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Una novedosa tecnología capaz de limpiar de CO₂ la atmósfera

Las tecnologías de captura directa de CO₂ están empezando a despegar como una más de las posibles soluciones al cambio climático. No solo permitirán retirar el CO₂ ya presente en la atmósfera y que provocan su calentamiento, sino también darle una segunda vida

Actualmente se absorben 10.000 toneladas de dióxido de carbono al año en plantas de captura directa del aire (DAC)
Actualmente se absorben 10.000 toneladas de dióxido de carbono al año en plantas de captura directa del aire (DAC) FOTO: Dreamstime

Imaginemos que se pudiera aspirar el aire de la atmósfera y atrapar el CO₂ que provoca el efecto invernadero. Retirar el dióxido de carbono de forma tan sencilla puede parecer un sueño. Sin embargo, hay tecnologías que permiten separarlo del resto de moléculas que componen el aire. Se trata de la captura directa de CO₂ de la atmósfera (DAC por sus siglas en inglés) y apareció por primera vez como idea a finales de los años 90. Lo que entonces podía parecer una elucubración propia de un intelecto como el de Julio Verne, hoy en día es una realidad. De hecho, existen, dice la Agencia Internacional de la Energía (AIE), 19 plantas piloto en Europa, EE. UU. y Canadá que utilizan esta tecnología. Y empresas como Microsoft o United Airlines ya están invirtiendo en DAC para compensar sus emisiones.

La captura directa del aire se ha convertido, gracias a la investigación, en uno de los posibles métodos a emplear para reducir la concentración de CO₂ de la atmósfera. A las diferentes metodologías para lograr absorber dióxido de carbono se las conoce como NET (tecnologías de emisiones negativas por sus siglas en inglés). Las hay basadas en la naturaleza e implican proteger, mejorar o restaurar los sumideros naturales (bosques, suelos y océanos) para que mantengan o incrementen su capacidad de absorber CO₂. También las hay que complementan la acción de la naturaleza con desarrollos industriales como las plantas DAC o la captura de CO₂ acoplada a plantas de bioenergía. Y es que como reiteran los expertos en Cambio Climático de la ONU (IPCC) en su sexto informe de evaluación del Cambio Climático (del que recientemente han publicado la tercera entrega sobre mitigación del cambio climático) si queremos llegar a un mundo con cero emisiones netas no solo será necesario reducir el volumen de CO₂ que liberamos a la atmósfera con nuestra actividad, sino que también habrá que compensar el que emiten ciertos procesos industriales difíciles de descarbonizar como, por ejemplo, la fabricación del cemento y del acero. Y, además, habría que retirar parte del que hemos emitido desde la revolución industrial.

La AIE ha calculado la cantidad de CO₂ que hay que extraer de la atmósfera y lo cifra en ocho gigatoneladas (Gt) al año para 2050. La mitad de esa cantidad pueden ser absorbidas de manera natural, pero para la otra mitad se necesitarán tecnologías como la captura directa del aire.

Pero ¿cómo se retira el CO₂ a través de DAC? Con los llamados contactores (algo así como grandes aspiradores), capaces de captar el aire y separar el CO₂. Todo un reto si se piensa que este gas se encuentra muy diluido en el aire, en una concentración aproximada de 400 partes por millón (ppm).

Tecnologías DAC
Tecnologías DAC FOTO: M. Roselló

A día de hoy se están probando varias opciones para atrapar el CO₂, por ejemplo, a través de sustancias absorbentes que pueden ser líquidas o sólidas, o a través de celdas electroquímicas. Sin embargo, el proceso en todas ellas es similar: en la primera etapa, el aire entra en contacto con el medio de captura o absorbente donde se separa el CO₂; en la segunda etapa, se produce la liberación del CO₂ retenido, y en la tercera, se regenera el adsorbente, de forma que este material se pueda volver a utilizar. “Estos sistemas permiten, separar el CO₂ que está en la atmósfera y utilizarlo posteriormente dándole un nuevo uso, o almacenarlo geológicamente de forma segura”, explica Jordi Pedrola, científico experto en Tecnología de Separación de CO₂ de Technology Lab, el centro de innovación de Repsol. En este centro se investigan las posibilidades de los nuevos usos que ofrece este gas. No hay que olvidar que el dióxido de carbono es muy versátil y puede emplearse en decenas de usos industriales. Por ejemplo, desde hace años se usa en bebidas carbonatadas como los refrescos de cola o para fabricar fertilizantes o refrigerantes. “Hay una serie de campos emergentes como la fabricación de nuevos tipos de hormigones, por ejemplo. En nuestro caso, apostamos por su uso para producir combustibles sintéticos o efuels para sectores como la aviación o el transporte marítimo, donde la electrificación o el uso de baterías no es solución en el medio plazo”, matiza Pedrola.

Actualmente las plantas DAC en funcionamiento en todo el mundo tienen capacidad para retirar 10.000 toneladas de CO₂ al año. La última que ha entrado en funcionamiento en 2021 se encuentra en Islandia y está capturando 4.000 toneladas anuales de este gas. Sin embargo, aún queda trabajo por hacer si se quiere alcanzar el objetivo de retirar ocho gigatoneladas en 2050.

Estas tecnologías presentan ventajas para su expansión por todo el mundo, por ejemplo, son poco intensivas en el uso del terreno y además las plantas se pueden instalar cerca del lugar donde se vaya a usar el CO₂, de manera que no haría falta transportarlo, lo que supone un ahorro. Sin embargo, aún tienen retos que superar como su todavía alto coste de abatimiento del CO₂. Dice la AIE que al ser una tecnología que aún no se ha demostrado a gran escala, el coste previsto de la captura directa del aire fluctúa desde los 94 a los 218 euros por tonelada.

Las DAC han conseguido en poco tiempo pasar de ser una utopía a una realidad tecnológica en desarrollo en todo el mundo, una solución más que se suma al catálogo de acciones para mitigar el cambio climático.

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