Los taxistas que velan por las mujeres

Pablo junto a otros compañeros se asegura de que sus clientas siempre entren en el portal para evitar que sean víctimas de agresiones. Ya llevan meses con esta iniciativa y han visto de todo: «Recogí a una chica a la que acababan de dar una paliza»

«En uno de mis servicios recogí a una mujer a la que le acababan de dar una paliza», asegura Pablo Radío a LA RAZÓN, taxista que pertenece a la Asociación Gremial de Auto-Taxi de Madrid, y que ejerce la profesión desde hace casi trece años, en la que ha tenido que vivir numerosas situaciones de violencia de género y malos tratos.

Pablo, al igual que otros compañeros del gremio, velan por la seguridad de las mujeres que viajan en sus vehículos, ya que cuando éstas se bajan del coche, los taxistas esperan a que entren en sus viviendas.

«Lo de esperarlas siempre se ha hecho. En mi caso, cuando recojo a una mujer me aseguro de que entre a su portal, sobre todo si es gente joven y mujeres mayores, porque son a las que considero un poco más vulnerables. Me quedo ahí y estoy pendiente de que lleguen a sus casas», explica Radío. Asimismo asegura que aunque haya veces que no comunica a las clientes que las va a esperar, siempre está pendiente de ellas. «Cuando acceden al portal, desde dentro se giran y me hacen gestos de agradecimiento. Conozco gente que desde que comenzaron a trabajar han esperado a las mujeres y algunos conductores que han empezado ahora», afirma Pablo.

A pesar de que esta iniciativa siempre ha estado muy presente en el mundo del taxi, actualmente se intenta que la sociedad vea el «lado humano de los conductores» como campaña y en los últimos años, la Federación Profesional del Taxi de Madrid (FPTM) ha hecho que este proyecto se acentúe aún más. El pasado mes de septiembre, este colectivo decidió que todos los vehículos pertenecientes a éste, llevaran pegatinas en las que se avisaran a los clientes de que los taxistas pueden esperar a que estos accedan al portal o donde se dirijan, simplemente indicándoselo.

Aunque, sostienen, siempre se ha velado por su seguridad, hubo un detonante que les llevó a intensificar esta vigilancia: la violación de una joven por la conocida como «Manada» de los Sanfermines. «Fue a partir de ese momento cuando los taxis se colocaron en las antenas de sus vehículos una cinta morada, para que las chicas que tuvieran cualquier tipo de problema como una agresión de cualquier tipo, supieran que se podían subir al coche sin coste alguno», comenta.

A pesar de que la iniciativa sea «costumbre y vaya a existir de por vida», hay en barrios en los que se hace especial hincapié. Son las zonas de Bravo Murillo, Lavapiés, La Dehesa de la Villa, Puente de Vallecas o en las calles de Arturo Soria, en las que Pablo espera a sus clientes hasta que entran en el ascensor o se apaga la luz del portal. «Estos barrios no es que sean lugares peligrosos, pero las chicas que suben a mi taxi me comentan que por allí siempre han tenido problemas. Aunque si esperamos, lo hacemos en todos lados, ya sea en Majadahonda o Pozuelo», asevera.

Durante los últimos años, Pablo ha tenido que vivir diferentes situaciones en su taxi. Lo más común son personas que entran llorando y le cuentan sus problemas. «Intentas mantenerte como un profesional, las apoyas y aconsejas. Cuando dicen que los taxistas somos medio psicólogos, es cierto, porque nosotros vivimos en la calle y conocemos de todo».

Aunque Pablo también ha tenido que vivir en el interior de su vehículo varias agresiones y casos de violencia de género. «Una noche estaba llevando a una pareja, cuando empezaron a pegarse dentro del taxi. En ese momento tuve que parar en seco y los eché fuera. Después de eso llamé a la Policía local», cuenta el taxista.

En otra ocasión Pablo se encontraba de servicio, eran las 04:00 de la mañana, pasaba por una parada de autobús cercana a la madrileña Plaza de Tirso de Molina y vio una pareja. Entonces observó al hombre levantando la mano y a la mujer tirada en el suelo. «Aquella vez lo vi tan injusto que me tuve que meter. Me bajé del taxi y fui a ayudarla por mi cuenta. Me puse en medio de los dos», relata. También cuenta que no tuvo problemas con el hombre debido a su complexión física, pero «si me quiere pegar que me pegue, porque yo estoy haciendo una labor que es importante». Cuando separó a ambos, le dijo a la mujer que se subiera en su taxi, que él la iba a llevar a la comisaría. «Durante todo el trayecto la mujer iba llorando, no dijo nada y yo la intenté tranquilizar diciéndole que allí la iban a atender perfectamente. Al llegar, los policías se hicieron cargo de este caso de malos tratos y yo me fuí».

Estas terribles situaciones no sólo las ha vivido Pablo Radío, sino que otros compañeros del gremio han pasado por casos similares. «Lo que yo digo a la gente es que confíen en el taxi, porque somos un transporte que se encuentra regulado y controlado. Tenemos dos placas identificativas, tanto la matrícula, como la licencia. Además, a los taxistas nos satisface que todos nuestros clientes lleguen a salvo a casa. Ésa es nuestra labor», asegura Pablo. «Al fin y al cabo somos personas que llevamos a personas, es el lema de los taxistas. Somos humanos y siempre estaremos ahí para ayudar a cualquiera que lo necesite».

Las agresiones sexuales han aumentado un 13%
En la Comunidad de Madrid en el tercer trimestre del año 2019 se registraron un total de 1.646 de delitos contra la libertad e indemnidad sexual, lo que supone un aumento del 13% con respecto al año anterior, en el que se produjeron 1.457 en el mismo periodo. Esta tendencia ascendente también se a reflejado a nivel nacional suponiendo un aumento del 11,2% en los primeros nueve meses del año. De enero a septiembre se pusieron en conocimiento de los agentes un total de 11.587 casos frente a los 10.416 que se denunciaron en el mismo periodo del año 2018. En concreto, las denuncias de agresiones sexuales con penetración experimentaron un ligero aumento del 8,1% con respecto al año anterior, en el que se denunciaron 1.304, 106 denuncias de violaciones menos que en 2019.