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Merkel y Erdogan inician el deshielo pese a insalvables diferencias políticas

Mientras el turco busca dinamizar su economía, la canciller pide la libertad de los periodistas germanos.

  • Tras años de tensiones entre los dos países, Erdogan visitó Alemania para tratar de pasar página y buscar la reconcialiación
    Tras años de tensiones entre los dos países, Erdogan visitó Alemania para tratar de pasar página y buscar la reconcialiación

Tiempo de lectura 4 min.

29 de septiembre de 2018. 01:14h

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Rubén G. Del Barrio .  29/9/2018

Durante dos años y medio, el periodista Nedim Türfet estuvo sometido a un régimen de aislamiento en Turquía. Fue amenazado, golpeado y maltratado durante su interrogatorio. Türfet denunció el abuso de poder por parte de los funcionarios estatales. Su colega Ahmet Altan, antiguo redactor jefe del periódico «Taraf», fue condenado a cadena perpetua en febrero por pertenecer, según un juzgado turco, a una organización terrorista. Dos casos que «Der Spiegel» volvió a recordar ayer para, según esta revista, dejar claro que «de lo contrario, podría darse la impresión de que en Turquía ahora todo no sería tan malo».

No fue el único. La mayoría de medios alemanes unieron fuerzas para no disipar la luz de advertencia ante un país que, como destacó la prensa, sigue coartando la democracia y el Estado de Derecho. Unos aspectos que enturbiaron la visita a Alemania del presidente turco Recep Tayyip Erdogan y en la que volvió a quedar patente que las diferencias entre ambos gobiernos refrescan aún más si cabe el incierto deshielo de las relaciones bilaterales.

No obstante, y en su encuentro con Angela Merkel, ambos líderes trataron de subrayar sus puntos de encuentro, sus intereses comunes y la conveniencia política y económica de estrechar lazos, tras meses de reproches y desencuentros públicos. «No se le escapa a nadie que en nuestras relaciones, especialmente en los últimos años, ha habido profundas diferencias que persisten en la actualidad. Tienen que ver con el Estado de derecho y la libertad de prensa», manifestó la canciller. Sin embargo, Merkel también indicó que ambos países tienen unas relaciones «muy estrechas», que los dos pertenecen a la OTAN y tienen «una serie de intereses comunes», desde la lucha contra el terrorismo internacional hasta la situación en Siria, pasando por la cuestión migratoria.

Erdogan, que justificó la represión política en su país tras el golpe de Estado, aseguró que es importante que se respete la «independencia de la Justicia» de cada país y reconoció que a él personalmente tampoco le gustan algunas sentencias, pero que se han de acatar. Por lo demás, el presidente turco se centró en la importancia de intensificar las relaciones comerciales y pidió una «cooperación bilateral bajo el principio del beneficio mutuo».

El viaje de Erdogan ha estado rodeado de críticas con varias manifestaciones en las calles de Berlín –algunas con miles de personas–, una ciudad tomada por la policía, y declaraciones públicas de periodistas turcos exiliados en la capital germana. No obstante, la prensa alemana destaca que el líder turco con su aparición en Berlín consiguió su objetivo más importante: presentarse en el escenario internacional como estadista.

El acercamiento de Erdogan no es la expresión de un cambio de sentimiento, sino un simple cálculo: con su distanciamiento con Estados Unidos, la economía turca está en crisis y Erdogan necesita simplemente nuevos amigos. El presidente busca inversiones en el sector energético y turistas alemanes para tratar de estabilizar su economía, así como conseguir el apoyo de Merkel para que en Bruselas se retome la renegociación de la unión aduanera. Por su parte, Berlín pretende frenar el acercamiento político y económico de Ankara a Moscú, lograr la liberación de varios alemanes encarcelados.

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