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La visión de la infancia de Peeping Tom

La compañía cierra su trilogía sobre la familia dentro del Grec con el montaje «Kind» en el TNC

  • Las atmósferas perturbadoras en las que se enmarcan las reflexiones lúcidas de Peeping Tom tomarán un TNC que ya ha colgado el cartel de entradas agotadas
    Las atmósferas perturbadoras en las que se enmarcan las reflexiones lúcidas de Peeping Tom tomarán un TNC que ya ha colgado el cartel de entradas agotadas /

    Oleg Degtiarov

Barcelona.

Tiempo de lectura 4 min.

10 de julio de 2019. 21:39h

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Carlos Sala.  Barcelona. 10/7/2019

El concepto de representatividad está atrofiado ya que impone una única imagen en la que someterse e identificarse. Un niño no necesita otros niños en una película para sentirse representado, principalmente porque su idea de identidad no tiene nada o poco que ver con la que sale representada, que han creado los adultos, o sea una imposición absurda de modelos arcanos que evidencian cómo la representetividad en la ficción sólo es una atrofia.

Pensar la infancia desde la época adulta sólo se puede hacer desde la más pura libertad de representación, pues cuanto más fiel creamos ser a la imagen del niño, más alejados estaremos siendo de la realidad física, psicológica e identitaria de estos niños. Los niños todavía no han conformado una imagen de si mismos, así que viven en esa indefinición y allí es donde juegan a ser adultos, indios, vaqueros y lo que haga falta. Por eso, un viejo gordo o una mujer de mediana edad que le queda pequeña la ropa será siempre una imagen más cercana a la infancia que un niño tipo Guillermo el travieso que tiene un gran corazón a pesar de sus múltiples trastadas. reducir la libertad del niño a ser lo que le de la gana precisamente en un niño que juega es poner grilletes a su única esencia real.

La compañía belga Peeping Tom cierra ahora su trilogía en torno a la familia con su propia reflexión sobre lo que es la infancia o lo que significa ser hija de alguien. La primera pieza de esta trilogía fue «Vader», dedicada a la figura del padre, y que se pudo ver en el Grec en 2014. El Mercat de les Flors acogió en 2017 «Moeder», la segunda parte centrada en esa ocasión en la madre. Y ahora cierran este tríptico con Kind», centrado en el papel de la hija en este duopólio. Del 11 y 12 de julio se presentará en el Teatre Nacional de Catalunya (TNC) dentro del festival Grec y la expectación para ver la conclusión de esta trilogía es máxima. Al menos, desde hace días ya no quedan entradas.

Fantasía y miedo

La compañía de danza teatro nos sumerge así entre la compleja y a veces oscura imagen de un niño, o sea en el centro de su imaginación, donde todo es puro en el sentido que funciona sin sintaxis, o sea, sin red. La alegría es más salvaje pero el miedo es más brutal. Por eso atacar a un niño a estas edades es más grave, no porque sean más indefensos, sino porque su incapacidad de participar en un relato lógico de su entorno convierte al miedo en monstruos. «Fantasía y miedo son dos temas que van unidos en ‘Kind’ porque no queremos sólo entretener, también nos gusta buscar el lado oscuro, lo que no se ve, y reflexionar sobre ello», reconoció ayer la codirectora del espectáculo Gabriela Carrizo.

De esta forma, construyen un siniestro bosque, lleno de sombras y peligros, donde la mezzosoprano Euridike De Beul, que interpreta a una niña sin disimular que no lo es, se pierde en busca de averiguar quién es en realidad, como si de la mismísima caperucita roja se tratase. Seis intérpretes y cuatro figurantes no profesionales participan en el montaje para hablar, entre otros temas, de la transmisión intergeneracional de los fantasmas familiares, es decir, de aquellos tabúes y secretos que hay dentro de las familias y que heredas quieras o no.

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