La Quinta de Torre Arias, lista en la primavera de 2021

La histórica finca de San Blas, ahora en obras, incluirá dotaciones para los vecinos

No es el espacio más conocido por los madrileños, pero su valor es incalculable: 17 hectáreas de superficie, con jardines que acogen hasta 51 especies arbóreas, entre ellas una encina de más de 300 años. Desde el año 1600, la Quinta de Torre Arias, en el 551 de la calle Alcalá, pertenecía a la aristocracia madrileña. No fue hasta 1986 cuando su propietaria, Tatiana Pérez de Guzmán el Bueno, firmó junto a su marido un convenio mediante el cual donaba la finca al Ayuntamiento de Madrid. A su fallecimiento, la totalidad del ámbito pasó a ser de propiedad municipal.

Ahora, el Área de Obras y Equipamientos que dirige Paloma García Romero está ejecutando actuaciones de consolidación estructural, encaminadas a afianzar y devolver la estabilidad y la estructura de las construcciones. La inversión del Ayuntamiento rondará los 6,5 millones de euros, con una serie de trabajos que incluyen intervenciones en el palacio –incluida la torre del reloj–, las caballerizas, el lavadero de caballos, la «casita de jardineros», un aljibe y un depósito. Todo ello bajo el dictado de la Comisión Local de Patrimonio Histórico de Madrid.

En su visita ayer al complejo, el alcalde, José Luis Martínez-Almeida, avanzó que las obras estarán concluidas en la primavera de 2021, «configurando un espacio que será determinante en ese proceso de recuperación de la ciudad de Madrid en el que estamos trabajando». De hecho, la rehabilitación del espacio incluirá dotaciones y servicios necesarios para toda la ciudadanía, si bien la «decisión final» se hará «contando con la participación de los vecinos del distrito», ya que «les afecta especialmente y son quienes mejor conocen las necesidades existentes». En todo caso, lo que es seguro es que los vecinos podrán disfrutar «del edificio y de los maravillosos jardines».

Según informó Obras y Equipamientos antes de comenzar las obras, el edificio principal presentaba «un alto grado de deterioro en su estructura general», debido a los años «en los que ha permanecido en desuso y sin mantenimiento», con filtraciones que han provocado ataques de insectos xilófagos –por ejemplo, las termitas– y la «pudrición de muchos de sus elementos».

Hay que recordar que en estos trabajos se «conservarán siempre», o en su caso reproduciendo, los materiales y diseños preexistentes. Y es que, en julio de 2014, el Consistorio aprobó un Plan Especial que modificó el Plan General de Ordenación Urbana (PGOU) que tenía como objetivo la cesión de la finca para la construcción de la sede madrileña de la Universidad de Navarra. Dicho Plan Especial recogía la posibilidad de demoler parte de las construcciones históricas existentes. De ahí que se produjeran recursos contra el plan, por lo que el Tribunal Superior de Justicia de Madrid acordó suspenderlo. Ya en 2016, y debido a la presión vecinal del distrito de San Blas-Canillejas, el Ayuntamiento realizó una «apertura simbólica» de este entorno.