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Las críticas contra Bagdhadi arrecian por haber dejado abandonados a miles de mujeres y niños en Siria

Se subraya su cobardía al abandonar la línea de combate en los momentos más críticos

  • Abu Bark Bagdhadi/AP
    Abu Bark Bagdhadi/AP

Tiempo de lectura 4 min.

17 de septiembre de 2019. 18:24h

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J.M.Zuloaga 17/9/2019

La cobardía, aunque se vista de falsa prudencia, es algo que no se le permite a un jefe de una organización que pretende ser “militar”, aunque se trate de una banda de sanguinarios terroristas. Es el caso de Abu Bark Bagdhadi, al que, cada día que pasa, es más criticado por su actuación al frente del Estado Islámico cuando ocupaba territorios en Siria e Irak.

Una de las críticas más repetidas, porque son fáciles de acreditar, es la de la facilidad del ”califa” para “desaparecer del combate” y dirigir el “califato” desde la clandestinidad mediante órdenes que

ejecutaban sus lugartenientes, que competían en salvajismo y atrocidades, no sólo contra el enemigo sino también contra los propios.

Esa ausencia de mando se hizo clamorosa en los últimos momentos de la ocupación territorial de Siria, cuando las tropas kurdas, apoyadas por los norteamericanos, tomaron el enclave de Al Baghour. Bagdhadi no estaba allí ni se le esperaba. Por el contrario, algunos de esos lugartenientes y el grueso de su “aparato de información”, o murieron en combate o fueron capturados.

Ya en el mensaje de vídeo del pasado mes de abril, rindió un homenaje a estos individuos, citándolos por sus nombres, pero en aquella grabación no quiso afrontar uno de los problemas que le persigue y del que es directamente culpable: los miles de prisioneros en campos kurdos, entre los que hay muchas mujeres y sus hijos; por lo general, no pueden ser devueltas a sus países de origen porque sencillamente no las quieren, debido a su peligrosidad y la de sus vástagos, algunos de los cuales recibieron en su momento entrenamiento en tácticas terroristas.

En el mensaje, titulado “Actuad”, difundido ayer por la Fundación Al Furqan, no tuvo más remedio que referirse a este asunto, que es objeto de duras críticas internas dentro de la organización. En la grabación, de 30 minutos y 15 segundos, apelando en todo momento a Alá como si fuera dios el que guía sus pasos, hizo un llamamiento a la “salvación” de los “cautivos” que están en centros de detención o en campamentos.

En especial, el “califa” exigió un esfuerzo para “rescatar” a las mujeres. “Las cárceles, las cárceles, soldados del Califato. Vuestros hermanos y hermanas, esforzaros por salvarlos y destrozad las murallas que les encadenan. No tardéis en rescatarlos”. “¿Cómo puede un musulmán vivir en paz mientras las mujeres musulmanas están en los campamentos de la diáspora y las prisiones de la humillación bajo la opresión de los cruzados?”, se preguntó. La respuesta la tienen los que discrepan de él y no es otra que la errática forma de gobernar el Estado Islámico, lo que, al final, condujo al desastre.

Cientos de mujeres se encuentran, junto a sus hijos en campamentos, como el de Al Hol, en la frontera entre Siria e Irak, donde hasta 10.000 personas de nacionalidades diferentes a la iraquí y siria se hallan en un limbo legal a la espera de ser repatriadas o juzgadas. Expertos en la materia llaman la atención que, lejos de arrepentirse, realizan labores de proselitismo para que “no decaiga la moral”, a la espera de una liberación que nunca llega. Bagdhadi les pide, de momento, “paciencia”.

Mientras, este individuo se jacta de los numerosos atentados que cometen sus seguidores en distintas partes del mundo. Se trata de combatientes a los que se ha hecho jurar lealtad inquebrantable al

“califa”. A ellos se dirige en el audio difundido ayer en el que, con base en El Corán, les dice que Daesh ha estado a punto “de caer al abismo”, aunque luego “ha sido salvado” (por él, obviamente).

Las críticas que se difunden ya en determinados canales telemáticos se refieren no sólo a su “desaparición” del mando del Estado Islámico en los momentos más críticos, sino a la forma dictatorial con la que condujo la organización, sin tener en cuenta a los órganos consultivos, y ejerciendo una justicia en la que la pena de muerte era el común denominador. Además, por situar al frente de las tropas a jefes poco preparados cuya única “virtud” era la obediencia ciega a Bagdhadi.

En su huida hacia adelante, y al no haber podido ser capturado, el “califa” está logrando tejer una red terrorista en distintos países del mundo, con unas franquicias inegradas por individuos fanatizados que cometen atentados casi a diario, en especial en Irak, Siria y Afganistán. Daesh trata de consolidar esta red con los ojos puestos en occidente, donde sabe que sus acciones criminales tienen una mayor repercusión.

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