Elecciones en Italia

Lección magistral del presidente Mattarella

Desde el día después de las elecciones, Sergio Mattarella se mostró favorable a encontrar una solución con un respaldo suficiente en el Parlamento y finalmente, tras 89 días, lo ha conseguido

La Razón
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Desde el día después de las elecciones, Sergio Mattarella se mostró favorable a encontrar una solución con un respaldo suficiente en el Parlamento y finalmente, tras 89 días, lo ha conseguido.

Se dice del presidente de la República Italiana que ante todo debe ser un árbitro de la buena marcha de las instituciones del Estado. Pero quién le iba a decir que iba a tener que mandar el partido a tantas prórrogas y amenazar dos veces con suspenderlo para conseguir que finalizara. Desde el día después de las elecciones, Sergio Mattarella se mostró favorable a encontrar una solución con un respaldo suficiente en el Parlamento y finalmente, tras 89 días, lo ha conseguido.

No sin ser imparcial, todo hay que decirlo. La negociación entre la Liga y el M5E sólo se activó cuando evocó la figura de un Gobierno técnico. Después, con el programa firmado entre ambos partidos, lo vetó, ante el choque contra la UE que se avecinaba. En el pasado, otros jefes de Estado habían rechazado a ministros, pero los partidos siempre encontraron otra solución. En esta ocasión no, por lo que se vio obligado a frenar la composición de un Ejecutivo con mayoría parlamentaria, algo inédito en Italia.

Esto le costó el choque con ambas formaciones, sobre todo con el M5E que amenazó con pedir su recusación en las cámaras y convocar manifestaciones en su contra. Tampoco reaccionaron bien los mercados, por lo que en una maniobra de buen talante, llamó de nuevo a Di Maio y entre ambos convencieron a Salvini para recuperar el pacto. Apartando al euroescéptico Savona y formando un gabinete de perfil más «amable» de cara al exterior.

Sergio Mattarella, un hombre alejado de los líos políticos, tuvo que meterse en el barro como pocos de sus predecesores lo habían hecho. De rostro inmutable, se le vio por primera vez cabreado cuando nadie se ponía de acuerdo y profundamente aliviado tras estampar su firma en el nuevo pacto de Gobierno.