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Vall d'Hebron opera a niños con imanes para minimizar cirugías

El Servicio de Cirugía Pediátrica es pionera en el Estado en utilizar esta técnica, menos aparatosa que una pinza convencional, que permite reducir el número de incisiones y el dolor.

  • Alba muestra al doctor Carles Giné, jefe de la Unidad de Cirugía Digestiva y Torácica Pediátricas del Vall d'Hebron, su ombligo, por donde el cirujano extrajo con la técnica quirúrgica con imanes la vesícula biliar
    Alba muestra al doctor Carles Giné, jefe de la Unidad de Cirugía Digestiva y Torácica Pediátricas del Vall d'Hebron, su ombligo, por donde el cirujano extrajo con la técnica quirúrgica con imanes la vesícula biliar

Tiempo de lectura 2 min.

10 de noviembre de 2018. 04:29h

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Montse Espanyol .  10/11/2018

No hizo falta que bajara Urania, la musa de las ciencias, para que al doctor Guillermo Domínguez se le ocurriera una idea brillante. Simple, pero brillante. Inspirado en el juego infantil de mover figuras con imanes, este médico de Buenos Aires creó un instrumento quirúrgico que permite simplificar las cirugías y ahorrar incisiones al paciente. Se trata de dos piezas imantadas, una pinza de 10 milímetros que se introduce dentro del cuerpo del paciente y permite mover las vísceras con la ayuda de una ficha que se mueve desde el exterior en la dirección que el cirujano desea. El Hospital Vall d'Hebron es el primer centro español que utiliza esta técnica que el doctor Domínguez llamó «cirugía sin huella». Concretamente, los pioneros son los médicos del Servicio de Cirugía Digestiva y Torácica Pediátricas, que lidera el doctor Carles Giné.

Hace dos años que Giné y su equipo operan con este instrumental. «La gran ventaja de la cirugía con imanes es que permite mover y separar las vísceras de una forma más sencilla y menos invasiva», explica Giné. «Además con este método se reduce el número de incisiones, mediante una única incisión, que puede ser la misma por la que introducimos la cámara, colocamos la pinza que se manipula desde el exterior gracias a los imanes», precisa. «Por ejemplo, se puede hacer una biopsia pulmonar con una única incisión», dice. Para el equipo quirúrgico es más fácil operar porque no se necesita una segunda o tercera persona que maniobre con las pinzas. Y como hay menos incisiones, el dolor postoperatorio es menor y la recuperación más rápida.

Alba y su madre, Lucía, lo corroboran. Alba tuvo que tomar mucha medicación al nacer que le ayudó a recuperarse, pero le dejó de secuela unos cálculos en la vesícula. Con siete años, hacía vída normal y no tenía ningún problema físico, pero el doctor Giné le aconsejó quitar la vesícula biliar para evitar problemas de obstrucción en un futuro. Lucía admite que le daba respeto una operación, pero tiraron adelante. Y el doctor Giné intervino a Alba con esta técnica. No le dejó cicatriz, porque extrajo la vesícula a través del ombligo y la recuperación fue rápida. En dos días estaba en casa y en una semana hacía vida normal. «El único cambio es que cuando come cuatro churros, Alba se queja de dolor de barriga», explica su madre mientras acaricia el pelo de su hija y mira a agradecida al doctor Giné.

El único pero de esta técnica es que requiere de una incisión de 10 o 12 milímetros que es lo que mide la pinza imantada. Pero el Vall d'Hebron ya está trabajando para diseñar un instrumento más pequeño, de 5 milímetros para lograr cirugías menos agresivas. «Las posibilidades que se abren con esta técnica son inmensas», constató Giné.

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