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La indiscreta terraza de Nazario

El café Ocaña expone medio centenar de fotografías de la plaza Real del genial artista

  • El café Ocaña expone medio centenar de fotografías de la plaza Real del genial artista
    El café Ocaña expone medio centenar de fotografías de la plaza Real del genial artista

Tiempo de lectura 2 min.

21 de junio de 2015. 14:39h

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Carlos Sala.  21/6/2015

En «La ventana indiscreta», un James Stewart sin pierna buena se distraía de sus miserias espiando a sus vecinos con el objetivo de su cámara. Todo iba bien, hasta que fotografiaba a Perry Mason asesinando a su mujer, lo que era muy sorprendente, porque Perry Mason no estaba casado. A partir de aquí, pues eso, que al parecer uno quiere cierta intimidad cuando mata a su esposa y Perry Mason intentaba matar a James Stewart por metomentodo. Al final, éste conseguía salvarse gracias al flash de su cámara, un asesino despiadado que ni los ninjas con sus nunchacos.

Nazario no es James Stewart, y sus dos piernas están bien, pero comparte cierta fascinación por la fotografía con el personaje de la película de Hitchcock y una inusitada pasión por inmortalizar lo que ocurre en la plaza debajo de su casa, nada más y nada menos que la plaza Real. ¿Qué no habrá pasado allí? Según las instantáneas de Nazario, que desde hace 40 años vive allí, de todo y más. «Tengo un zoom potente y un trípode para la cámara y estoy siempre pendiente de cuando oigo cualquier cosa para poder hacer la foto», señala el artista andaluz.

El café Ocaña, también en la plaza Real, como no, acoge ahora una selección de 50 fotografías que documentan uno de los lugares más extraños y bizarros de toda Barcelona y la fauna que lo habita, o que, estando de paso, la transita. Desde jóvenes sin camiseta haciendo contorsiones hasta indigentes dentro de la fuente del centro de la plaza, pasando por inmigrantes cargando con sus lonas llenas de bolsos falsos o una muñeza de goma sentada en un banco a punto de ser interrogada por un policía motorizado. Todo es posible en la plaza Real. «Hago un seguimiento intensivo de varios «clochars», también de una mujer alemana que era bailarina y de otros habituales del lugar. Es un espacio abigarrado, de vivencias, de gente que está aquí todo el día, que duerme por los alrededores, que piden tabaco a los turistas, etc», señala el genial artista.

Nazario llegó a Barcelona en los años 70 y pronto consiguió establecerse como una auténtica fuerza de la naturaleza dentro del «underground» barcelonés, ya fuera en arte, cómic o lo que hiciera falta. Gran activista de lo libertario, formó junto con Ocaña, Mariscal y otros muchos una nueva forma de entender y expresar la diferencia y desde las páginas de «El Víbora» convirtieron a Barcelona en la ciudad más canalla y moderna del mundo. Atrás quedan todas esas correrías, «el mariconeo de las Ramblas», como él lo llama, pero su imaginación e impetu estético permanecen. «Ahora la gente viene a hacerse “selfies”, no a descubrir lugares. El ayuntamiento ha permitido que la ciudad se vuelva incómoda con el turismo masivo. Al lado de mi casa hay pisos turísticos en los que cada día hay una fiesta», dice resignado sobre la invasión turística. Eso sí, el artista no es un nostálgico y asegura que piensa aprovechar el presente.

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