Barcelona

Escocia o Gales

La Razón
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La búsqueda desesperada de una legalidad que ampare el proceso secesionista catalán está cayendo en la absoluta incoherencia o el disparate más puro y simple. Como por mucho Consell Executiu de la Generalitat que le echemos, en el reino de España no hay ley que legalice el despiece de éste, se recurre a la entelequia de una vaporosa legalidad europea o internacional que avalaría los ensueños nacionalistas de convocar una consulta. En consecuencia, vamos anhelantes para cazar por este mundo algún ejemplo más o menos equiparable al caso catalán en el que mirarnos.

Desde hace un tiempo, nos hemos emperrado en poner como ejemplo a Gran Bretaña de país dialogante con sus nacionalidades. Es divertido oír esto cuando el pobre Macià, por los años veinte, ponía como ejemplo para los catalanes la liberación de Irlanda, donde Inglaterra no se ha mostrado muy comprensiva y, sí, más bien represiva.

El caso del referendo de Escocia es fruto de la Constitución histórica del Reino Unido, pero ya el primer ministro inglés les ha enseñado a los escoceses la tarjeta amarilla de que saldrán de la Unión Europea y que sufrirán una grave crisis económica si se separan del Reino Unido.

Recientemente Mas, buscando abonos para su separatismo, ha querido fichar para su cruzada al primer ministro de Gales, Carwyn Jones, que ha dicho en Barcelona que para ser nación no necesitan estado propio. ¡Santas palabras! Justo al revés del estribillo del president. ¡Hasta el país de Gales nos da lecciones en cuanto a soberanista se refiere!