hospital cercano. Poco después la Policía encontró en la letrina un feto de 32 semanas, en la última fase del embarazo. Los forenses no pudieron determinar la causa de la muerte, ni tampoco si el feto había nacido muerto o había fallecido en el tanque séptico.

Fue el personal médico que la atendió el que se percató de que Evelyn había sufrido un aborto y el mismo que puso la denuncia ante los juzgados. En El Salvador el aborto está prohibido en todas las circunstancias (incluida la violación y el riesgo para la vida de la madre) y castigado con penas de cárcel que van de dos a ocho años.

Los médicos están obligados a denunciar si sospechan que se ha producido una interrupción del embarazo y si no lo hacen también se arriesgan a terminar en la cárcel. La Justicia castiga con severidad los abortos espontáneos y las urgencias obstétricas y con frecuencia las cataloga de asesinato.

La Fiscalía nunca creyó la versión de Evelyn y la acusaron de homicidio agravado, un delito que conllevaba una pena muy superior. Una primera sentencia condenó a la joven salvadoreña a 30 años de cárcel, aunque a principios de este año su caso dio un vuelco. Ya había estado 33 meses encarcelada cuando el pasado mes de febrero el Tribunal Supremo revocó el fallo en su contra por falta de pruebas y decretó que debía celebrarse otro juicio con otro juez. Fue la primera vez que la Justicia ordenaba repetir un juicio por un caso aborto en el país centroamericano.

En el nuevo proceso la mujer enfrentaba una pena aún mayor, 40 años de cárcel a petición de la Fiscalía, que alegaba comisión por omisión, es decir que el bebé habría fallecido porque ella omitió protegerlo, pero el juez finalmente dictaminó que no había pruebas de que Evelyn hubiera actuado en contra de la vida de su bebé y señaló que sufrió una emergencia obstétrica que le impidió salvarlo.

«Gracias a Dios se hizo justicia», declaró la joven a la salida del juzgado tras ser absuelta el pasado lunes. Visiblemente emocionada, dio las gracias a los colectivos de mujeres que la acompañaron durante el proceso y a las delegaciones diplomáticas extranjeras que dieron seguimiento al juicio.

Sus primeras horas de libertad las pasó en familia, acudió a la iglesia y comenzó a hacer planes para su nuevo futuro. «Me siento muy contenta de estar de nuevo en libertad», dijo a la Prensa esta semana y recordó el momento en el que escuchó la absolución del juez. «Me dieron ganas de llorar... sentí que estaba empezando de nuevo», señaló la joven.

No olvida, sin embargo, los casi tres años que pasó en la prisión de mujeres de Ilopango, donde otras reclusas la hostigaban y la amenazaban de muerte por el motivo de su condena. En El Salvador, las mujeres acusadas de abortar acarrean el estigma y sufren el rechazo de la sociedad.

Ahora Evelyn quiere seguir estudiando, terminar el bachillerato en salud que cursaba cuando comenzó su pesadilla para ir a la universidad. Antes quería estudiar Enfermería, pero después de su experiencia ha cambiado de opinión. Todavía no sabe por qué carrera optará, pero tiene claro que quiere ayudar a las otras 16 mujeres que permanecen encarceladas acusadas del mismo delito en El Salvador, según le dijo a la cadena británica BBC. «Mi pesadilla terminó pero aún quedan muchachas inocentes allá adentro», lamentó.

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