Cuando la construcción de la Gran Vía obligó a derruir más de 300 casas y comerse 50 calles

Un referente para el comercio y la diversión además de ser sinónimo del Madrid más cosmopolita

Imagen de la construcción de la Gran Vía
Imagen de la construcción de la Gran VíaEfe

Decir Gran Vía es decir Madrid. Compras, cine, musicales... La calle más conocida de la capital mantiene su reinado en un momento en el que -nuevas tecnologías manda-, resulta difícil competir contra otros polos comerciales en la ciudad y la región, más allá del crecimiento constante de las plataformas digitales de comercio electrónico o las de entretenimiento. Históricamente ha recibido muchos otros nombres, como Avenida de Rusia o Avenida de los obuses. O la Avenida de José Antonio, tras la Guerra Civil, y por la que fue mentada durante años.

Vista de Callao desde Plaza de España, cuando se construía el último tramo de la Gran Vía
Vista de Callao desde Plaza de España, cuando se construía el último tramo de la Gran Vía FOTO: Efe

La historia de la Gran Vía, como toda magna obra, tardó en arrancar. Los primeros bocetos datan de 1862, época en que se reformó parte del centro histórico madrileño, pero el diseño final no llegó hasta 1899, cuando los arquitectos José López Salaberry y Francisco Octavio Palacios presentaron el proyecto. La construcción de la Gran Vía duró varias décadas, las obras comenzaron finalmente en 1910 y terminaron en 1929. Bueno, eso del final es a grandes pinceladas arquitectónicas, pues la gran calle sigue incorporando nuevos edificios o cambios en la gestión del tráfico y las comunicaciones. Pero sí, digamos que fue en 1910 cuando el Rey Alfonso XIII daba el primer golpe de piqueta a uno de los 327 edificios que habrían de derribarse para la construcción de una gran avenida que no estaría totalmente finalizada hasta 1952 en sus construcciones más relevantes. “Joyas” constructivas como Metrópolis, Telefónica, Capitol, Palacio de la Prensa, o el Carrión, con su famoso luminoso de Schweppes.

Y una salvedad. La que hoy en día nos parece una sola calle no siempre fue así en su denominación. A cualquiera que la recorra se le antojan tres espacios bien diferenciados. Y así fueron nombrados en consecuencia por aquellos madrileños de hace cien años. Lo cierto es que cada una tenía una anchura diferente, correspondiente a una etapa distinta de su construcción. La primera, la calle de Conde Peñalver, era la que transcurre desde Alcalá hasta la Red de San Luis. La segunda, levantada más tarde entre la Red de San Luis y Callao, se llamó avenida de Pi y Margall (presidente de la I República). La última, y más reciente, es la que llega hasta plaza de España, y recibió el nombre de Eduardo Dato. Así permanecerían hasta el estallido de la Guerra Civil, que acabaría unificando el triplete bajo la figura del fundador de la Falange: avenida de José Antonio. Sería su nombre oficial hasta 1981, año en el que se le dio el nombre definitivo de Gran Vía, tal y como la habían empezado a llamar los madrileños.

Imágenes de Gran Vía desde el Circulo de Bellas Artes. Edificio Metropoli.
Imágenes de Gran Vía desde el Circulo de Bellas Artes. Edificio Metropoli. FOTO: Jesús G. Feria La Razon

Y es que Gran Vía ha sido una de las obras más trascendentes de España, ya que hubo que demoler más de 300 casas y afectó a casi 50 calles. Gracias a la Gran Vía se consiguió una mejor comunicación entre el centro de Madrid (Calle Alcalá) y el noroeste de la ciudad (Plaza de España).

El área afectada por las obras sería de 142 647,03 m², que incluían 358 fincas y 48 calles, construyéndose 32 manzanas nuevas. Según los datos conservados, se demolieron 312 casas, se nivelaron 44 lotes de terreno, se desenlosaron 8856 metros de aceras y se deshicieron 26 365 m² de empedrado y adoquinado y se quitaron 14 335 metros de cañerías de agua y de gas y 274 farolas. Para ello se transportaron y nivelaron 61799 metros cúbicos de escombros y 31997 de terraplenes. Posteriormente se enlosaron 18777 m² de acera, se adoquinaron con granito 35 616 m² y se asfaltaron 11373 m²; se construyeron 2502 metros de alcantarillas y se canalizaron 1315 metros para acometidas de agua, gas y electricidad, así como 7024 metros de tubo de plomo. También se instalaron 174 bocas de incendio y tomas de agua, 219 farolas a gas y 66 lámparas con candelabros. Unas cuentas que parecen las del Gran Capitán... pero con otro fin sin duda.

Entre los edificios relevantes que la piqueta derribó estuvieron el colegio de Nuestra Señora de la Presentación (conocido popularmente como «de las niñas de Leganés»), el palacio Masserano, el palacio de la duquesa de Sevillano o la llamada, por su estrechez, «Casa del Ataúd», en la esquina con Alcalá.

Palacio de la Duquesa de Sevillano
Palacio de la Duquesa de Sevillano FOTO: Efe

En sustitución de las derribadas, se crearon seis nuevas manzanas, sobreviviendo solo el Oratorio del Caballero de Gracia, cuyo ábside, al quedar al descubierto al ser derruida la casa que lo tapaba, es hoy en día visible desde la Gran Vía. Una transformación urbanística capitalina que cambió los usos y costumbres de la población y se convirtió también en centro de ocio y diversión de toda la ciudad, además de referente nacional e internacional.