Ola de calor

Agua más bendita que nunca para plantar cara a Lucifer

Mensajeros de la Paz improvisa una campaña de reparto de botellas y acogida en la iglesia de San Antón para colectivos vulnerables

El padre Ángel, fundador de la ONG Mensajeros de la Paz, ha abierto a las personas que viven en la calle la parroquia de San Antón de Madrid para que descansen un rato al fresco del interior del templo y darles agua con la que paliar los efectos de calor
El padre Ángel, fundador de la ONG Mensajeros de la Paz, ha abierto a las personas que viven en la calle la parroquia de San Antón de Madrid para que descansen un rato al fresco del interior del templo y darles agua con la que paliar los efectos de calorAlberto R. RoldánLa Razón

Un cura combatiendo cara a cara contra Lucifer. Sin exorcismos de por medio ni batallas místicas. Solo con miles de litros de agua enfundados en palés. Agua más bendita que nunca. El padre Ángel García, contra la mayor oleada de calor de la historia de Madrid, desde su particular oasis que es la iglesia de San Antón. Emergencia obliga. Si hay a alguien que no le cuesta levantar un teléfono para pedir, es al presidente y fundador de Mensajeros de la Paz. Entre otras cosas, porque no exige nada para él, sino para los últimos. Esa burocracia que a veces come a las instituciones, la sortea por la vía de la urgencia.

Por eso, no dudó hace menos de 48 horas en llamar a Mahou y Coca-Cola para pedirles que le donaran cientos de botellas para salir al paso de los «sin techo» y demás colectivos vulnerables que encuentran refugio en su templo convertido en «hospital de campaña» al estilo Francisco. «La respuesta fue inmediata», expresa satisfecho el sacerdote mientras entrega un refrigerio a uno de los vecinos.

«La iniciativa ha corrido como la pólvora. De repente, han empezado a llegar mensajeros de Glovo con encargos de particulares que han hecho que los supermercados nos hicieran llegar agua», añade agradecido sobre su particular cruzada: «Esta semana un vaso de agua es tanto o más imprescindible que un bocata. Es verdad que Lucifer se está poniendo las botas, pero le estamos atacando con el mejor arma que tenemos y le vamos a enfriar».

El padre Ángel dio un paso al frente desde el momento en que fue consciente de que los termómetros se mantendrían por encima de los 40 grados en la capital durante todo el puente de la Asunción. «Cuando llega una ola de frío como Filomena, todos nos acordamos de aquellos que están pasándolo mal en la calle y buscamos la manera de hacerles llegar mantas y café caliente para sobrellevar la noche, pero no tenemos esa misma conciencia frente al calor», deja caer. Y es que, a pesar de que la ciudad está medio vacía durante estos días, «los pobres no se han ido ni se van a ir de vacaciones», lamenta.

Para Juan Carlos García, uno de los voluntarios que este fin de semana permanece de guardia en San Antón, acondicionar el templo para este nuevo contexto ha sido un regalo. «La pandemia nos obligó a evitar las pernoctaciones y limitar la presencia, por lo que invitarles a venir a pasar el día con algo de fresquito ha sido como reabrir nuestra particular misión», comenta este madrileño que hace cinco años se topó por casualidad con este proyecto eclesial situado en la calle Hortaleza y le enganchó hasta hoy. «Estoy viviendo auténticos momentos de reencuentro con personas sin hogar que siempre han sentido que somos su familia y me lo están repitiendo de nuevo: “Volvemos a casa””, comenta sobre aquellos que llegan exhaustos y prácticamente desfallecidos después de andar durante horas para refugiarse de un sol castigador y una sombra igualmente letal.

Haber estado al pie del cañón de la solidaridad durante toda la pandemia, le ha hecho constatar al padre Ángel que, lejos de pensar que las colas del hambre han desaparecido, más bien se han ocultado o se han dejado de visibilizar. «La situación de crisis se está cronificando, está dejando en la cuneta a mucha más gente de la que imaginamos. Es terrible que haya gente que ha comprado un ventilador o un aparato de aire acondicionado y no lo pueda encender porque no puede pagar el recibo de la luz», denuncia el presbítero sobre el incremento constante del precio de la electricidad en estos últimos días. De ahí que, con grifo de fuente refrigerante en mano, haga un llamamiento a la clase política para que dé rienda suelta «a la imaginación para poder resolver esto, tiene que haber alguna manera de abaratar un bien de primera necesidad».

La parroquia de San Antón de Madrid ofrece agua para paliar los efectos de calor
La parroquia de San Antón de Madrid ofrece agua para paliar los efectos de calorAlberto R. RoldánLa Razón

Pero su petición no queda ahí. De la misma manera que logró que las puertas del Congreso de los Diputados se abrieran en Nochebuena para ofrecer una cena digna a los olvidados, sueña con que también se acelere la capacidad de reacción de las administraciones públicas ante emergencias como esta. «Los centros comerciales se han convertido en refugio de aquellos que tienen casas de papel donde tanto el frío como el calor se cuelan por los ladrillos y las grietas. Siento que también hay muchos espacios municipales, regionales y estatales que podrían haber abierto sus puertas para quien no tiene una casa o vive en situación de precariedad», propone. En este sentido, también reclama ese compromiso a la propia Iglesia: «Tenemos catedrales y templos espectaculares que precisamente por su edificación son especialmente frescos y, en contextos como este, podrían estar disponibles siempre para acoger a quien lo necesite, cuando las temperaturas sean extremas, sea invierno o verano».

Y como suele ser habitual en el sacerdote, su mirada trasciende fronteras y en estos momentos de asfixia no puede evitar acordarse de quienes a miles de kilómetros viven una coyuntura aún más compleja. «Nos quejamos del calor, pero seguimos ignorando a quienes no salen de una para meterse en otra. Pienso en Haití y ese terremoto que ha vuelto a castigar a un pueblo que vive permanentemente sufriendo», señala el padre Ángel, que a través de Mensajeros de la Paz, apoya a unas religiosas que regentan un centro social: «Si todo se había complicado con el asesinato del presidente, ahora el país más pobre de América se enfrenta a una catástrofe como a la de hace diez años». Otro Lucifer.

A la entrada de la iglesia hay una fuente de agua refrigerante
A la entrada de la iglesia hay una fuente de agua refrigeranteAlberto R. RoldánLa Razón

Un refugio y trampolín para salir de la calle

Willy Zeba siempre ha visto el vaso medio lleno. Incluso cuando llegó hace más de treinta años procedente de Congo, con una mano delante y otra detrás. Por eso, es uno de los colaboradores incansables de Mensajeros de la Paz y no podía faltar echando una mano en esta campaña. «A todos los que vienen por aquí les digo que esta iglesia es un trampolín para saltar, para salir de la calle», expone, convencido de que «el mejor regalo que Dios me ha dado es poder hacer algo por los demás». Y lo dice con botella en mano, para entregársela a un par de niños que llegan sedientos con sus padres. «Aunque aparentemente no tengas nada, siempre tienes algo para dar al otro», apostilla.