“Solo escuchábamos: “aguantad, aguantad” pero ya nos llovían piedras”

Un agente de la UIP explica qué falló en la intervención que dejó 35 policías heridos en Madrid en las protestas contra el encarcelamiento de Pablo Hasel

Policía agredido en los graves incidentes de la Puerta del Sol de Madrid.
Policía agredido en los graves incidentes de la Puerta del Sol de Madrid.SUSANA VERAREUTERS

«Es lo de siempre: nuestros jefes tienen que escuchar órdenes políticas y siempre intentan evitar la foto de un policía cargando así que el otro día, como siempre, solo escuchábamos por la emisora: aguantad, aguantad, aunque ya llovían pedradas». Un agente de la UIP explica qué ocurrió en los disturbios tras la manifestación de Pablo Hasel para que 35 agentes resultaran heridos. La concentración en la Puerta del Sol no estaba comunicada a la Delegación del Gobierno por lo que tenía que haber sido disuelta desde un inicio, según fuentes policiales. «La política manda y debía haber orden de dejarles protestar. No era gente especialmente violenta –habría 20 más radicales–, ni estaban organizados pero si cuando empezaron a lanzar cosas nos hubieran permitido actuar, Madrid lo tenías despejado en 15 minutos», explica. «Al final, si no dejas disolver, ellos se van envalentonando y agrandas el problema». El agente, como los compañeros de su grupo, creen que la estrategia de ahora suele ser «dejar que se cansen» pero los agentes, que llevan ya muchos años haciendo frente a este tipo de altercados, consideran que es un error.

“Hay que evitar lesiones pero también que a un vecino le quemen el coche”

De la misma opinión es Daniel García, otro agente destinado en la UIP de Moratalaz que además es el secretario nacional de esta unidad en el sindicato Jupol. «Evitan siempre las cargas aunque nos esté lloviendo de todo y ya no es solo que antepongan la salud de los compañeros: hay que evitar lesionados entre los manifestantes, por su puesto, pero también que a un vecino le quemen el coche, que a un comerciante le revienten la luna o que un vecino no pueda bajar a pasear al perro». García y sus compañeros muchas veces tienen la sensación de que los superiores «soportan mejor una baja médica de un compañero que una mala foto». Sin embargo, asegura que lo que el miércoles «salvó» de lesiones más graves a sus compañeros heridos fue que, afortunadamente, estaban los mandos a dos jefes muy bien considerados y que saben moverse muy bien. «Aquí también tenemos Messis y Cristianos Ronaldo y menos mal que el miércoles estuvieron ellos, eso nos ayudó mucho», advierte, a pesar de que siempre, por encima, éstos siempre van a tener a su vez a jefes políticos que no siempre deciden el devenir de una intervención atendiendo a criterios policiales.

“Ardió Barcelona y se sabía que iba a arder Madrid”

«Lo que no entendimos fue que, si ya sabían que esto iba a ocurrir porque no nos pusieron a trabajar a más grupos. Hubiéramos ido encantados y al final hubo compañeros doblando turnos sin necesidad. Ardió Barcelona y se sabía que iba a arder Madrid porque, además, veníamos de una manifestación hace unos quince días ya muy caliente en la plaza de Jacinto Benavente por lo de Pablo Hasel».

La actuación de los manifestantes, según el agente de la UIP, fue la habitual de esta gente: «contagio social, el individuo se vuelve parte de la masa». Y el otro día no fue un comportamiento distinto. «Siempre actúan en grupo: insultan, golpean... buscan que nosotros reaccionemos». Al comenzar los disturbios en una zona de obras en Sol tenían «proyectiles para aburrir», comenta García, por los adoquines que les lanzaron. «El motivo les da igual, el caso es sacar la rabia pero no sé qué piensan que puede pasar si le tiran un adoquín de tres kilos a la cabeza de una persona», en referencia al agente al que reventaron el caso y que se encuentra recuperándose. Hay unos 40 partes de baja solo en la UIP.