El centro de menores de Hortaleza, un polvorín durante el coronavirus

El alto grado de adicción de varios internos, especialmente a sustancias como el «karkubi», está provocando grandes dificultades a la hora de mantener el confinamiento. Muchos de ellos acaban autolesionándose

El Centro de Menores de Hortaleza acoge a alrededor de 30 residentesCipriano PastranoLa Razón

El Centro de Menores de Hortaleza y el Isabel Clara Eugenia, también en el mismo distrito, no pasan por un momento de saturación. Entre ambos acogen a 30 residentes. Una situación que ha venido obligada por la pandemia, debido a la reducción del tránsito de España a Marruecos, país de donde proceden una gran mayoría de los menores extranjeros no acompañados («menas»). Sin embargo, esta situación, «irreal» como apunta el sindicato de trabajadores CSIF, no está provocando que la convivencia en el Centro de Hortaleza pase por sus mejores momentos. Todo ello derivado, afirman, por un «déficit» de recursos que lleva tanto a los profesionales como a los internos a afrontar momentos de «subsistencia».

Según informan fuentes del sindicato a LA RAZÓN, el «problema básico» continúa siendo el «elevado consumo de drogas de los residentes y los problemas que genera esta situación: peleas entre ellos, robos, clima de agresividad, también hacia los trabajadores...». Señalan un alto número de menores que se autolesionan con frecuencia, con cuchillas y cristales, provocándose heridas en el antebrazo, en la zona del pecho... Cortes que en muchos casos han tenido que ser intervenidos por el equipo médico, por infecciones o suturas. Desde el sindicato señalan que se encuentran con estas situaciones «a diario», con jóvenes que presentan más de 30 heridas.

Una de las drogas más consumidas responde al nombre de «karkubi». Bautizada como la «droga de los pobres» y procedente de Marruecos, constituye una mezcla de ansiolíticos y hachís, a la que se le añaden sustancias como disolvente o pegamento. Si bien provoca alucinaciones, también fomenta la agresividad en el usuario. Al ser un centro abierto, los residentes no están teniendo problemas para introducirla, habitualmente en bolsas destinadas a la recogida de excrementos de perros. Así, los trabajadores suelen encontrar blísteres de Rivotril, uno de los medicamentos utilizados para este «karkubi» casero.

Desde CSIF indican que, aunque muchos de los menores que llegan al centro lo hacen sin tener adicciones, al final acaban arrastrados en una «espiral de consumo». En principio, cuentan con recursos para ser tratados. Es el caso de El Pinar, situado en la carretera de Colmenar Viejo, centro especializado en menores con problemas de conducta y adiciones. Con todo, si bien algunos se han derivado allí, acaban escapando.

CSIF lleva meses reclamando tanto a la Comunidad de Madrid como a la Fiscalía de Menores que articulen un protocolo para reducir el hacinamiento en Hortaleza, una institución que debería ser «de urgencia para recepción, evaluación y derivación a los recursos adecuados de los menores en situación de riesgo y desprotección». Consideran que la Fiscalía «sigue demorando esa evaluación», de forma que hay menores que llevan allí desde el pasado julio. Alguno de ellos incluso ya es mayores de edad. Se da la circunstancia de que varios internos comienzan a delinquir porque, al ser detenidos en varias ocasiones, la Fiscalía tramita más rápido su situación. «No existe ningún proyecto educativo en el centro, ni de orientación laboral ni de integración del inmigrante. Todo es improvisación», subrayan.

No hay que pasar por alto que Hortaleza no es un centro exclusivo para «menas»; también acoge a chicos españoles en situación de desprotección.

A esto se suma la situación de pandemia. CSIF considera que Hortaleza no reúne las condiciones para someter a los menores a una situación de confinamiento. «No es efectivo ni por cuestión de espacio ni por la la despreocupación de los chicos, que no se conciencian de la necesidad de hacerlo», afirman. De hecho, uno de los casos positivos registrados acabó fugándose del centro.

La conclusión es que no es un centro cualificado para tratar «diferentes situaciones de emergencia» como las que se están dando, sin apoyo de «personal especialista en situaciones de riesgo continuas» que, además, se quedan sin consecuencias. Una situación «injusta» en primer lugar para los propios menores en acogida o tutelados, que se encuentran en una situación de desprotección.

Robos y embarazos no deseados

Las heridas que presentan también son la consecuencia de las peleas entre los propios internos. En ocasiones, debido a robos entre ellos. Las puertas de las habitaciones no se cierran por cuestiones de seguridad; sin embargo, los residentes las bloquean con cepillos de dientes, cordones y somieres para evitar robos nocturnos. No hay que olvidar además que hablamos de un centro mixto, por lo que se han vivido situaciones de embarazos no deseados.