Lavapiés, ante un confinamiento: «Sería la puntilla»

Los comerciantes hacen un llamamiento a los vecinos para que compren en locales de proximidad

El barrio de Lavapiés teme un confinamiento. A la espera de que la Comunidad de Madrid decida restringir nuevos distritos en la capital, sus 30.000 habitantes esperan noticias con preocupación. Una intranquilidad que no solo nace por motivos sanitarios; también por los efectos económicos que puede suponer un nuevo encierro. «La primera vez, los comercios de toda la vida pudieron sortear el bache, al tener sus locales en propiedad. Pero para muchos es complicado. Ya están facturando un 40%-50% de lo que facturaban antes. Si encima restringen la movilidad, será prácticamente el cierre», afirma a LA RAZÓN Mercedes Saracho, gerente de la Asociación de Comerciantes de Lavapiés.

«Ahora que empezábamos a recuperarnos, un confinamiento puede suponer el mazazo final», afirma por su parte María Esteban, farmacéutica del barrio y presidenta de la asociación. Es cierto que, desde su sector, «percibimos mucho covid, pero al igual que en otros barrios de Madrid». «Tenemos una densidad de población más alta con respecto a otras zonas. Negar que hay coronavirus sería absurdo. Pero tampoco tengo claro que confinar a la población, sin una atención primaria fuerte, resulte efectivo», añade la farmacéutica.

«Lavapiés suele acoger a un cliente que en un 30% de las ocasiones es turista. Eso se ha perdido este verano. De lunes a jueves, los comercios atienden a un cliente del barrio o al que tiene aquí su centro de trabajo. El resto de la semana, viene gente de fuera, sobre todo del sur», explica Saracho. Sin embargo, el verano no ha ido como se esperaba. No solo por la disminución de desplazamientos al barrio. «No ha habido ayuda para las terrazas y algunos vecinos estaban en contra de que se ocuparan las plazas de parking», lamenta.

Los vecinos son conscientes de que «se han hecho muchas cosas mal». Por ejemplo, algunos señalan un comedor social dentro del cual muchos usuarios no llevaban mascarilla. O una casa «okupada» donde la gente bailaba y cantaba sin ningún tipo de control. «Habría que haber vigilado todo eso, y no cargarse a más de 200 empresarios», comenta un vecino del barrio.

Tapapiés, a la espera

Bares y restaurantes están especialmente preocupados. Un hostelero de la zona se niega a hacer declaraciones, «cansado de que todos los medios pregunten solo por Lavapiés, cuando hay otras zonas de Madrid que están igual de fastidiadas». Desde la Asociación de Comerciantes explican cómo los locales «de toda la vida», aquellos a los que acuden a diario las personas mayores para tomar su desayuno o la merienda, pueden verse especialmente dañados, debido a que este colectivo vaya a pasar más tiempo en casa a partir de ahora. Otros ya implantaron plenamente el «take away» a raíz del estado de alarma de marzo y planean volverlo a poner en marcha a pleno rendimiento. Mientras, citas como Tapapiés, toda una fiesta de la «tapa» que supone un impulso muy poderoso para la zona, tendrán que esperar. Si bien se iba a celebrar en octubre, los hosteleros la plantearán para noviembre. En caso de que se produzca un confinamiento, ya están barajando la posibilidad de realizar concursos virtuales.

De ahí que los comerciantes, ante lo que pueda ocurrir, estén echando el resto para concienciar a los vecinos sobre la importancia de consumir en locales de proximidad. Además de idear todo tipo de iniciativas que puedan paliar los daños, «queremos hacer un llamamiento para que compren en estos comercios. Si para algo ha servido el confinamiento, ha sido para que la gente valore los comercios de barrio y los redescubra. La gente joven está más concienciada y es muy usuaria del comercio de cercanía. Desde luego, en precios competimos perfectamente. Y tenemos que dar trabajo a nuestros vecinos», concluyen.