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Javier Santos, ocho pruebas de ADN para un hijo no reconocido

El posible noveno vástago de Julio Iglesias está a la espera de que el cantante acceda a someterse al test de paternidad; si no acepta, la defensa solicitará que todos sus hijos se lo hagan para conseguir así que Santos sea beneficiario de la herencia del artista.

  • Javier Santos, ocho pruebas de ADN para un hijo no reconocido

Tiempo de lectura 8 min.

23 de junio de 2018. 04:32h

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José de Santiago.  23/6/2018

El proceso de demanda de paternidad de Javier Santos contra quien considera su progenitor biológico, Julio Iglesias, llega a su etapa final. Esta misma semana nos enterábamos de que el personal de servicio del cantante en su finca de Ojén recogía, tras dos intentos fallidos, los documentos del juzgado en el que se le insta a que se haga las pruebas de ADN para verificar si es o no el padre de este hombre de 42 años. Su madre, María Edite Santos, asegura que Javier nació tras una esporádica relación que mantuvo en 1975 con el artista. «Estamos en la recta final del proceso –nos dice en exclusiva–, gracias a Dios, porque mi hijo lleva años luchando para que salga la verdad. Ya es hora de que esto termine».

–¿Cree que Iglesias se hará las pruebas de ADN?

–Sinceramente, no espero nada de ese señor. Me extrañaría que se las hiciera. Si viniera a España para ello, sería una sorpresa...

–¿Cómo está viviendo su hijo todo esto?

–Tranquilo, porque sabe que tiene la verdad a su favor y que dentro de poco ganará.

–¿Qué harán si Iglesias se niega a reconocer a Javier?

–Hemos hablado con nuestro abogado y estaríamos dispuestos a pedir que se sometan a las pruebas los hijos reconocidos por el cantante. Todos son hermanos de Javier, le guste o no. Y lo demuestra el test de ADN que tenemos en nuestro poder, que se presentó al juez y por lo que se reabrió el caso. Julio se niega ante lo evidente, pero no me preocupa porque la verdad es la que es y todo el mundo sabe que es el padre. Que se legitime es lo que más me importa. Y que no digan que Javi busca dinero, porque no es verdad. Es más importante que Julio dé su apellido a nuestro hijo.

–¿Le gustaría que los dos se conocieran en el futuro?

–Sí, por supuesto. Aunque parece algo complicado.

La defensa legal de Santos, encabezada por el abogado Fernando Osuna, confía en que el caso «se resuelva favorablemente lo antes posible». El letrado reconoce que, «dada la difícil situación económica de mi cliente, este caso me está costando dinero de mi bolsillo porque le estoy representando gratis hasta que recoja la parte de la herencia que dejará el señor Iglesias. Es evidente que hasta que no muera el padre no hay herencia, pero se incluya o no a Javier en el testamento, al demostrarse que es su hijo biológico –y tenemos las pruebas de que lo es–, y en cuanto lo declaren oficialmente, ya tendrá derecho a una parte de la misma, como mínimo, la correspondiente de lo que se llama la legítima, la tercera parte de los bienes compartida con el resto de los hermanos».

La inquietud del cantante

Por su parte, Javier Santos asegura que «no tengo un mero interés económico en mi “enfrentamiento” con Julio Iglesias». Sin embargo, una persona cercana a él nos desvela que «lo está pasando mal económicamente, montó un negocio con su mujer que no ha ido lo bien que esperaba y trabaja ocasionalmente de Dj. También intentó abrirse camino como cantante, pero no pudo ser». Esta misma persona nos desvela que «Javier intenta vivir con tranquilidad todo este proceso judicial, aunque es inevitable que tenga una cierta inquietud. Sin embargo, en el fondo está convencido de que todo le será favorable. Es cuestión de esperar». El «aspirante» a llevar el apellido Iglesias se ha puesto en manos del gran experto en este tipo de procesos, un abogado sevillano que ya ganó un caso tan mediático como el que enfrentó a Manuel Díaz contra Manuel Benítez. En su currículum profesional podemos encontrar hasta 400 procesos de esta índole, la mayoría con sentencias favorables a sus representados. Tras recoger los documentos citados, Iglesias tiene ahora un corto periodo de tiempo para responder afirmativa o negativamente a hacerse las pruebas. Osuna nos explica que «según actúe, obraremos en consecuencia. No es cierto, como se ha publicado en diversos medios, que el cantante deba someterse a las pruebas, como fecha límite, antes del 2 de agosto. Ahora esperamos que conteste a la demanda y, si se niega a hacérselas, estamos dispuestos a solicitar que se sometan a ellas todos sus hijos, tanto los que tuvo con Isabel Preysler como con Miranda».

En caso de que el resto de los hijos se negara, se entendería, según Osuna, que «podría acarrear una mala fe o una mala actuación y eso tiene su respuesta jurídica porque en el juzgado entenderán que están ocultando pruebas y no quieren dar la cara». Hace dos años, el letrado ya comentaba en LA RAZÓN que «en el 90 por ciento de los casos de demanda de paternidad que he defendido se demostró que mis clientes tenían razón». Los representantes legales del cantante no se han puesto en contacto con el bufete Osuna, porque lo ideal sería alcanzar un acuerdo antes de llegar a un juicio final que empañaría la imagen del artista. Y ya se sabe lo cuidadoso que es Julio con estas cosas.

La mala situación del presunto

La vida de Javier Santos (1976) transcurre en Valencia al lado de su esposa italiana y volcado profesionalmente como oficinista en una empresa de venta de automóviles de lujo y en hacer «bolos» como Dj. Su situación económica no es nada boyante, tal y como reconoce su propio abogado. Ni tampoco la de su madre, que se mantiene gracias a su jubilación.

A finales de 2017 tuvo que cerrar su pequeña tienda de venta de productos de nutrición, trabajo que compartía con su mujer. Tras varios años de relación se casaron hace uno en España, durante una ceremonia íntima a la que acudieron solamente familiares y amigos.

Presión mediática

Una persona cercana a la pareja nos cuenta que «Javier se agobió tanto con la presión mediática cuando se reabrió el caso contra Julio Iglesias que decidió abandonar un local que estaba “cercado por los paparazzi” a diario. Y encontró un puesto como administrativo en el sector del automovilismo de alta gama. Su esposa trabaja en otro lugar y su madre se trasladó a vivir a la localidad de Las Negras, en Andalucía, pero suelen visitarse siempre que pueden. De hecho, ahora mismo, María Edite se encuentra pasando unos días de vacaciones en Valencia viendo a su hijo y a su nuera».

Los únicos «lujos» de Javier son ir a la playa y practicar deportes acuáticos. Sobre todo, el surf. Igualmente, le gustan el tenis y el atletismo. Asimismo, se le ha visto interviniendo en carreras populares, como la celebrada en Alboraya en favor de la lucha contra el cáncer.

Su madre no le dijo que su padre biológico era Julio Iglesias hasta que cumplió los 15, lo que supuso un pequeño trauma para el muchacho, ya que estaba convencido de que era el marido entonces de María Edite, un cocinero que fue quien crió a Javier en un duro entorno del distrito marítimo valenciano situado entre los barrios de El Cabanyal y La Malvarrosa. El matrimonio acabó separándose. De hecho, sus íntimos se dirigen a él como «Julito», un apodo que lo dice todo.

Intentó probar suerte como cantante y llegó a sacar al mercado dos discos, «Soy como tú» (en clara referencia a Julio Iglesias), en 1995, y «Lucha y verás» (1999). En España logró escaso éxito y probó suerte en Miami, donde le presentaron a Julio José y a Enrique, dos de sus presuntos hermanos. Finalmente, resignado, abandonó definitivamente su faceta como solista.

Hoy reside en un sencillo piso, se mueve por la ciudad en una moto de pequeña cilindrada, igual que su pareja, y mantiene una magnífica relación con su familia italiana. Tiene un hermano, Pichi, un año menor que él, que triunfa como pintor en España y en otros países de Europa. De hecho, el 27 de este mes, sus cuadros colgarán en un desfile de la firma Bulgari en Roma.

Dicen de Javier Santos (utiliza el apellido materno) que es un hombre jovial, simpático, cariñoso con su gente, humilde y nada prepotente. Muy parecido a Julio Iglesias en sus gestos y en su voz, pero que no le gusta cantar los temas de tan mediático artista. Ni tan siquiera en reuniones con amigos. Este verano, seguramente, visitará a su familia materna portuguesa, con la que se lleva estupendamente. Allí le esperará también la propia María Edite, que suele visitar varias veces al año a los suyos en la tierra que le vio nacer.

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