La imparable progresión de la economía madrileña

Madrid se ha convertido en la región más rica, ha sabido crecer y generar bienestar, y todo ello con una enorme vocación solidaria con el resto de regiones

Cuando en 1983 desgajaron la provincia de Madrid de la región de Castilla, muchos pensaron que de esa forma se debilitaba Madrid y se debilitaba Castilla. Además la nueva división territorial en comunidades autónomas que se estableció en el Título VIII de la Constitución Española y la descentralización de competencias en dichos entes territoriales hacían prever una pérdida de la influencia política, económica y social de Madrid.

Muchos creían que la Comunidad de Madrid, que por aquellos años era la cuarta región de España en PIB, vería perder gran parte de su potencial económico y con ello muchas empresas abandonarían la capital para irse a otras regiones más prósperas y abiertas. Sin embargo, el destino volvió a ser impredecible e hizo que esas previsiones catastrofistas no se cumplieran. Así, tras unos primeros años titubeantes y sin identidad, la Comunidad de Madrid adquirió a partir de mediados de los 90, con los gobiernos del Partido Popular, una marca propia basada en el desarrollo, la libertad y la apertura hacia el exterior.

Madrid volvía a reivindicarse como un territorio de todos, fueran madrileños o no y vinieran de donde vinieran. Madrid quería volver a ser, como diría Machado, el rompeolas de las Españas, en un papel que siempre le ha tocado jugar desde que en 1561 Felipe II fijara en Madrid la capital del imperio español.

Madrid, de este modo, se convirtió en un espacio donde los sueños de cualquiera podían hacerse realidad, donde se daban los elementos para emprender y donde todo el mundo podía progresar y mejorar su calidad de vida y bienestar. Y así fue como la Comunidad de Madrid, año tras año, fue creciendo, produciendo más, y aumentando su PIB y su renta per capita.

En 2018 la Comunidad de Madrid se situó por primera vez con un PIB de 230.794,8 millones de euros, dos décimas por encima del PIB de Cataluña, que alcanzaba los 228.682,1 millones de euros. La Comunidad de Madrid desbancaba así a la región que desde la industrialización de España siempre había sido la región más productora y generadora de riqueza de España, una región con un millón más de habitantes y una extensión cuatro veces superior a la de Madrid.

Hace unos días hemos vuelto a conocer los datos de la Contabilidad Regional que publica el Instituto Nacional de Estadística y la Comunidad de Madrid vuelve a liderar en 2019 el ranking de las regiones españolas con mayor Producto Interior Bruto (PIB) alcanzando los 239.878 millones de euros.

La economía madrileña supone el 19,3% del PIB nacional y supera por segundo año consecutivo el PIB de Cataluña, que es de 236.739 millones de euros, que supone el 19% del total de la economía española. La diferencia de tres décimas con Cataluña se incrementa con respecto a la de 2018, que era de dos décimas.

La Comunidad de Madrid ha sido, además, la segunda región que más ha incrementado su PIB en 2019 con un 2,5%, tan solo por detrás de Navarra que creció un 2,8%. Madrid también lidera los datos regionales de PIB per cápita, con 35.876 euros, superando en más de 9.400 euros la media española, que es de 26.438 euros y superando a las comunidades autónomas del País Vasco con 34.273 euros per cápita, Navarra con 32.692 euros per cápita y Cataluña con 31.110 euros.

Madrid ha tenido una progresión imparable, un crecimiento constante debido a sus políticas. Madrid se ha convertido así, en la región más rica de España, una región que ha sabido crecer y generar bienestar, y todo ello con una enorme vocación solidaria con el resto de regiones, porque Madrid es ante todo la fusión de las Españas.

Sin duda, el Covid-19, alterará completamente los datos de 2020 y todas las regiones españolas notarán los efectos de una pandemia que ha dinamitado a la economía española como a ninguna otra, según los datos y previsiones que manejan distintos organismos internacionales, como la OCDE o el FMI.

Vienen momentos duros y difíciles para la economía española y también para la madrileña. Son momentos en los que es necesario que se adopten medidas económicas de calado que reactiven nuestra economía y que desde el Gobierno de España se abandonen los dogmatismos y se priorice la reactivación de la economía.

España tiene que apostar por el modelo madrileño, que ha demostrado en estos últimos 25 años ser un modelo de éxito. Es necesario, por tanto, apostar por la libertad empresarial; fomentar el emprendimiento; defender la propiedad privada; tratar de hacer más competitiva nuestra economía; establecer una fiscalidad no confiscatoria que sea capaz de atraer inversión extranjera; dar seguridad jurídica a los empresarios; dar flexibilidad al mercado laboral; apostar por la digitalización, la I+D+i, la economía sostenible o la eficiencia energética; desregular y dar facilidades a la implantación de nuevas actividades; defender a los sectores productivos más sensibles; apostar por el diálogo social …

Madrid tiene claro que esas tienen que seguir siendo las políticas y que para ello es necesario diseñar un plan que piense en reactivar una economía que ha quedado muy maltrecha tras la pandemia.