Política

Represión en Venezuela

Madurazo: La batalla final por la democracia

Juan Guaidó despliega a sus seguidores en los cuarteles con la intención de ganarse el favor del Ejército venezolano. La oposición mantiene la presión en la calle tras fracasar el intento del 30-A.

Nicolás Maduro
Nicolás Madurolarazon

Juan Guaidó despliega a sus seguidores en los cuarteles con la intención de ganarse el favor del Ejército venezolano. La oposición mantiene la presión en la calle tras fracasar el intento del 30-A.

La misión era ir a instalaciones militares y entregar un documento para que los uniformados se sumen a la causa de Juan Guaidó y apoyen las gestiones necesarias para deponer al presidente Nicolás Maduro. Después de una semana convulsa, con alzamiento militar, masivas protestas, cinco víctimas mortales, al menos 239 heridos y un centenar de detenidos, ayer las calles venezolanas lucieron mucho más tranquilas. Fuera de Caracas, la actividad se desarrolló sin incidentes. Los grupos opositores que se organizaron par hablarle a los militares no eran de grandes multitudes, ni amenazantes. Los funcionarios que los vieron llegar no apelaron a la represión.

En la capital, en casi toda la ciudad, se repitió el escenario. Solamente en dos puntos, la Comandancia General de la Guardia Nacional –al oeste– y la residencia presidencial de La Casona –al este–, la convocatoria logró agrupar mayor cantidad de personas. En el primero, hubo discursos, fotos y consignas. En el segundo, entregaron un papel y los oficiales decidieron quemarlo frente a todo el mundo, generando gritos en los opositores que, finalmente, sintieron cumplida la misión del día y se retiraron.

«Yo sigo y seguiré saliendo, porque ya no tengo más nada que perder. Mis hijas se fueron y ni agua tengo siempre», reclamó Ofelia Guerra, una caraqueña que aspira a que las convocatorias de calle se mantengan «y que a la gente no se le baje la fuerza». Pero en Petare, donde la pobreza campea, Diego Hernández hacía compras como un sábado cualquiera. «Hermano, la vida sigue. Yo quiero que las cosas cambien, pero de marchita en marchita no vamos a conseguirlo. Si ya Guaidó habla con los militares, que los convenza de que terminen con esto», explica.

En los sitios donde hubo protesta no hubo represión ni violencia. Tampoco Juan Guaidó. El presidente de la Asamblea Nacional y quien es reconocido como mandatario encargado del país por más de 50 países, no participó en ninguna de las actividades previstas. Otros diputados asumieron el liderazgo de los distintos grupos, y algunos dirigentes vecinales. Al cierre de esta edición, el jefe el Parlamento no había tenido agenda pública.

Para Félix Seijas, director de la encuestadora Delphos, el reto de la oposición es mantener el ánimo en alto. «La creatividad cada vez jugará un rol más importante, porque debe cuidar tres puntos fundamentales: transmitir que el líder está ahí, activo, transmitir que mantienen control de la situación y transmitir que existe un plan que no ha dejado de ejecutarse, es decir, que se está transitando un camino cierto», opina Seijas.

El analista considera, en base al «tracking» permanente que hace su empresa, que «la gente en este momento mantiene un alto concepto de Guaidó, pero la confianza en que este movimiento puede terminar en un puerto feliz ha empezado a debilitarse. El público se mantiene ahí, aún dispuesto a acompañar, pero la duda empieza a hacerse lugar en el imaginario colectivo».

El analista Oswaldo Ramírez, director de la consultora de riesgo ORC, cree que tras el alzamiento militar y la salida de su cautiverio de Leopoldo López el pasado martes, el proceso de negociación con representantes del chavismo sigue su curso, aunque ya no sea en base al pacto que supuestamente se había delineado y no concretado con integrantes del alto mando militar para sacar del poder a Nicolás Maduro. «Hay cuatro condiciones para poder seguir adelante: presión internacional, conjunto de sanciones, calle y activación de las personas y negociaciones. Eso lleva tiempo y la gente debe entender que estamos inmersos en un proceso», concluye.

Ramírez entiende la expectativa de soluciones rápidas, urgentes. Pero recuerda que los procesos políticos no son inmediatos. «Es un conflicto generalizado. Habrá mayor inestabilidad. A partir de ahora, veremos la actuación de la sociedad en las protestas, incluso la espontánea, bailando ese tango con la precariedad en los servicios básicos. Van a venir días y semanas complejas, pues veremos a un Gobierno quebrándose la cabeza para buscar los recursos económicos y a una oposición tratando de vencer la desesperación».

Seijas estima que la oposición intentó acelerar el desenlace el 30 de abril sin éxito. «Entonces lo que podemos esperar es la continuación de un forcejeo en el que ninguna de las partes logra vencer a la otra. El Gobierno avanzara en cercar paso a paso a Guaidó, con la velocidad necesaria para no precipitar la precaria situación diplomática o la tensión social interna. El objetivo seguirá siendo ir desgastando la moral opositora y disminuir la capacidad de convocatoria de Guaidó».